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Irregularidades y colegios vacíos en la «farsa» de Maduro

Los chavistas instalaron junto a los centros de votación carpas para controlar quién acudía a votar. También «acompañaron» a miles de venezolanos hasta depositar la papeleta en la urna

  • El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, vota hoy en su centro electoral, en el oeste de Caracas, en unos comicios donde buscará la reelección/ Efe
    El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, vota hoy en su centro electoral, en el oeste de Caracas, en unos comicios donde buscará la reelección/ Efe

Tiempo de lectura 4 min.

21 de mayo de 2018. 05:47h

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Ángel Sastre 20/5/2018

Con el tradicional toque de diana que entonan los motorizados chavistas para despertar a los votantes comenzó la jornada. Sin embargo, la campaña para las elecciones presidenciales de ayer no logró atraer a los miles de venezolanos que están más abrumados por conseguir comida y medicinas que por votar. Cundió sobre todo la desmotivación, porque para muchos estas elecciones se han convertido en la prueba de que en Venezuela no se respeta la democracia. Se ha inhabilitado a los principales candidatos para allanar el camino al presidente Nicolás Maduro. Se han cambiado las reglas de juego para poder ganar. El mandatario controla todos los poderes: el Consejo Nacional Electoral, el Supremo y la Asamblea Nacional mientras el Ejército blinda toda la estrategia.

En el colegio León de Caracas había pintadas de Hugo Chávez. Apenas se veían carteles del candidato Nicolás Maduro, quien ha vuelto a capitalizar la imagen del comandante durante la campaña. «Poco me importa lo que pase con las elecciones porque mi única prioridad es cuánto me va rendir esto», afirmaba Vaceliza Villa, una desempleada de 47 años, mientras sostenía una bolsa con pollo en la fila para votar. «Yo he venido por el carné de la patria para retirar la caja de comida subsidiada».

En la mayoría de los colegios visitados por LA RAZÓN no se vio excesiva afluencia y en algunos centros había retrasos porque no llegaban los encargados de las mesas. Por ejemplo, el liceo Andrés Bello de Caracas, el centro electoral más grande del país, amaneció vacío ayer. Y el centro de votación más importante del Estado de Mérida lucía desolado. Eduardo Fernández, dirigente del partido político Copei, confirmaba que no había mucha presencia, pero dijo esperar que «se fuera animando por la tarde».

El candidato Henry Falcón –un ex militar y disidente del oficialismo de 56 años– denunció que había puntos rojos donde los chavistas inducían al elector a votar a Maduro tras fotocopiar el carné de la patria, que da derecho a alimentos subsidiados. Asimismo denunció más de 350 violaciones a la norma electoral por parte del gobernante Partido Socialista Unido (PSUV).

La presidenta del Poder Electoral venezolano, Tibisay Lucena, aseguró que las denuncias sobre las violaciones no son «nada» en comparación a otros procesos. «Hemos recibido denuncias de distinta naturaleza, nada en comparación con otros procesos electorales, mas bien nuestra evaluación es que ha discurrido con gran tranquilidad», salía al paso.

Maduro, de 55 años, que se considera heredero político del fallecido presidente Hugo Chávez, salió en defensa del Consejo Nacional Electoral, controlado por el oficialismo, asegurando que es el «más completo y perfecto» del mundo. Pese a la indiferencia del electorado, el líder chavista aseguró que obtendría un récord de 10 millones de votos –casi dos millones más de los que consiguió Chávez en el apogeo de su poder– y que nunca reconocerá la victoria de un candidato opositor.

Aunque ayer no hubo protestas, estaba previsto que el Frente Amplio Venezuela Libre se congregara en las iglesias del país para orar por Venezuela y rechazar el fraude electoral. Por otro lado, algunas encuestadoras locales estimaban que la abstención podría rondar entre un 40% y un 50% y superar en más del doble la que se registró en los comicios de 2013 que Maduro ganó por un estrecho margen a Henrique Capriles. El mandatario venezolano busca por todos los medios que acuda la gente a las urnas para legitimar estas elecciones hechas a su medida.

«Nadie cree en nadie porque ahora lo único para lo que estamos los venezolanos es para sobrevivir», dijo Gilfredo Blanco, un comerciante de 39 años mientras caminaba por una calle de Petare. «Hay demasiada desesperanza», añadió. Muchos analistas creen que Henry Falcón, el segundo candidato mejor situado tras el líder chavista, no tiene posibilidades frente a la bien engrasada maquinaria del Gobierno que le garantizaría la reelección a Maduro para un segundo mandato de seis años. «Esta campaña ha sido una cosa artificial», expresó el consultor político Edgard Gutiérrez al reconocer que, a pesar de que los candidatos han desplegado una narrativa para seducir al electorado, «ha sido muy difícil porque las condiciones sociales de la Venezuela de hoy no dan para una campaña».

En sintonía, el director del Observatorio Electoral Venezolano, Ignacio Avalos, sostuvo que la crisis ha sido aprovechada por el Gobierno para imponer una «extorsión política» cancelando en plena campaña varios bonos de dinero y ofreciendo beneficios y bolsas de alimentos subsidiados a cambio de votos. Además, más de una veintena de países como Estados Unidos y los miembros de la Unión Europea han amenazado con endurecer las sanciones contra el Gobierno si realiza los comicios. Serán una elecciones sin final feliz.

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