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Negligencia de estado o abandono colectivo

Notre Dame es propiedad estatal desde 1905. Pero no ha dejado de estar en el centro de la batalla entre la Iglesia y el Gobierno por su continuo deterioro. Religiosos y «curators» lamentan que haya tenido que ocurrir una tragedia para que Macron anuncie una rehabilitación profunda del templo.

  • El corazón de Francia calcinado. Así amaneció ayer el interior de la catedral de Notre Dame tras ser devorado por las llamas
    El corazón de Francia calcinado. Así amaneció ayer el interior de la catedral de Notre Dame tras ser devorado por las llamas
París.

Tiempo de lectura 4 min.

17 de abril de 2019. 02:56h

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Asunción Serena.  París. 17/4/2019

Emmanuel Macron ha prometido que Notre Dame de París recuperará su rostro, «más bella todavía», en sólo cinco años. El presidente de la República, que renunció el lunes al discurso prometido para responder a las expectativas generadas por la crisis de los chalecos amarillos, tomó anoche la palabra, casi por sorpresa, para dirigirse a los franceses heridos al ver el mayor símbolo de Francia sufrir bajo las llamas.

El presidente de la República gala ha captado ese sentimiento de unión que comparten los franceses estos días en torno a la catedral de París sufriendo bajo el efecto de las llamas, y recordó que a lo largo de la historia han sabido crear ciudades puertos e iglesias, muchos de los cuales han sido destruidos, pero han sabido levantarlos de nuevo.

Con unas palabras que sonaban a un eco a la crisis que atraviesa el país desde el pasado de noviembre y que ha zarandeado la acción del gobierno obligando al jefe del Estado y al Ejecutivo a replantear su línea de acción, Macron advirtió que ahora «hay que recuperar el hilo de nuestro destino nacional, un destino humano».

«Está muy bien toda esta emoción, pero yo quiero saber exactamente qué ha pasado, cómo ha podido arder Notre Dame». Quien habla con esta determinación es Henriette, una señora vecina de la Ile de la Cité, que va todos los días por la tarde a la catedral y que ayer, por segunda vez, no pudo entrar. No hablaba de Macron, al que todavía no había escuchado, pero sí del conjunto de políticos que han multiplicado las declaraciones teñidas de emoción.

Lo que pide Henriette es también lo que reclama Guillaume Kientz, antiguo conservador del Louvre y hoy curador del Museo de Arte Kimbell (Texas), al exigir en su cuenta twitter que «mañana habrá que explicar cómo un monumento semejante ha podido desaparecer con el fuego, rechazando que se llame fatalismo a lo que no puede ser otra cosa que negligencia, negligencia de Estado». Kientz no es el único profesional del arte que pone de relieve la responsabilidad de los actores públicos en este drama que quizás podría haberse evitado. Y es que el Estado es propietario de 87 catedrales, entre ellas Notre Dame de París, clasificadas como monumentos históricos. A él le corresponde, y concretamente al Ministerio de Cultura, financiar los trabajos de mantenimiento, reparación y restauración, tal y como establece la ley desde que a principios del siglo XX quedó decretada, el 9 de diciembre de 1905, la separación entre la Iglesia y el Estado. No obstante, la catedral ha protagonizado una batalla de años entre la Archidiócesis de París y el Gobierno por el deterioro del templo y la financiación de las labores de rehabilitación.

Las preguntas surgen escuchando a Vincent Neymon, portavoz de la conferencia de obispos de Francia, lamentándose de que «haya hecho falta que desaparezca el tejado de Notre-Dame para generar esta emoción y este ímpetu de generosidad», porque para realizar los trabajos de renovación de la catedral, que comenzaron en abril del año pasado, tuvieron que remover Roma con Santiago para encontrar los 150 millones de euros que costaban los trabajos de rehabilitación proyectados. Jean-Michel Leniaud, presidente del consejo científico del Instituto Nacional del Patrimonio, considera que el incendio que ha destrozado Notre Dame de París es en realidad consecuencia de un abandono colectivo. En una entrevista en La Croix, Leniaud se muestra «muy pesimista» sobre las elecciones que se hagan sobre el método a seguir para la reconstrucción de Notre Dame. Lo importante para él es que Francia no reconstruya como se ha hecho en otros sitios, es decir, «barato», como cuando se sustituye el armazón de un tejado de madera por otro de hormigón como se hizo en la catedral de Nantes, restaurando así «la apariencia» pero «sin recuperar jamás la poesía de lo antiguo». Pero duda de que Francia opte por esa «hazaña neomedieval» que realizó el Segundo Imperio a través de Violet le Duc al reconstruir en 1860 la aguja de Notre-Dame que había sido destruida poco antes de la Revolución porque estaba ruinosa.

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