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Salvini propone crear centros de migrantes en el sur de Libia

El vicepresidente italiano viaja a Trípoli para negociar un acuerdo que frene la salida de embarcaciones desde las costas libias. Funcionarios de la UE se encargarían de la acogida e identificación de los irregulares.

  • El ministro del Interior italiano, Matteo Salvini / Foto: Reuters
    El ministro del Interior italiano, Matteo Salvini / Foto: Reuters
Roma.

Tiempo de lectura 4 min.

26 de junio de 2018. 09:14h

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Ismael Monzón.  Roma. 25/6/2018

Hace ya más de un año que Italia comprendió que para frenar la inmigración a sus costas su mejor aliado es Libia. Por eso ayer el vicepresidente y ministro del Interior, Matteo Salvini, viajó a Trípoli en su primera misión diplomática. «El próximo jueves en Bruselas [en el Consejo Europeo] propondremos que los centros de acogida e identificación sean construidos en la frontera externa del sur de Libia», anunció Salvini ya en Roma.

De las palabras del primer ministro, Giuseppe Conte, en la cumbre del domingo se sobreentendió que la iniciativa italiana era construir estos centros en Libia. Pero el vicepresidente libio, Ahmed Maitig, rechazó tajantemente esta posibilidad. En una rueda de prensa en Trípoli junto a Salvini, Maitig dijo que «no está consentido por las leyes libias» que autoridades extranjeras supervisen la identificación de inmigrantes en su territorio. Personal de ACNUR y de la UE se deberían encargar de ello.

Francia y España defendieron el domingo que la identificación y diferenciación entre refugiados y los llamados migrantes económicos se realizara en suelo europeo, como en realidad ya se ha hecho en los últimos años. Algo a lo que Italia se niega en rotundo. «El ‘no’ libio es como el ‘no’ italiano, porque no se entiende que Libia e Italia tengan que hacerse cargo de todo el problema», añadió Salvini. Su intención es «implicar a todos los países del Sahel, frenando en origen las rutas migratorias.

El ministro del Interior italiano extendió, por tanto, su lamento patrio a las autoridades de Trípoli, con las que dijo mantener una «gran amistad». Todo lo contrario a su relación con Francia, que Salvini siguió envenenando antes de la cumbre del próximo jueves. «El ministro francés que ha propuesto que el 'Lifeline' [el barco con 234 migrantes que se mantiene en el Mediterráneo a la espera de órdenes para atracar] desembarque en Italia es un ignorante», afirmó Salvini. El vicepresidente insistió en que, según la nueva normativa, el centro de coordinación de Roma no dará ningún tipo de instrucción a las ONG en los naufragios en el mar y pidió «que Francia abra su puerto de Marsella».

La política italiana de acercamiento a Libia no es nueva. El anterior Ejecutivo socialdemócrata contuvo las cifras negociando con el Gobierno de Trípoli y las milicias que controlan el territorio. Alfonso Giordano, experto en flujos migratorios de la Universidad Luiss, sostiene que «cuando se produce un cambio de Gobierno como ha sucedido en Italia, toca reconsiderar los pactos y es probable que ahora las autoridades libias estén mirando para otro lado para sacar mayor partido».

Durante la semana en la que se produjo la crisis del «Aquarius», cerca de 2.000 personas fueron rescatadas en el Mediterráneo en la ruta que une Libia con Italia, casi una quinta parte del total en lo que va de año. Según datos del Ministerio del Interior italiano, 16.394 personas han llegado en 2018 a las costas de este país, de los que 11.288 lo hicieron desde Libia. Salvini quiere frenar la inmigración en origen y eso significa mandar allí más dinero.

El vicepresidente italiano no mencionó la financiación tras su visita a Trípoli, pero esta semana las autoridades libias han rescatado y devuelto a su país a más de 2.000 personas. Italia quiere que no sean las ONG –que consideran que en el país norteafricano no se respetan los derechos humanos– las que se ocupen del salvamento, sino los guardacostas del país norteafricano. Para Salvini, que visitó un centro para migrantes en Libia, las torturas en los espacios controlados por el Gobierno «no existen».

Con estos últimos retornados, según datos de la Organización Mundial de las Migraciones, Libia habría devuelto a su país este año a unas 8.000 personas. Es decir, que unas tres cuartas partes de quienes intentaban llegar a Italia han vuelto a la casilla de salida. Esto ha provocado que los traficantes busquen rutas alternativas, como puede ser España; o con Italia como destino, pero saliendo desde Túnez, desde donde se ha triplicado el número de barcazas con respecto a 2016.

En paralelo a sus proclamas contra la inmigración irregular, Matteo Salvini ha elogiado la labor de su predecesor, Marco Minniti, quien firmó los anteriores acuerdos con Libia. «Para negociar allí es necesario tener una estrecha colaboración con los servicios de inteligencia internos, como tenía Minniti, pero Salvini no tiene esa experiencia», opina el profesor Giordano. Algo que podría poner en peligro ese papel de contención que busca Italia en su antigua colonia.

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