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Obiang: “Guinea se siente discriminada por España”

Al presidente ecuatoguineano no le gusta las injerencias, aunque sólo sean opinativas sobre el régimen político de su país. “Estamos construyendo una democracia en la que la aceptación de nuestros ciudadanos es lo más importante”

  • Teodoro Obiang Nguema
    Teodoro Obiang Nguema
Malabo.

Tiempo de lectura 8 min.

07 de abril de 2019. 09:21h

Comentada
Juan Delgado Malabo. 6/4/2019

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Al norte de la isla de Bioko, la antigua Fernando Poo, junto a la Catedral de Santa Isabel y la plaza donde se izó, por primera vez, el 12 de octubre de 1968 la bandera y se canto el himno de la nueva nación, Guinea Ecuatorial, colonia española hasta esa fecha, se encuentra el Palacio Presidencial. Entonces, su fachada no era de color salmón como hoy y el edificio era mucho más pequeño. Actualmente, el principal centro de mando de Teodoro Obiang Nguema ha ido extendiendo sus tentáculos hasta hacerse con una gran superficie en la que a las construcciones de inspiración colonial se han añadido otras acristaladas, más modernas. El interior está impoluto. El mármol brilla como un espejo. El encuentro no es el habitual cara a cara. El escenario es una amplia sala, en la que además del entrevistado y el entrevistador –dispuestos como si de un plató televisivo se tratara–, no solamente estan presentes un fotógrafo, un cámara de vídeo y su director de Comunicación. En esta ocasión, también hay público. Es el modo de proceder habitual. A la derecha del sillón estilo Luis XIV, el consejero de Protocolo va situando a varios ministros, al secretario general del Partido Demócrata de Guinea Ecuatorial (PDGE) y otros altos funcionarios. A la derecha, el equipo de prensa y varios colaboradores del presidente. Obiang llega rodeado de un séquito numeroso aunque mucho menor que el que le acompaña en sus giras anuales. Habla pausado. Nada más sentarse, le pregunta al periodista si era la primera vez que pisaba su país, así como la impresión que se llevaba. «Parece que el salto que ha dado tras la eclosión de los hidrocarburos es grande. Aunque creo que todavía tiene muchas asignaturas pendientes. Además, la crisis...», le responde. «Hay que tener paciencia para superarla», apostilla el presidente.

– Tras seis mesas de diálogo nacional de las que parecen que ustedes están muy satisfechos, en Europa se sigue pensando que la democracia en Guinea Ecuatorial es una realidad que está aún por llegar.

– Este sistema político se hace de acuerdo a la costumbre del pueblo. Estamos construyendo una democracia en la que la aceptación de nuestros ciudadanos es lo más importante. Trabajamos teniendo en cuenta la opinión del propio país. Los pareceres de Europa vienen de fuera. Es su problema si creen que no hemos llegado a un determinado nivel. La estamos edificando en base a criterios guineanos y africanos, que les son ajenos. Nuestra democracia hay que evaluarla a través del sentir del pueblo ecuatoguineano.

– ¿Cuáles son los avances democráticos que se han producido en los últimos tiempos en su país?

– Hemos tenido seis mesas de diálogo nacional para intentar sensibilizar a los grupos dispares que son los que se distancian de lo que está haciendo el Gobierno. Convocamos un diálogo para intentar acercarnos porque la política se basa sobre todo en el entendimiento. No tiene límite y, además, ha de ser constructivo. El Gobierno está constituido de acuerdo a la Constitución y sus instituciones funcionan correctamente.

– Pero, ¿ha habido o no acercamiento con los partidos, grupos y movimientos críticos con su régimen?

– Se dialoga para acercar las diferentes tendencias y opiniones y, así, llegar a un consenso entre todos que nos permita realizar una buena gestión del Estado.

– No son pocos los que le reprochan que la pena de muerte siga vigente en Guinea Ecuatorial.

– Evidentemente, es una circunstancia nueva. En el pasado se aplicaba, pero cuando hemos decidido seguir la tendencia actual de su abolición, lo primero que he dicho es que no quiero implicarme personalmente. Mi implicación ha sido la decretar la moratoria para que no se vuelva a ejecutar. Los jueces siguen todavía dictándola y el Gobierno asume su responsabilidad con el fin de conmutar esas penas y que no se mate a las personas. Hay un proceso en marcha. El proyecto de ley ya está en el Parlamento y la idea es que la norma responda a un criterio institucional porque, a veces, cuando se produce una situación dramática, el pueblo reclama la pena de muerte y para no tener que rechazar al presidente, debemos involucrar a todo el Estado. Éste es el proceso que estamos siguiendo para la erradicación total de la pena de muerte.

– Aunque todavía queda mucho, ¿se presentará a las próximas elecciones?

– No puedo hacerlo personalmente. Es responsabilidad de mi partido. Por tanto, si el Partido Democrático de Guinea Ecuatorial (PDGE ) se pronuncia a favor no diría nada, igual que tampoco si no me eligiese.

– Pero usted ha llegado a insinuar que no tiene intención de aspirar al que sería su último mandato al frente del Estado de acuerdo con la Constitución de 2011.

– Sí, he dicho que posiblemente renunciaría, pero tengo que esperar al pronunciamiento de la militancia, que es la mayoría del pueblo. No me gustaría decepcionarle.

– En Europa muchos piensan que a Obiang le sucederá otro Obiang.

– En la ley fundamental no figuran ni la palabra Obiang ni la palabra sucesión porque esto no es una monarquía. La sucesión se deriva de la elección popular.

– Pero sí podrían elegir a otro Obiang...

– Sí pero eso ya no es criterio individual, sino político de la nación. En el país hay mucha gente con ese apellido y, entonces, no se sabe qué Obiang va a suceder al presidente Obiang.

– ¿En qué consiste el Plan de Regeneración Democrática?

– Es un programa del Partido Democrático de Guinea Ecuatorial que apuesta por la regeneración, es decir, hemos de preparar a nuestros herederos, los jóvenes. Contamos con grupos de ellos muy activos.

– ¿Le preocupa cierta desafección de los jóvenes?

– No todo el mundo está de acuerdo con el PDGE, pero la mayoría de ellos están adheridos al partido. A mí no me preocupa la minoría.

– ¿De qué manera está luchando desde la Presidencia contra la corrupción?

– El Gobierno tiene un programa –el partido cuenta con otro también–, que incluye una comisión para combatirla. La constitución prevé, además, un órgano específico como es el Tribunal de Cuentas. Todas las inversiones que hace el Estado han de contar con el aval del presidente. Antes, bastaba con el visto bueno del ministro de Finanzas de acuerdo con la Ley del Presupuesto. La corrupción es inevitable en todas las naciones. En cualquier parte, todo aquel que tiene vínculos con los recursos económicos es susceptible de caer en ella. Puedo afirmar que no hay una corrupción que alcance la calificación de extremadamente grave. Hay muy poca y contamos con los mecanismo para hacerle frente.

– Sin embargo, en la opinión publica global, está muy asociada la palabra corrupción al Gobierno de Guinea Ecuatorial. ¿Qué está fallando? ¿Falta transparencia en esa guerra que dice haberle declarado?

– La corrupción es una realidad. No puedo refutarla. Pero esa observación viene de gente ajena al Estado guineano. Para llegar a esa conclusión hay que valorar los avances, las inversiones y todo lo que está haciendo el Estado para desarrollarse y lograr cotas importantes de crecimiento. Estamos organizando una conferencia económica en la que analizaremos los aciertos y desaciertos en la inversiones que hemos realizado con los recursos derivados de la explotación del petróleo y del gas. En ésta queremos abordar cómo diversificar la economía.

– Guinea Ecuatorial es actualmente el país con mayor renta per capita de África. Sin embargo, ¿por qué no termina de conformarse una clase media importante? ¿Por qué sigue existiendo una amplia brecha social?

– Ese término de clase media prácticamente no se registra en Guinea Ecuatorial porque no creemos en las clases sociales. Cuando programamos el desarrollo social, pensamos en mejorar globalmente el desarrollo del país en sus diferentes sectores, educación, sanidad, infraestructuras o agricultura, entre otros. El Gobierno tiene que apostar por todos ellos para que el país sea sostenible y rompa la dependencia de ciertos ámbitos que aún tiene nuestra economía.

– ¿Le preocupa que las relaciones de Guinea Ecuatorial con España sean hoy poco significativas?

– Siempre ha sido nuestra preocupación normalizarlas, pero tiene que coincidir la voluntad de las partes. Guinea Ecuatorial está dispuesta. Estamos esperando la respuesta de la parte española. No hay ningún inconveniente. Aquí presumimos de pertenecer a la estirpe hispánica, por eso tenemos muchos lazos con otros países latinoamericanos. Pero España, como madre patria que es, tiene que reconocer a todos sus hijos y no discriminar a ninguno, porque Guinea Ecuatorial se siente marginada. No sabemos por qué. Desconocemos qué pecado hemos cometido.

«Independizarse» del petróleo

La economía ecuatoguineana ha vivido una época de prosperidad a raíz de la explotación de los yacimientos de petróleo y gas. Sin embargo, el ciclo bajista del precio del crudo de los últimos años la ha sumergido en una severa crisis, de la que parece que está sacando la cabeza. De ella, el país ha aprendido una lección: hay que diversificar y reducir de la dependencia de los hidrocarburos. El objetivo es impulsar industrias como la agroalimentaria y el turismo.

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