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Prohibido enterrar a los muertos

El Gobierno de la provincia de Jiangxi, al sureste de China, ha lanzado una campaña contra los entierros para así destinar las tierras para el cultivo. La medida ha generado indignación entre los vecinos que no quieren incinerar a sus seres queridos, sino sepultarlos

  • Incluso los medios estatales han calificado las imágenes y las acciones de los funcionarios chinos como «bárbaras» / Reuters
    Incluso los medios estatales han calificado las imágenes y las acciones de los funcionarios chinos como «bárbaras» / Reuters

Tiempo de lectura 4 min.

04 de agosto de 2018. 04:34h

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Emma Palau.  4/8/2018

Un anciano trata de evitar que las autoridades se lleven el ataúd en el que quiere ser enterrado metiéndose en él y protegiéndolo con su cuerpo. Una anciana llora desesperada en el suelo cuando se llevan el suyo. En fotografías y vídeos compartidos en las redes sociales chinas, se ve a funcionarios que en un velatorio sacan el cadáver y confiscan el féretro a la fuerza mientras los familiares se llevan las manos a la cabeza. O cómo la Policía amontona miles de ataúdes y las excavadoras los destrozan. Son algunas de las escenas de dolor, furia y desesperación que se han repetido a lo largo de toda la semana en la provincia china de Jiangxi.

La causa es una campaña institucional que prohíbe a las personas en esta provincia del sureste de China enterrar a sus muertos. El Gobierno provincial quiere promover las incineraciones para así ahorrar tierras y destinarlas al cultivo. Con el objetivo de llegar a la cifra de «cero entierros» el 1 de septiembre, las autoridades en las regiones rurales están librando una guerra contra la práctica tradicional del entierro. Una guerra que los más ancianos ni entienden ni comparten.

El Gobierno de esta provincia de 45 millones de habitantes empezó prohibiendo poseer o hacer ataúdes, de modo que los funcionarios han pasado los últimos seis meses confiscando féretros. Primero los que los ciudadanos entregaban de forma voluntaria: 5.800 de 24 aldeas y municipios en el condado de Gaoan, según informó el portal chino de noticias Thepaper.cn. Las autoridades ofrecieron unos 2.000 yuanes (252 euros) por ataúd como compensación.

Pero se trata de una población rural para la que el tener un entierro adecuado es fundamental y que dedican los ahorros de mucho años en pagarse un ataúd valorado en unos 5.000 yuanes (630 euros). Hay una larga tradición en la China rural de que las personas tengan ataúdes hechos a medida, que luego se guardan en casa durante años con la esperanza de traer longevidad y buena suerte. De modo que muchos ancianos no están dispuestos a separarse de sus ataúdes y de la entrega voluntaria, las autoridades han pasado a la segunda fase: llevárselos por la fuerza.

Múltiples vídeos y fotografías muestran a los oficiales en las ciudades de Ganzhou, Jian y Yich llevándose los ataúdes de las casas de los aldeanos, amontonándolos y luego destruyéndolos con excavadoras. Las autoridades también fueron filmadas sacando a la fuerza a los manifestantes que yacían dentro de sus ataúdes para proteger con su cuerpo los ataúdes que habían comprado en preparación para sus funerales. Las imágenes han causado indignación en toda China, e incluso los medios estatales han descrito las escenas como «bárbaras».

Un hombre de 29 años de una aldea remota de Jian, que se negó a ser identificado por temor a represalias, contaba a los medios estatales cómo los funcionarios habían confiscado dos ataúdes de la casa de sus abuelos, que tienen más de 70 años.

«Estos féretros habían sido almacenados en pasillos ancestrales y habían estado con mis abuelos durante más de 30 años, ya que fueron hechos por carpinteros que usaban madera cultivada en nuestra propia tierra».

Junto a la prohibición de los ataúdes se han vetado algunos de los ritos funerarios tradicionales. El culto a los antepasados es de gran importancia en China, sobre todo en las áreas rurales como Jiangxi. Las familias a menudo se congregan en los entierros de sus seres queridos, quemando réplicas de billetes, ropa o teléfonos móviles en papel, creyendo que les serán útiles en el más allá.

La situación en Jiangxi está tan descontrolada que el excesivo celo de los funcionarios llegó al punto de desenterrar un cadáver. El Gobierno local en el condado de Yiyang anunció en abril que los oficiales habían exhumado el ataúd de un aldeano de 81 años a quien sus familiares habían sepultado cerca de su casa. El ataúd y el cadáver fueron cremados.

Según Zhu Wei, profesor de la Universidad China de Ciencias Políticas y Derecho, el cambio en la política funeraria debería implementarse gradualmente. «La reforma fúnebre verde es parte del desarrollo de China, pero debe encontrar un equilibrio con la tradición», dijo Zhu a «Global Times», y agregó que la gente necesita hasta 20 años «para aceptar el cambio».

No es la primera vez que un cambio en la política funeraria del Gobierno chino causa el caos entre los habitantes de las poblaciones rurales. En 2014, al menos seis ciudadanos ancianos de Anqing en la provincia de Anhui, en el sureste de China, se suicidaron después de que se hiciera público un plan del Gobierno para confiscar los ataúdes, según informó «Beijing News». La única manera que concibieron de ser enterrados a la manera tradicional fue quitándose la vida y garantizar así su muerte antes de que la nueva ley entrara en vigor.

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