Noruega empieza a expulsar a Rusia a miles de refugiados

Unos 5.000 solicitantes de asilo sirios llegaron al país nórdico en otoño tras atravesar en bicicleta la frontera

Dos asilados sirios miran el tablón de anuncios en el centro de refugiados de Naerboe (Noruega)
Dos asilados sirios miran el tablón de anuncios en el centro de refugiados de Naerboe (Noruega)

Unos 5.000 solicitantes de asilo sirios llegaron al país nórdico en otoño tras atravesar en bicicleta la frontera.

Desbordada como sus vecinos escandinavos por la avalancha de refugiados, Noruega inició el martes las expulsiones de desplazados sirios en cumplimiento de la restrictiva ley de asilo aprobada el pasado noviembre. Un primer grupo de 60 sirios fue enviado el martes de vuelta a Rusia en autobús desde el albergue de la ciudad fronteriza de Kirkenes, donde se alojaban desde el otoño. Oslo quiere sacar del país de esta manera a los 5.000 refugiados que atravesaron en bicicleta el pasado año la frontera ártica.

“¿Por qué a Rusia? Que nos respondan, por favor. ¿Por que nos envían a Rusia?”, preguntaba desamparada una madre siria a la televisión pública noruega. “No tenemos dinero ni ningún lugar a dónde ir. No hablamos ruso. En cuanto crucemos la frontera nadie nos va a ayudar”, se quejaba otro sirio del primer grupo de expulsados.

Los refugiados temen la situación que les espera en Rusia con temperatura de 30 grados bajo cero y escasa sensibilidad a los problemas de los desplazados, que serán confinados en un asilo de Vads. El pasado fin de semana, 30 asilados iniciaron una huelga de hambre en protesta con la decisión del Gobierno de derechas noruego, que cuenta con el respaldo de la oposición socialdemócrata.

Noruega, que no es miembro de la UE, pero sí de la zona Schengen, ha reformado su legislación para poder deportar a personas que lleguen desde un país considerado seguro y Rusia tiene esa clasificación, aunque la mayoría de los refugiados sean sirios que huyen de la violencia en su lugar de origen. Para ello, Oslo y Moscú han acordado que sólo serán trasladados a la frontera aquellos desplazados que dispongan de un visado ruso. Sylvi Listhaug, la ministra noruega de Inmigración e Integración, aseguró ayer ante el Parlamento que la drástica medida, criticada duramente por las ONG y la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), sólo afectará a aquellas persona que dispongan de un visado de larga duración para permanecer en Rusia. Según la ministra, “tendremos una de las políticas de asilo más duras de Europa, algo que es completamente necesario para que podamos dar la bienvenida e integrar a aquéllos que se instalen en nuestro país”.

Mientras, desde Finlandia, que comparte una extensa frontera con Rusia, arrecian las críticas contra las autoridades de Moscú por permitir la llegada de 20 refugiados al día a través del paso fronterizo de Salla (hasta 700 a lo largo de 2015). De ahí que el ministro del Interior, Petteri Orpo, anunciara ayer a la agencia de noticias STT que pedirá explicaciones al Kremlin. “Tengo entendido que nadie se mueve hacia adelante en la frontera con Rusia sin que las autoridades sean conscientes de ello. Estoy decepcionado”, reconoció Orpo.

La presencia de sendos partidos populista y antiinmigración en los Gobiernos de de Helsinki y Oslo explica en gran medida que ambos países escandinavos hayan decidido dar otra vuelta de tuerca a la política de acogida de refugiados. Una tendencia, con todo, común a la región. Suecia se ha visto obligada a frenar su tradicional política de puertas abiertas tras recibir más de 160.000 solicitudes de asilo el año pasado, mientras Dinamarca debate en el Parlamento una restrictiva ley de inmigración en la que se ha inspirado el Ejecutivo noruego. La limitación de los permisos de residencia permanente, las trabas a la reunificación familiar y la confiscación de los bienes a los refugiados constituyen las medidas más destacadas.