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Londres se prepara para la «guerra del Brexit»

El Gobierno británico publica una guía para advertir a sus ciudadanos de las posibles consecuencias de una salida de la UE sin acuerdo. Los pensionistas que viven en territorio europeo podrían perder sus pensiones y las transacciones bancarias serán más caras

  • El ministro para la salida británica del bloque comunitario, Dominic Raab, comparece ante los medios de comunicación en Londres/Foto: Efe
    El ministro para la salida británica del bloque comunitario, Dominic Raab, comparece ante los medios de comunicación en Londres/Foto: Efe
Londres.

Tiempo de lectura 4 min.

24 de agosto de 2018. 05:52h

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Cristina Belda Font.  Londres. 23/8/2018

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El escenario de un Brexit sin acuerdo ya no se ve ni tan remoto ni tan descabellado. Es posible. La prueba son las 25 primeras notas técnicas explicativas en caso de un divorcio abrupto entre Bruselas y Londres publicadas ayer por el Gobierno británico. Abarcan desde la energía nuclear hasta las becas Erasmus, pasando por las transferencias financieras o el sector de la agricultura. Forman parte de un total de 84 documentos que conforman una guía «sensata y proporcionada» para empresas y ciudadanos, tal y como señalan desde Westminster. Insisten, sin embargo, en que no es lo deseado y tampoco lo esperado para ninguna de las partes, pero, como en toda negociación, conviene «estar preparados para el peor escenario posible».

Las 148 páginas, entre numerosos detalles técnicos, revelan por ejemplo que los ciudadanos británicos residentes en el extranjero podrían perder el acceso a sus cuentas bancarias inglesas. Esto repercutirá de forma directa en el cobro de las pensiones y salarios. Por otro lado, los pagos con tarjetas de crédito serán más lentos y tendrán mayores comisiones para los consumidores británicos que compren productos de la Unión Europea.

A su vez alerta a las compañías de que sin un acuerdo, «la libre circulación de mercancías cesaría». Las empresas deberían también completar las declaraciones de aduanas para los bienes que introducen en el Reino Unido desde la UE, y tener en cuenta «la contratación de los servicios de un agente de aduanas, un agente de carga o un proveedor logístico para ayudarles».

La mayoría de los puntos fueron desglosados por el ministro para el Brexit, Dominic Raab, con semblante sereno, en tono casi aséptico, evitando cualquier atisbo de alarmismo. «No, no existe la posibilidad de que haya escasez de alimentos y tampoco sacaremos el Ejército a las calles, esas afirmaciones son ridículas», se apresuró a desmentir una vez más ante los periodistas.

Uno de los temas que más expectación causa es el de las medicinas. En este sentido, el documento adelanta que se prevé que Reino Unido siga importando medicamentos que hayan sido testados en la UE. En relación a este punto, el secretario de Sanidad, Matt Hancock, ha publicado además una carta abierta explicando que «en el improbable caso de que no haya acuerdo en marzo, las compañías farmacéuticas deben asegurarse de contar con un suministro adicional de seis semanas de medicamentos en Reino Unido».

Los proveedores del NHS, el sistema sanitario británico, que representa a los servicios de ambulancias y hospitales, ya han advertido esta semana en una carta filtrada a la BBC de que una falta de entendimiento podría socavar «toda la cadena de suministro de productos farmacéuticos» en el país. Otro de los cambios en el ámbito sanitario, éste con menos peso, es que las advertencias de los paquetes de cigarrillos tendrán que diseñarse de nuevo, ya que son parte de la Unión Europea.

Raab ha querido dejar claro que en cualquiera de los casos no iniciará una guerra comercial con Bruselas, su principal socio comercial. Actualmente el 45% de las exportaciones del país van a parar a los miembros del club comunitario. También ha instado a las empresas a que «tomen nota y preparen sus propios planes de contingencia». El resto de los documentos irán viendo la luz en las próximas semanas –no se han especificado nuevas fechas– hasta completarse en septiembre.

El mayor obstáculo para el trato no es la falta de voluntad, es el tiempo. Ésta es la clave del asunto. El periodo de dos años tras activar el Artículo 50 del Tratado de Lisboa vence el 29 de marzo. A menos que haya una extensión, para entonces se espera que Reino Unido haya salido del club de los 27 de forma ordenada y con un periodo de transición. Sin embargo, al ritmo de las negociaciones actuales, despejar incógnitas tales como la frontera de Irlanda del Norte o los acuerdos comerciales con tan poco margen no parece sencillo. Por eso, ambas partes han decretado que las negaciones se van a agilizar: «Vamos a trabajar de forma continuada y esperamos un acuerdo para octubre o principios de noviembre», indicaba el pasado martes Michel Garnier, negociador de la Unión Europea para el Brexit en una rueda de prensa conjunta con su interlocutor.

Raab también han indicado que se van a destinar nuevos fondos y que se contratará a 7.000 nuevos profesionales para acelerar la salida. Y si las agujas del reloj no entienden de piedad, tampoco lo hace el ala euroescéptica del partido «tory», los fanáticos del Brexit duro, el otro gran quebradero de cabeza para Theresa May y su sector moderado. Llevan semanas clamando que el no acuerdo sería una victoria para su país y que se está sometiendo a la opinión pública a la «campaña del miedo».

Así lo indicaba el parlamentario conservador Jacob Rees-Mogg, quien también añade que «a lo único que no es lanza un “no deal” es a la Organización Mundial del Comercio y no hay nada que temerle a eso». Medias verdades y una retórica de desprestigio a la gestión de Theresa May cada vez más agresiva, que se prevé se intensificará, más si cabe, en septiembre, cuando se den por terminadas las «vacaciones» y todos vuelvan a sus filas.

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