Elecciones

¿Más socialismo o giro a la derecha?: Portugal decide su futuro a cara o cruz

Más de 10 millones de portugueses están llamados a las urnas para definir el nuevo ciclo político tras la dimisión de António Costa

Debate electoral entre el socialista Pedro Nuno Santos y el conservador Luis Montenegro
Debate electoral entre el socialista Pedro Nuno Santos y el conservador Luis MontenegroJOSE SENA GOULAOAgencia EFE

Los cálculos postelectorales de Marcelo Rebelo de Sousa se encargaron de agitar una jornada de reflexión por lo demás tranquila en Portugal. Al menos todo lo tranquila que puede ser la víspera de un cambio de ciclo político. Según el diario Expresso, el presidente de la República solo contempla un Gobierno formado por el partido que gane las elecciones legislativas de este domingo. Eso significa que el jefe de Estado no sacrificará al aspirante de la derecha, Luís Montenegro, para nombrar a otro candidato que sí esté dispuesto a aceptar un Gobierno con los ultras de Chega, una hipótesis ya planteada por su líder, André Ventura.

Montenegro, candidato de la coalición conservadora Alianza Democrática (AD), se ha comprometido a no pactar con la extrema derecha: «No es no». Un discurso que ha levantado suspicacias en el bloque de la izquierda, especialmente porque, pese a su insistencia, Montenegro no ha excluido la posibilidad de gobernar si Ventura le ofreciera su apoyo sin condiciones.

La posición de partida de Rebelo de Sousa ha sido interpretada desde las filas socialistas como una injerencia electoral. Consideran que el mensaje del jefe del Estado abona el discurso del voto útil que puede allanar el camino de Montenegro al palacio de São Bento.

Pero no hay nada decidido. Más allá de Montenegro y Ventura, en las papeletas figuran los nombres de otros seis candidatos: el secretario general del Partido Socialista (PS), Pedro Nuno Santos; el presidente de Iniciativa Liberal (IL), Rui Rocha; la coordinadora nacional del Bloque de Izquierda (BE), Mariana Mortágua; el secretario general del Partido Comunista (PCP), Paulo Raimundo; el líder de Livre, Rui Tavares; y la portavoz del animalista PAN, Inês Sousa Real. Solo dos aspiran a liderar el próximo Gobierno: Luís Montenegro y Pedro Nuno Santos.

Montenegro hizo una campaña solvente. Sobrevivió al maratón de debates electorales y concitó los apoyos de los pesos pesados de la derecha tradicional. Desfilaron por sus mítines ex primeros ministros, como José Manuel Durão Barroso, Pedro Santana Lopes y Pedro Passos Coelho; expresidentes de la República, como Aníbal Cavaco Silva; y antiguos líderes del Partido Social Demócrata (PSD, conservador), como Rui Rio y Manuela Ferreira Leite.

Pedro Nuno Santos, en cambio, se mostró más errático de lo esperado. No encontró el ritmo y arrastró el compromiso de permitir un Gobierno en minoría de la derecha en pos de la estabilidad del país y para cerrar el paso a Chega. El socialista cerró la campaña con una imagen de fortaleza en el barrio lisboeta de Chiado. Bajo la lluvia, acompañado del primer ministro saliente, António Costa, y arropado por una columna de militantes, Pedro Nuno Santos apeló a la épica para dar la sorpresa.

Las encuestas dibujan un escenario ajustado, pero con los de Montenegro siempre en cabeza. La última encuesta elaborada por el Centro de Estudios y Sondeos de Opinión (CESOP) de la Universidad Católica sitúa a AD con el 34% de los votos, por el 28% del PS. La unión de las izquierdas concede a Pedro Nuno Santos una ligera ventaja, siempre que Montenegro cumpla su palabra y no pacte con Chega. El líder de los socialistas ya tiene experiencia en tender puentes a la izquierda, no en vano saltó a la primera línea como el artífice de la «geringonça».

Lo más probable, sin embargo, es que ninguno de los bloques obtenga los votos suficientes para alcanzar la mayoría parlamentaria, fijada en 116 escaños. Un factor a tener en cuenta, y quizás el más determinante, es el abultado volumen de indecisos. El 20% del electorado todavía no ha decidido a quién votará y si finalmente se acercará a las urnas. Los portugueses votan cada vez menos. Lejos queda ya el 16% de abstención de 1976, un porcentaje hoy impensable.