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Leopoldo López: preso sin nombre, celda sin número

Los dibujos de López son la única expresión de su «chupamiento» a cargo de una presunta izquierda del Socialismo del Siglo XXI.

  • Los dibujos de Leopoldo López corresponden a sus años en la prisión militar de Ramo Verde como los pájaros que observan la naturaleza, estáticos sin alzar el vuelo.
    Los dibujos de Leopoldo López corresponden a sus años en la prisión militar de Ramo Verde como los pájaros que observan la naturaleza, estáticos sin alzar el vuelo.

Tiempo de lectura 4 min.

18 de febrero de 2019. 02:07h

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Martin Prieto.  18/2/2019

Estos dibujos silenciosos de Leopoldo López, primero encarcelado sin causa y posteriormente enjaulado en su domicilio a la discreción de un autócrata retrotraen la memoria a la figura más internacionalmente conocida del periodista argentino Jacobo Timerman (judío ucraniano), chupado (desaparecido), por la dictadura militar más aberrante del Cono Sur, y autor de «Preso sin nombre, celda sin número». Gran periodista y fundador de revistas y diarios influyentes, entre ellos «La Razón» (Argentina) y «La Opinión», firmando diariamente en el primero la columna Balcárce 50 (la dirección postal de la Casa Rosada) por la que fue considerado protagonista de la vida política rioplatense. Recién parida la primera Junta Militar fue secuestrado de su casa a las tres de la madrugada por la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), a las órdenes del Gobernador militar de la provincia bonaerense, Ramón Camps, por mal nombre «El carnicero de Buenos Aires», que lo convirtió durante tres años en su preso-perro personal, sujeto de toda arbitrariedad y aberración. Los lobbies judíos y la presión internacional consiguieron su liberación en 1.980, exiliándose en Israel y Estados Unidos regresando a Argentina tras el fallecimiento de Camps por cáncer; «pobre cáncer» escribieron en su necrológica. Timerman nunca quiso hablarme de las torturas recibidas más allá de lo somero expuesto en su libro, condición extensible a supliciados que entrevisté como el general uruguayo Líber Seregni o un librero criollo al que faltaba media lengua por habérsela mordido en una sesión de picana, o corriente alterna, en sus gónadas. La desaparición, y lo que conlleva quedar aislado en el espacio, no se puede narrar.

Leopoldo López: preso sin nombre, celda sin número

Gracias a su esposa Lilian Tintori, diplomada en comunicación política y gran deportista como nadadora, y a su infatigable activismo internacional, sabemos que uno de los líderes de la democracia venezolana está vivo y en arresto domiciliario hasta que quien le condenó, el visionario Nicolás Maduro, le pete, ya que se ha convertido, incluso a día de hoy, en otro preso sin nombre con celda sin número. Resulta injusto, pero por encima de los venezolanos asesinados acaban emergiendo los vivos como Leopoldo López librados por el escándalo exterior de la desaparición tan grata a los espadones sudamericanos y al socialismo del siglo XXI o chavismo. López, economista por Harvard, pertenece a una de las familias más influyentes de Venezuela y, políticamente, podría identificársele a la europea como un democratacristiano aplicado a la justicia social y los derechos del hombre.

Leopoldo López: preso sin nombre, celda sin número

Su única gestión pública fue como alcalde de Chacao, reelegido dos veces hasta que integrante o dirigente de varias formaciones políticas como Voluntad Popular o Justicia Primero se convirtió en debelador de Hugo Chávez, junto a Henrique Capriles en paralelo. Primero llegó su inhabilitación para cargo público por corrupción en la captación de fondos, lo que fue rechazado por represalia por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, la Unión Europea, la Corte Interamericana y Amnistía Internacional entre otros varios organismos supranacionales.

Su hija mayor, Manuela, de 9 años
- Su hija mayor, Manuela, de 9 años

En las manifestaciones que convocó en febrero de 2014 la represión chavista provocó 43 muertos y un tendal de heridos, sucesos por los que López fue condenado a 13 años, 9 meses, 7 días y 12 horas de prisión. Primor de sentencia. Cumplió dos años de penitenciaría en los que siendo católico practicante se le negó la misa o la visita de un sacerdote. Se puede estimar con algo más de presunción que Maduro le ha permitido vivir por la presión diplomática y el activismo internacional de su esposa. En 2017 pasó a arresto domiciliario por razones de salud, sin diagnóstico, y hasta sus dibujos de ahora, única expresión de este enésimo chupamiento a cargo de una presunta izquierda del socialismo del siglo XXI.

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