Italia

Muere Silvio Berlusconi a los 86 años por una leucemia

El magnate y ex primer ministro italiano estuvo acompañado hasta el final por sus hijos y su actual pareja

El ex primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi, falleció este lunes a los 86 años en el Hospital San Raffaelle de Milán, donde fue ingresado la semana pasada a causa de la leucemia crónica que padecía. El también empresario y fundador de Mediaset estuvo rodeado en sus últimas horas por su actual pareja, la diputada de Forza Italia, Marta Fascina. El funeral se celebrará el miércoles en la catedral del Duomo de Milán. «Silvio Berlusconi fue sobre todo un luchador, un hombre que nunca tuvo miedo de defender sus convicciones y fue precisamente ese coraje y determinación lo que le convirtió en uno de los hombres más influyentes en la Historia de Italia», declaró la primera ministra Giorgia Meloni, que suspendió su agenda en señal de respeto.

El líder de Forza Italia regresó a la primera línea política el año pasado como parte de un gobierno de coalición junto a Hermanos de Italia y la Liga de Matteo Salvini, pero su delicada salud no le dio tregua, especialmente tras contraer el coronavirus en 2020. «Esta vez también me he librado», bromeó a su salida de la clínica. Desde entonces, había pasado por el hospital varias veces. La última, el pasado mes de abril, donde permaneció ingresado más de 40 días en cuidados intensivos.

El ex primer ministro italiano Romano Prodi, con quien el líder de Forza Italia se enfrentó en las urnas varias veces, recordó a Berlusconi como «un líder político que, en su largo e intenso compromiso público, ejerció una gran influencia en la vida de nuestro país. Nuestra rivalidad nunca trascendió en enemistad». En el mismo sentido se pronunció la actual líder del Partido Demócrata, Elly Schlein, quien reconoció que «se cierra una época». En marzo, el «Caimán», como le apodó Nani Moretti, intelectual italiano que se convirtió en azote del político, recordaba los 29 años de su primera victoria electoral con Forza Italia, el partido que fundó en 1993 y con el que dominó durante casi 30 años la escena política italiana. El país se encontraba sumido en una profunda crisis institucional.

El estallido en 1992 de un escándalo de corrupción y financiación ilegal enterró a los partidos tradicionales y abrió las puertas al magnate, entonces un exitoso empresario de los medios de comunicación. «Nos angustiaba el peligro de ver a Italia convertirse en un país comunista. Los politólogos decían que solo un nuevo partido habría podido evitar la victoria de la izquierda e indicaron a Silvio Berlusconi como el posible líder porque con el A.C. Milan [el equipo de fútbol que presidió durante casi 20 años] se había convertido en un símbolo de la victoria y con la televisión había cambiado a mejor la vida de los italianos», escribió «Il Cavaliere». La modestia nunca fue una de sus virtudes.

Hijo de un empleado de banca y una ama de casa, con apenas 25 años y recién Licenciado en Derecho, abrió su primera empresa: una constructora con la que edificó Milano 2, una ciudad residencial a las afueras de la ciudad, que fue toda una innovación. En 1976 creó «Tele Milano», que sería la primera piedra de Mediaset, un imperio mediático que le ayudó a lanzar su carrera política desde la pequeña pantalla con la fundación de Forza Italia, un partido conservador y liberal, que se reconocía en los populares europeos, pero que en realidad era una criatura política creada a imagen y semejanza de su líder, que nunca nombró un sucesor.

Junto a la Liga Norte de Umberto Bossi y los posfascistas de Alianza Nacional, el partido en el que militaba una jovencísima Giorgia Meloni, Forza Italia ganó las elecciones en marzo de 1994. Pero su primer mandato tuvo una vida breve: en diciembre de ese mismo año, Bossi le retiró su apoyo e hizo caer el Gobierno. En 1996 las urnas le dieron la espalda frente a la coalición progresista de Romano Prodi, pero cinco años más tarde Berlusconi se cobró su «vendetta».

Durante la campaña electoral y ante las cámaras de un histórico programa de la RAI, firmó el «contrato con los italianos», con el que se comprometió a cumplir sus promesas si llegaba al poder. Una curiosa estrategia de márketing electoral que se convirtió en marca de la casa y le llevó de nuevo a Palacio Chigi. Gracias a una holgada mayoría parlamentaria y contra todo pronóstico, Berlusconi logró terminar la legislatura. Una hazaña que ningún otro ha logrado repetir desde entonces. Cinco años después, sin embargo, no consiguió renovar su mandato y no fue hasta 2008 cuando «Il Cavaliere» «ganó las elecciones y comenzó su último y más complicado periodo al frente de Palacio Chigi.

En 2009 Verónica Lario, su segunda esposa y madre de tres de sus cinco hijos (Piersilvio, Marina, Bárbara, Eleonora y Luigi) le pidió el divorcio después de que asistiera a la fiesta de cumpleaños de una joven de 18 años. Sus escándalos judiciales y la presión de los mercados internacionales le obligaron a presentar su dimisión a finales de 2011, dejando al país al borde del rescate y con la prima de riesgo por encima de los 500 puntos. Dijo que a partir de entonces se dedicaría a «hacer de abuelo», pero el «nonno» de Italia no tardó en volver. En 2013 fue inhabilitado para ejercer cargos públicos y expulsado del Senado tras ser condenado por fraude fiscal. El magnate evitó ir a prisión debido a su avanzada edad y cumplió la condena realizando servicios sociales en una residencia de ancianos. Y en 2019, tras su rehabilitación política, consiguió un escaño en el Parlamento Europeo.

Ni los escándalos ni su eterno conflicto de intereses, que manejó con destreza, consiguieron jubilarlo. En enero de 2022 soñó con suceder a Sergio Mattarella como presidente de la República, pero no logró convencer ni siquiera a sus socios de la Liga y Hermanos de Italia, con quienes se presentó en una coalición de derechas que ganó las últimas elecciones. A pesar del varapalo a su partido, Berlusconi fue reelegido en el Senado con más del 50% de los votos en Monza, cerca de Milán, donde tiene su mansión y era propietario del equipo de fútbol. Sin embargo, su regreso a la primera fila política quedó empañado por la defensa a ultranza de su amigo, Vladimir Putin.