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Emotivo adiós a Kohl en Estrasburgo

Bill Clinton, los Reyes Eméritos y los líderes de la UE homenajean al canciller de la reunificación. González: «Luchó por una Alemania europea y no por una Europa alemana»

  • El hemiciclo de Estrasburgo en pie alrededor del féretro de Helmut Kohl, ayer
    El hemiciclo de Estrasburgo en pie alrededor del féretro de Helmut Kohl, ayer
Bruselas.

Tiempo de lectura 4 min.

02 de julio de 2017. 04:07h

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Bruselas. 1/7/2017

La ciudad francesa de Estrasburgo, sede principal de la Eurocámara, vivió ayer su primer funeral de Estado. El adiós a Helmut Kohl, artífice de la reunificación alemana y pieza clave del proyecto europeo, se convirtió en un homenaje a una figura que aglutinó a personalidades políticas de ayer y de hoy, que también sirvió como reflexión de lo que la Unión Europea ha sido, es y quiere seguir siendo. «Lo más importante en la vida es lo que dejamos a nuestros hijos», aseguró el ex presidente de EE UU Bill Clinton tras recordar que «tarde o temprano todos ocuparemos un ataúd».

Con una liturgia propia de la solemnidad de las grandes ocasiones, el féretro con los restos mortales del canciller fallecido el 16 de junio ocupó el centro del hemiciclo cubierto con la bandera europea y transportado por ocho miembros del Wachbataillon del Bündeswehr mientras sonaba la marcha fúnebre de Händel. Los representantes de las tres instituciones europeas (Parlamento, Comisión y Consejo) fueron los primeros en loar la figura de canciller que gobernó Alemania desde 1982 a 1998 y que cambió su país y Europa para siempre. Como el legado que Kohl ha dejado a 500 millones de europeos, la unificación de Alemania tras la caída del Muro de Berlín y la creación del euro como ancla de estabilidad para un continente desangrado por dos guerras mundiales y dividido en la posguerra por el comunismo.

Ante un proyecto europeo en constante reflexión sobre sí mismo, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, definió a Kohl como un «patriota alemán y europeo» y un «gigante de la posguerra». El primer ministro ruso, Dimitri Medvedev, alabó su capacidad visionaria al calificarle como «el arquitecto del mundo como lo conocemos».

Dentro de esta arquitectura, Kohl no sólo fue el artífice de engrasar el motor franco-alemán, sino también de mirar hacia el sur y defender las sucesivas ampliaciones bajo su mandato. Como amigo personal y aliado político, el ex presidente Felipe González recordó en su discurso la frase que, a su juicio, resume su legado: «Una Alemania europea y nunca más una Europa alemana».

Entre las anécdotas más entrañables, Clinton recordó el gran apetito de Kohl –él único líder en superar el suyo según su propia confesión– y una testarudez y altura de miras para «crear un mundo sin dominadores, donde la cooperación podría arrojar mejores resultados que el conflicto».

Entre los asistentes al acto, nadie o casi nadie quiso faltar a la cita. Por parte española, los Reyes Eméritos Don Juan Carlos y Doña Sofía; el ministro de Exteriores Alfonso Dastis y el ex presidente José María Aznar. Entre los líderes del pasado y del futuro, la primera ministra británica, Theresa May, tres ex presidentes de la Comisión Europea (Jacques Santer, Romano Prodi y José Manuel Durao Barroso), cinco ex presidentes de la Eurocámara (Martin Schulz, Hans Pottering, Hänsch, Nicoles Fontaine, Jerzy Buzek) y ex mandatarios europeos como Nicolas Sarkozy, Berlusconi, Mario Monti, Aníbal Cavaco Silva o Paavo Lipponen.

Como punto final de la ceremonia y antes de que el féretro del ex canciller partiera para ser enterrado en Alemania, las palabras del presidente de la República francesa, Emmanuel Macron, y la canciller germana en un momento en el que la tradicional entente franco-alemana intenta superar diferencias y volver a mirarse en el espejo del homenajeado y de François Mitterrand como símbolo de una época dorada.

Macron, como nueva esperanza europea, se refirió al fallecido «como interlocutor clave, un aliado vital, un incansable creador de puentes... pero para Francia, por encima de todo, era un amigo». Precisamente como puente entre viejas y nuevas generaciones representadas en el joven presidente de la República, Macron recordó que «para los de mi edad, Kohl es arte y parte de la historia de Europa. Sin esa experiencia vital no estaríamos aquí, no podríamos estar haciendo lo que estamos haciendo».

Como colofón al acto y antes de que sonara el Himno de la Alegría para despedir al canciller interpretado por la orquesta filarmónica de Estrasburgo, Merkel tomó la palabra para alabar a su antecesor y mentor político, del que formó parte de su Gabinete y con el que, como ella misma reconoció, mantuvo algunas «discrepancias». La canciller recordó que el fallecido perteneció a esa generación que «vivió las noches de terror y bombas» en plena victoria del nazismo y que supo entender la necesidad de luchar para que en Europa nunca más hubiera guerras». «Ahora nos toca a nosotros mantener su legado», resumió Merkel antes de enfrentarse el próximo mes de septiembre al que puede ser el inicio de su cuarto mandato consecutivo, en tiempos especialmente convulsos para el sueño de integración europeo auspiciado por el desaparecido Kohl.

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