Política

Conflicto Israel-Palestina

Israel y Gaza registran la peor escalada desde 2014

Los enfrentamientos dejan al menos tres civiles israelíes muertos y dieciséis palestinos, entre ellos dos mujeres y una niña, además de integrantes de Hamas y la Yihad Islámica. Más de 600 misiles de corto y largo alcance se lanzaron desde la franja a territorio hebreo.

Explosión en Gaza por un bombardeo israelí/Reuters
Explosión en Gaza por un bombardeo israelí/Reuterslarazon

Los enfrentamientos dejan al menos tres civiles israelíes muertos y dieciséis palestinos, entre ellos dos mujeres y una niña, además de integrantes de Hamas y la Yihad Islámica. Más de 600 misiles de corto y largo alcance se lanzaron desde la franja a territorio hebreo.

Se habían producido constantes escaladas de tensión en la frontera entre el sur de Israel y la franja de Gaza. Pero la violencia registrada ayer, y que se prolongó durante dos jornadas, no tenía precedentes desde la última guerra de 2014. Al cierre de esta edición, tres civiles israelíes y dieciséis palestinos –civiles e integrantes de los grupos Hamas y Yihad Islámica– murieron en el dramático intercambio de fuego. A diferencia de anteriores «Sabbat» (día de descanso), en esta ocasión las «alertas rojas» en los móviles que alertan a israelíes de la inminente caída de un misil no se detuvieron con un frágil alto el fuego mediado por Egipto.

Los eventos registrados durante la jornada hacían presagiar una guerra a gran escala: más de 600 proyectiles lanzados a territorio israelí, incluyendo un misil antitanque que alcanzó y mató a un conductor de un vehículo, así como cohetes de largo alcance que impactaron en el centro del país. De los 510 proyectiles que cruzaron a Israel, 160 fueron interceptados por el sistema antimisiles «Cúpula de Hierro», según informó el Ejército. No obstante, decenas impactaron en casas, escuelas o paradas de autobús, causando las tres bajas y más de un centenar de personas atendidas por heridas o ataques de pánico. Con escuelas y lugares de trabajo cerrados, a última hora de la tarde se preparaban los refugios antiaéreos en el área metropolitana de Tel Aviv.

Por su parte, el Ejército israelí elevó su grado de represalia y, además de bombardear 250 puestos de Hamas y la Yihad –lanzaderas, fábricas de misiles y bases militares–, retomó la política de asesinatos selectivos al matar a un alto mando de Hamas, Hamed Hamdan al Khodari, responsable de recibir las transferencias de dinero iraní. Una táctica que fue habitual durante la Segunda Intifada y empleó en la «operación Margen Protector» de 2014.

Los bombardeos de la aviación israelí incluyeron viviendas privadas de líderes de Hamas o un túnel de la Yihad Islámica que penetraba en suelo israelí. Según un portavoz militar, Israel intentó así «retomar la intimidación» frente a Hamas. La imprevista espiral de violencia ocurre a escasos días del Día del Recuerdo (a los caídos) y el Día de la Independencia del Estado judío, así como de la celebración del festival de Eurovisión. Por ello, los analistas coinciden en señalar que a Israel no le interesaba en ningún caso entrar en un conflicto bélico a gran escala. No obstante, los críticos con la política de seguridad del «premier» Benjamin Netanyahu alegan que Hamas es quien marca ahora el guion del conflicto, aumentando la tensión lanzando salvas de misiles para lograr sus objetivos.

Tras una extensa reunión con el gabinete de seguridad, Netanyahu anunció que «ordené al Ejército continuar los ataques masivos contras fuerzas terroristas en Gaza, además de reforzar la presencia en la frontera de tanques, artillería y unidades de infantería». Y añadió: «Hamas es responsable no solo de sus acciones, sino también de las cometidas por la Yihad Islámica, y está pagando un alto precio por ello». En esta ocasión, la olla a presión estalló durante las habituales protestas violentas de los viernes en la frontera de Gaza con Israel, cuando un francotirador de la Yihad –grupo financiado y armado por Irán– disparó e hirió a dos soldados hebreos. Por parte palestina, la líder de la OLP, Hanan Ashrawi, afirmó que la violencia responde a «un intento de Netanyahu de infligir dolor y aterrorizar a los palestinos cautivos en Gaza para obtener logros en sus negociaciones para formar la coalición de gobierno».

En los bombardeos contra «objetivos terroristas», una madre y una bebé palestinas murieron, y los islamistas culparon de sus muertes a Israel. Poco después, el Ejército hebreo desmentía la información, aclarando que fueron víctimas de un cohete fallido lanzado desde la franja palestina. La guerra, como es habitual, también se trasladó en los mensajes lanzados a la Prensa.

En los últimos meses, prevaleció un frágil y no oficial alto el fuego entre Israel y Hamas. A cambio de relativa calma, Netanyahu aprobó constantes transferencias de millones de dólares qataríes en efectivos a la franja palestina, necesarios para garantizar los pagos a funcionarios públicos. Ante la inminente llegada de la festividad musulmana del Ramadán y la paupérrima situación económica y humanitaria que viven los dos millones de gazatíes, el analista del «Times of Israel» Avi Issacharof considera que «Hamas ha logrado un significativo control de la situación. Su extensa red de túneles subterráneos [tanto para refugiarse dentro de Gaza como para infiltrarse a Israel] y su capacidad de hacer llover cohetes sobre Israel prueban su poder para exigir concesiones en tiempos sensibles». Al cierre de esta edición, ningún bando dio señales de pretender abandonar las hostilidades.