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Maduro se aferra al poder y los militares aplauden

Defiende su legitimidad y carga contra el imperialismo al renovar su mandato hasta el año 2025.

  • Salvador Sánchez (El Salvador), Evo Morales (Bolivia), Maduro y Miguel Díaz-Canel (Cuba) posan ayer junto a un retrato de Simón Bolívar
    Salvador Sánchez (El Salvador), Evo Morales (Bolivia), Maduro y Miguel Díaz-Canel (Cuba) posan ayer junto a un retrato de Simón Bolívar

Tiempo de lectura 4 min.

11 de enero de 2019. 13:52h

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Víctor Amaya.  11/1/2019

«Soy un presidente demócrata de verdad». La frase la repitió Nicolás Maduro tres veces durante el discurso de una hora y 15 minutos que dio en la sede del Tribunal Supremo de Justicia a propósito de su toma de posesión para estar al frente del Poder Ejecutivo hasta 2025. El presidente del juzgado explicó que el Poder Legislativo, que controla la oposición y donde debía ocurrir el evento, está «en desacato» y por lo tanto anulados sus poderes.

Maduro relató eventos políticos ocurridos en Venezuela hasta ayer, recordando especialmente las elecciones de 2018 en la cuales resultó vencedor. Aquellos comicios fueron desconocidos por la Asamblea Nacional, por los candidatos opositores que compitieron, por la Unión Europea, por Estados Unidos y por el Grupo de Lima, que agrupa a catorce países del continente.

«Venezuela es el centro de una guerra mundial del imperialismo y sus gobiernos satélites. Han querido convertir esta toma de posesión protocolaria en una guerra mundial contra nuestro país. Como locos andan los gobiernos satélites del imperialismo inventando, presionando, gritando. Allá ellos con su desesperación, su nerviosismo y su locura», insistió el gobernante bolivariano. Frente a él, apenas cuatro mandatarios participaban como invitados especiales: Evo Morales, de Bolivia; Salvador Sánchez, de El Salvador: Daniel Ortega, de Nicaragua; y Miguel Díaz-Canel, de Cuba.

Los «presidentes» de las no reconocidas repúblicas de Osetia del Sur y de Abjasia también fueron recibidos con honores de Estado, siendo dos territorios reconocidos como repúblicas soberanas por Venezuela, Rusia, Siria, Nicaragua y Nauru. Una treintena de otros países envió representantes diplomáticos de alto o medio nivel, incluyendo Rusia, China y Turquía.

«He cumplido. Está certificado mi juramento. Tengo los símbolos sobre mi cuerpo. La banda presidencial con el tricolor», también dijo Maduro saludando con particular detalle al Alto Mando Militar venezolano y a los comandantes de los distintos componentes que conforman la Fuerza Armada Nacional. Los uniformados, junto al ministro de Defensa, aplaudieron el juramento y el discurso.

Durante sus intervención, Maduro aseguró que «el imperialismo» ha dividido a América Latina, amenazando los logros de integración del subcontinente. Por eso propuso una cumbre especial de naciones «para revisarnos desde adentro, debatir francamente y llegar a acuerdos que nos permitan superar este clima de intolerancia que daña nuestro continente y el sueño de los libertadores».

Mientras el dictador pronunciaba tales cosas, Paraguay anunciaba la ruptura de relaciones con Venezuela; Perú confirmaba las sanciones a más de cien funcionarios venezolanos e impedimentos financieros entre ambos países; Colombia, Estados Unidos y Argentina confirmaban su rechazo al juramento a Maduro y en la Organización de Estados Americanos 19 países votaban a favor de no reconocer la legitimidad de un segundo mandato.

Maduro admitió que «Venezuela tiene enemigos muy poderosos, pero el peor de todos los enemigos es el burocratismo y la corrupción». No es la primera vez que lo dice el líder bolivariano. Lo hizo cuando asumió su primer mandato en 2013, pero la cantidad de ministerios no disminuyó.

El presidente venezolano afirmó además que «los inversionistas están viniendo de Estados Unidos y de América Latina y el Caribe, de Colombia, a producir petróleo, gas, alimentos». Pero la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Celac) registra que Venezuela solo ha captado el 1% de las inversiones directas que ha recibido América del Sur, debido a la inseguridad jurídica y a la inestabilidad política del país.

Al terminar Maduro su juramento, la directiva de la Asamblea Nacional reiteró su deslegitimación. «Por primera vez desde 1958 Venezuela tiene un Gobierno de facto que no fue electo por el voto, sino que secuestró el Estado para beneficio propio», lamentó el presidente del parlamento, Juan Guaidó.

Durante su intervención, hizo un llamamiento a la Fuerza Armada Nacional «para que dé un paso al frente», pues «hoy [por ayer] no hay jefe de Estado, no hay comandante en jefe de las Fuerzas Armadas». Llamó a los cuarteles a restaurar la plena vigencia del Estado de derecho. Guaidó declaró al Poder Legislativo en emergencia y llamó a la sociedad a buscar «la aplicación efectiva de esta Constitución», admitiendo que «no solo depende de la Asamblea Nacional».

Fuera del Tribunal Supremo de Justicia, donde Maduro tomó juramento, las calles fueron tomadas por los organismos de seguridad. En Caracas no se vieron los grupos de choque paramilitares que desde el lunes circularon por las calles armados y encapuchados manifestando su apoyo al régimen de Maduro.

Tampoco hubo protestas opositoras en la capital. El Frente Amplio, que agrupa a los sectores que se enfrentan al oficialismo, no convocó a las calles para evitar agresiones de la fuerza pública. En otras regiones sí hubo movilizaciones, y donde se produjeron protestas llegó la represión. Ocurrió, por ejemplo, en el occidental Estado de Lara, donde la Guardia Nacional empleó gases lacrimógenos y perdigones para dispersar a los opositores.

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