Opinión

Rusia contra Ucrania: la estrategia implacable del Kremlin

Rusia ha demostrado desde 2022 que no se detendrá hasta alcanzar sus objetivos estratégicos: control territorial en el este, neutralización de Kiev y sometimiento de la soberanía ucraniana

MOSCOW (Russian Federation), 27/08/2025.- Russian President Vladimir Putin holds a meeting with members of the government at the Kremlin in Moscow, Russia, 27 August 2025. (Rusia, Moscú) EFE/EPA/VYACHESLAV PROKOFYEV / SPUTNIK / KREMLIN POOL MANDATORY CREDIT
El presidente ruso, Vladimir Putin, no ha demostrado voluntad real de negociar la pazVYACHESLAV PROKOFYEV / SPUTNIK / KREMLIN POOLAgencia EFE

Han transcurrido más de tres años desde el inicio de la agresión rusa contra Ucrania. Ni un día de respiro, ni una muestra de disposición auténtica a la paz por parte del Kremlin. Moscú ha demostrado desde febrero de 2022 que no se detendrá hasta alcanzar sus objetivos estratégicos: control territorial en el este, neutralización de Kiev y, en última instancia, el sometimiento de la soberanía ucraniana a la lógica imperial rusa sea por medio de un gobierno títere, como lo era el de Víktor Yanukóvich, a quien las protestas de la plaza de Maidán forzaron a dimitir. Esta es justamente una de las obsesiones de Moscú, que sigue calificando las protestas democráticas contra el gobierno títere de Moscú como golpe de Estado. Sin embargo, a estas alturas el aparato de poder del Kremlin se conformaría con un gobierno con simpatías rusas, pero no necesariamente sometido a sus dictados, si bien siguen empeñados en la neutralización o finlandización de Ucrania.

1. Los objetivos de Moscú: Donbás, mar de Azov y “finlandización”

Las ambiciones rusas estaban claras incluso antes de que los primeros blindados cruzaran la frontera en febrero de 2022. Putin había fijado como meta consolidar el control sobre Donetsk, Lugansk, Járkov y Zaporiyia, además de impedir que Ucrania pudiera integrarse en estructuras euroatlánticas. El modelo de referencia era el que la URSS impuso a Finlandia en 1946, tras la derrota soviética en la breve guerra de Finlandia (octubre 1939 a marzo1940) los soviéticos no querían un vecino con soldados tan formidables en sus fronteras. La URSS impuso que Finlandia se declarase neutral, como también se lo impuso a Austria.

Un documento atribuido al FSB filtrado en marzo de 2025 detallaba que “no convenía a Rusia aceptar un acuerdo antes de enero de 2026”, ya que el ejército calculaba avances de entre 80.000 y 200.000 metros cuadrados de terreno por día en ciertas fases ofensivas. El objetivo declarado era empujar las líneas más allá del Dniéper y llegar a la mesa de negociaciones con todo el Donbás en sus manos.

Sin embargo, un estudio del Royal United Services Institute (RUSI) de Londres advierte de que la conquista total del 30% del Donbás aún fuera de control ruso requeriría cuatro años y dos millones de bajas. Un coste “inasumible incluso para Rusia y su aparato de propaganda y desinformación”. Esa estimación quiebra la narrativa de victoria fácil y confirma la lógica del desgaste a la que Moscú se aferra.

2. El coste humano y material: Ucrania devastada

El precio de esta guerra para Ucrania es devastador. Según cifras oficiales y estimaciones internacionales:

Civiles: La ONU calcula hasta julio de 2025 13.883 civiles muertos y 35.548 heridos.

Militares ucranianos: El presidente Zelenski reconoció en febrero de 2025 más de 46.000 soldados muertos y unos 380.000 heridos. Otras estimaciones elevan la cifra a 60.000–70.000 muertos.

Militares rusos: Reino Unido estimó en junio de 2025 que Rusia ha sufrido más de un millón de bajas, incluidos unos 250.000 muertos.

En total, Ucrania supera ya las 400.000 bajas militares y afronta la destrucción de más de veinte ciudades medianas y grandes. El mar de Azov, monopolizado por Rusia, es otra pérdida estratégica.

La Masacre de Bucha, en marzo de 2022, sigue siendo el símbolo más desgarrador: centenares de civiles ejecutados, muchos con las manos atadas. La ONU lo calificó como crimen de guerra y la CPI abrió investigaciones.

3. El régimen ruso: entre el zarismo y el gulag

El régimen de Putin se sostiene en el poder absoluto y en la represión del FSB, con un control sobre redes sociales y conversaciones privadas (masivas intervenciones telefónicas) ha ampliado sus competencias en materia de seguridad interior hasta gestionar centros de detención propios. Muchos opositores hablan ya de una reedición del gulag.

Algunos analistas sostienen que Putin es “el mal menor”: si cayera, podría surgir una junta aún más ultranacionalista, con ambiciones directas hacia los bálticos, Polonia oriental o Asia Central. El intento de desestabilización en Azerbaiyán, frustrado en 2025, es una muestra de ello.

Putin no oculta su ambición imperial: considera la desaparición de la URSS como “la mayor tragedia del siglo XX” y busca reeditar el Imperio Ruso de Pedro el Grande, o por lo menos conseguir que los estados fronterizos con Rusia acepten la sumisión a Moscú o por lo menos que sean afines. En Rusia existe una obsesión con la vulnerabilidad de las llanuras y estepas rusas razón por la cual la estrategia diplomática y militar de Moscú tiene como uno de sus objetivos principales controlar o por lo menos neutralizar todo su vecindario.

4. Diplomacia de humo y fuego real

Rusia ha utilizado la diplomacia como un teatro: promesas de paz y, en paralelo, bombardeos. El ataque del 28 de agosto de 2025 contra Kiev lo confirmó: un misil de crucero impactó junto a la delegación de la Unión Europea, destruyendo un bloque residencial y dañando gravemente la sede comunitaria. No fue un error ni un fallo técnico, era un aviso brutal a la UE: “podemos alcanzaros cuando y como queramos”. La delegada de la UE en Ucrania, Katarina Mathernová mostró una sangre fría digna de elogio en una entrevista en la BBC en la que no dejaba lugar a la menor duda, se trataba de un ataque deliberado.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, declaró: “Ninguna misión diplomática debe ser nunca un objetivo. Rusia ha cruzado una línea roja inadmisible”.

La UE convocó al encargado de negocios ruso en varias capitales y prepara un nuevo paquete de sanciones. La OTAN, por su parte, advirtió: “No podemos ser ingenuos respecto a Rusia”.

5. Europa, entre la firmeza y la grieta húngara

La reacción europea ha sido firme: sanciones adicionales, refuerzo militar y gira de Von der Leyen por siete países colindantes con Rusia. Sin embargo, Hungría se desmarcó del consenso y rechazó firmar la declaración de condena. Un regalo para Moscú y una cuña que es extraordinariamente peligrosa en estos momentos.

6. Estados Unidos: unidad no tan clara.

La división en Washington preocupa tanto como la grieta húngara en Europa. Trump ha endurecido su discurso contra Putin. Pero su vicepresidente, J.D. Vance, sorprendió con un mensaje muy distinto. En “Meet the Press”, resumió así su visión:

“Los rusos han hecho concesiones significativas por primera vez en tres años y medio. Han reconocido que no podrán instalar un régimen títere en Kiev y han admitido que habrá alguna forma de garantía de seguridad para la integridad territorial de Ucrania.”

Unas declaraciones desconcertantes, porque no hay ningún indicio que indique su voluntad de sentarse a negociar seriamente un acuerdo de paz duradero y estable. No hay la más mínima indicación de la disponibilidad rusa a negociar la retirada de los territorios ocupados, ni renuncia territorial, ni garantías verificables. Moscú sigue atacando mientras Vance habla de concesiones invisibles, ciertamente inquietante.

7. Conclusiones: lo que está en juego

La guerra de Ucrania es mucho más que un conflicto entre dos países. Es el choque entre el imperialismo autoritario y la soberanía democrática.

Rusia planea prolongar la guerra hasta 2026, pero incluso según cálculos del RUSI, conquistar el Donbass exigiría cuatro años más de guerra y ofensivas constantes y dos millones de bajas.

El coste humano ya es brutal: casi 14.000 civiles muertos, más de 60.000 militares caídos y entre 480.000 y 700.000 bajas en total, entre muertos y heridos. Del lado ruso más de un millón de bajas rusas. Informes independientes sitúan el número de muertos en ambos bandos en cerca de 1.500.000 de muertos.

La diplomacia rusa es un teatro: mientras finge negociar, destruye hospitales, escuelas y sedes diplomáticas.

Europa ha mostrado firmeza, aunque con grietas preocupantes como Hungría.

Estados Unidos transmite una cierta divergencia, quizás no tanto como una división, y las palabras de Vance abren una brecha peligrosa en el frente occidental.

Ucrania resiste, pero no solo por sí misma. Resiste por toda Europa. Porque el desenlace marcará si el siglo XXI será gobernado por la ley o por la fuerza bruta.

*Gustavo de Arístegui es diplomático y fue embajador en India, Bután, Maldivas, Nepal y SriLanka (2012-2016) gustvodearistegui.substack.com