Política

Nueva Zelanda entierra su inocencia

Siete días después del doble atentado a las dos mezquitas de Christchurch, la ciudad y el país recomponen su moral vértebra a vértebra tras el arqueo propio de unas entrañas cargadas de tristeza, indignación e incomprensión.

Un familiar de una víctima abraza a un policía durante los entierros múltiples por las víctimas en Christchurch, ayer / Reuters
Un familiar de una víctima abraza a un policía durante los entierros múltiples por las víctimas en Christchurch, ayer / Reuters

Siete días después del doble atentado a las dos mezquitas de Christchurch, la ciudad y el país recomponen su moral vértebra a vértebra tras el arqueo propio de unas entrañas cargadas de tristeza, indignación e incomprensión.

La edad de la inocencia quedó atrás para Nueva Zelanda, que ha pasado de la adolescencia a la etapa adulta de manera abrupta y con más lágrimas de las deseadas. Siete días después del doble atentado a las dos mezquitas de Christchurch, la ciudad y el país recomponen su moral vértebra a vértebra tras el arqueo propio de unas entrañas cargadas de tristeza, indignación e incomprensión. Ayer, como hace una semana, se llevó a cabo la Yumu’ah, viernes de oración, y alrededor de 20.000 asistentes, según algunas estimaciones, velaron a las 50 víctimas mortales que fallecieron por el capricho de un presunto loco y supremacista confeso.

La llamada a la oración comenzó a la 13:30 hora local y estuvo acompañada de dos minutos de silencio en la explanada de Hagley Park, parque ubicado frente a la mezquita de Al Noor, en la que 42 feligreses perdieron la vida en el primer ataque. El mensaje de unidad fue inequívoco por parte del diverso maremágnum de personas que poblaron el espacio. Al frente, miles de musulmanes arrodillados, y tras ellos, otros ciudadanos neozelandeses que no profesan el islam, pero que comparten el mismo sentimiento de vacío. «Este terrorista buscó desgarrar nuestra nación con la ideología del mal. En cambio, le hemos enseñado que Nueva Zelanda es irrompible», afirmó el imán. «Tenemos el corazón quebrado, pero no estamos rotos. Estamos vivos. Estamos juntos. Estamos determinados a no permitir que nadie nos divida», agregó.

La primera ministra, Jacinda Ardern, estuvo presente durante la multitudinaria oración. De nuevo portó el velo en su cabeza y sus palabras reflejaron el mismo sentimiento de duelo y unidad con la comunidad musulmana que había mostrado durante la semana. «Nueva Zelanda llora con vosotros. Somos uno», afirmó a los congregados. Sin embargo, ese canto conciliador que ha engrandecido la figura de Ardern a nivel mundial ha encontrado una respuesta mucho más crítica con el acto de la Yumu’ah. Brian Tamaki, el líder de una organización Cristiana Pentecostal –la Iglesia del Destino– se mostró completamente contrario al rezo masivo. «Dos minutos de silencio son aceptables, pero ¿se va a escuchar el rezo islámico? Contiene la frase ‘no hay más Dios que Alá’ y yo no estoy de acuerdo», publicó en redes sociales. Ha permitido «que se diera por hecho el concepto de Alá como único Dios», le afeó a Ardern.