
Cumbre de Tianjin
La Organización de Cooperación de Shanghái apuesta por el desafío al dominio de Occidente
El conflicto en Ucrania impregna las deliberaciones de Tianjin con una carga inescapable

La ciudad portuaria de Tianjin, pujante núcleo económico del noroeste chino, acoge desde el domingo la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS). Bajo la batuta del presidente chino Xi Jinping, este cónclave reúne a una constelación de poderosos líderes euroasiáticos, desde el ruso Vladimir Putin hasta el iraní Masoud Pezeshkian, pasando por el turco Recep Tayyip Erdogan o el indio Narendra Modi. Con todo, el foco de atención recae sobre una figura enigmática: Kim Jong-un, el líder norcoreano cuya rara aparición internacional añade un aura de intriga a un simposio que ya de por sí promete alterar las reglas del juego. En un momento de creciente fricción con Occidente, este bloque, aunque fracturado por recientes choques entre algunos de sus miembros, desafía el orden liderado por Washington y planta las semillas de un mundo multipolar basado en la soberanía, la colaboración estratégica y la ruptura con el dominio financiero y tecnológico de las potencias tradicionales.
Ucrania: el telón de fondo que define la agenda
El conflicto en Ucrania impregna las deliberaciones de Tianjin con una carga inescapable. Para Vladimir Putin, esta reunión de alto nivel representa una oportunidad para reforzar alianzas clave. Sus encuentros bilaterales con Erdogan, quien equilibra su rol de mediador con su compromiso con la OTAN, y con Pezeshkian, con quien abordará el delicado expediente nuclear iraní, son cruciales. Igualmente significativo es el encuentro con Modi, cuyo peso en Asia lo convierte en un actor indispensable para Rusia en su búsqueda de contrarrestar el aislamiento occidental. Apenas dos semanas después de ser recibido con honores por Donald Trump en Alaska, Putin viajará a Pekín para consolidar su alianza con Xi, a quien describe como su “mejor amigo”. Este vínculo, reforzado por una convergencia estratégica frente a las sanciones y presiones de Occidente, es el pilar de una narrativa que les presenta como baluartes de un nuevo orden global.
El régimen de Xi, por su parte, mantiene una postura oficial de neutralidad en Ucrania, atribuyendo la prolongación del conflicto al suministro de armas occidentales a Kiev. Sin embargo, la intensificación del comercio bilateral , que alcanzó los 240.000 millones de dólares en 2024 —un incremento del 66% desde el inicio de la invasión—, revela una alianza que va más allá de la retórica. Este intercambio, liquidado en yuanes y rublos, elude los circuitos financieros dominados por el dólar. La presencia de Kim Jong-un, cuyo régimen ha intensificado su cooperación con Moscú —incluyendo, según inteligencia surcoreana y occidental, el envío de miles de tropas a Ucrania—, refuerza la imagen de un bloque cohesionado frente a las presiones de Washington y sus aliados.
El eje sino-ruso: Una alianza inquebrantable
La llegada de Putin, que se extenderá casi una semana, no es solo protocolaria. Participará además en el desfile del Día de la Victoria en Pekín, un evento cargado de simbolismo donde compartirá escenario con Xi y Kim. Este acto, que replica la presencia de tropas chinas en la Plaza Roja durante las conmemoraciones de mayo en Moscú, subraya una narrativa compartida: la victoria en la Segunda Guerra Mundial como cimiento de un destino común que legitima su resistencia. En este contexto, la OCS es una plataforma para consolidar posturas frente al conflicto ucraniano y las presiones de Washington por una tregua que Rusia percibe como una maniobra para limitar su influencia.
China se ha erigido en el principal sostén económico de Rusia. Pekín domina las compras de crudo y carbón rusos, aunque las exportaciones petroleras han enfrentado obstáculos logísticos que Putin buscará resolver en Tianjin. Proyectos como el gasoducto Poder de Siberia-2 y la ampliación de la cooperación energética son prioritarios. Más preocupante para Occidente es la colaboración militar: según estimaciones de Washington, China provee el 70% de las máquinas-herramienta y el 90% de los semiconductores utilizados en la industria bélica rusa, a cambio de tecnologías defensivas sensibles. Esta interdependencia tecnológica y económica refuerza un eje que parece inmune a los esfuerzos occidentales por fracturarlo.
India: El arte del equilibrio estratégico
La asistencia de Narendra Modi, tras siete años de ausencia en foros similares en China, marca un punto de inflexión en la política exterior india. En un contexto de reconfiguración global, Modi busca posicionar a su nacion como actor pivotal. Su reunión con Putin, tras recientes conversaciones telefónicas con Volodymyr Zelenskyy sobre posibles vías para la paz en Ucrania, refleja esta ambición. “Exploramos iniciativas para restaurar la estabilidad”, afirmó Modi en redes sociales, subrayando su respaldo a esfuerzos conciliadores. Zelenskyy, por su parte, calificó el diálogo como “constructivo” y expresó su disposición a negociar directamente con el Kremlin. India se perfila así como un mediador creíble, capaz de transmitir “señales pertinentes” a Rusia y otros actores.
Sin embargo, la postura de Nueva Delhi no es mera equidistancia. A pesar de su alineación estratégica con Washington y su integración en foros como el Quad, mantiene una relación histórica con Moscú, absteniéndose de condenar la ofensiva rusa. Esta decisión responde a un cálculo pragmático: consolidar su influencia en un orden multipolar sin sacrificar su autonomía. La OCS ofrece a India un espacio libre de las condicionalidades éticas que caracterizan las alianzas occidentales, permitiéndole diversificar sus opciones estratégicas.
Las tensiones con Occidente, exacerbadas por los aranceles del 50% impuestos por la administración Trump a productos indios, han empujado a Nueva Delhi a acercarse a Pekín, a pesar de las disputas fronterizas en el Himalaya. Las políticas proteccionistas del republicano, diseñadas para contener el ascenso de potencias emergentes, han generado un efecto paradójico: han fortalecido la cooperación entre India y los actores que Washington busca contrarrestar. Modi, con pragmatismo lúcido, aprovecha ahora para reforzar la soberanía estratégica de India, diversificando sus alianzas en un momento en que la fiabilidad de los socios occidentales está en entredicho.
Una arquitectura de seguridad alternativa
Más allá de la cooperación económica, la OCS está configurando una arquitectura de seguridad no convencional. Los ejercicios militares conjuntos, la coordinación en ciberseguridad y el desarrollo de sistemas de comunicación satelital están forjando capacidades operativas que rivalizan con las alianzas occidentales, pero con una ventaja: su flexibilidad. A diferencia de la OTAN, esta entidad no impone pactos formales, lo que permite a sus miembros preservar su autonomía mientras se benefician de una coordinación estratégica.
Un ejemplo de esta sincronización es la narrativa compartida sobre amenazas regionales. Rusia y Pakistán, por ejemplo, han acusado a la Casa Blanca de respaldar al ISIS-K en Afganistán, una imputación amplificada por ciertos medios occidentales. Esta convergencia en las evaluaciones de inteligencia refleja un esfuerzo deliberado por contrarrestar las narrativas occidentales. Asimismo, la colaboración en redes satelitales alternativas y tecnologías de vanguardia, como la computación cuántica, subraya este compromiso con la emancipación tecnológica, eludiendo la vigilancia y las restricciones de otros sistemas.
Un escudo tecnológico frente a Occidente
Mientras Estados Unidos y sus aliados imponen barreras para limitar el acceso de China y Rusia a innovaciones críticas —desde semiconductores hasta algoritmos de inteligencia artificial—, la OCS responde con una hoja de ruta clara: construir un ecosistema tecnológico autónomo. La colaboración entre sus miembros está dando frutos en áreas estratégicas. Los avances en redes 5G y 6G, liderados por gigantes chinos como Huawei, buscan establecer estándares propios que eludan los protocolos dominados por Occidente. En paralelo, la investigación conjunta en computación cuántica promete revolucionar la ciberseguridad y el procesamiento de datos, áreas clave para la seguridad nacional y la competitividad económica.
Este impulso no se limita a lo técnico. Están tejiendo una red de innovación que prioriza la independencia frente a la vigilancia y las restricciones de los sistemas occidentales. Por ejemplo, el desarrollo de redes satelitales alternativas permite a los estados miembros sortear los sistemas de comunicación controlados por otras potencias.
Más allá de lo militar: Hacia una economía paralela
Esta colaboración tecnológica trasciende el ámbito militar y se adentra en el terreno económico, con implicaciones que podrían transformar el orden financiero global. Uno de los pilares de esta estrategia es el desarrollo de monedas digitales de bancos centrales (CBDC, por sus siglas en inglés). Estas iniciativas, lideradas por China con su yuan digital y seguidas de cerca por Rusia y otros miembros, permiten realizar transacciones comerciales al margen de la infraestructura financiera occidental, dominada por el dólar y sistemas como SWIFT.
El impacto de estas monedas digitales es monumental. Al facilitar intercambios sin depender de los circuitos tradicionales, están sentando las bases para una economía global paralela, regida por normas propias y libre de las sanciones que Occidente utiliza como herramienta de coerción. Según estimaciones, el comercio bilateral entre China y Rusia, liquidado en yuanes y rublos, ya representa un volumen récord, y otros miembros, como India, están explorando acuerdos en monedas locales, como la rupia, para transacciones energéticas.
Desdolarización: Un golpe al sistema financiero
La desdolarización, uno de los temas candentes en Tianjin, parece una realidad en marcha. La OCS está consolidando sistemas de pago alternativos que eluden los mecanismos controlados por Washington. Por ejemplo, las monedas estables respaldadas por el rublo han procesado transacciones por más de 40.000 millones de dólares, según datos de Bloomberg. Este esfuerzo, combinado con iniciativas como los corredores comerciales propuestos por Kazajistán y la cooperación en seguridad alimentaria de Uzbekistán, está configurando un marco de comercio intrarregional que opera al margen de la supervisión occidental.
La apuesta por la soberanía digital y la desdolarización no solo responde a necesidades estratégicas, sino que envía un mensaje claro: la OCS no se conforma con adaptarse al orden global existente, sino que busca construir uno nuevo.
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