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Sin comida ni agua y hacinados en las tiendas

La ayuda española

LA RAZÓN ha hablado con los cooperantes españoles desplazados en Ecuador

  • Sin comida ni agua y hacinados en las tiendas

Tiempo de lectura 4 min.

24 de abril de 2016. 03:21h

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24/4/2016

Las organizaciones con las que colaboran tenían ya sendos equipos establecidos en el país andino, algo que ha ayudado tanto a su desplazamiento a las zonas más afectadas por el seísmo como a la primera evaluación de daños. Más que ropa, explica Carlos Vicente Alconcé, cooperante expatriado de Manos Unidas y coordinador del convenido con AECID (Agencia Española de Cooperación al Desarrollo), hay una necesidad acuciante de comida y agua. Fernando Mudarra, director de cooperación de la Fundación Ayuda en Acción. Este último, que habla con LA RAZÓN desde Esmeraldas, una de las regiones asoladas por el seísmo, añade que: «La mayor parte de las personas de estas poblaciones se dedicaban a la pesca, a la recogida de moluscos. Con el terremoto, se ha revuelto el mar y ya no tienen qué pescar. Tampoco tienen dónde vender. Solían acudir a Chamanga, que ha sido uno de los puntos más afectados del país. Se están muriendo de hambre».

Las primeras intervenciones, por tanto, tras el seísmo que se ha llevado, de momento, 646 vidas, se están centrando en la repartición de aceite, azúcar, y demás alimentos no perecederos. «Unas raciones para que puedan aguantar por lo menos ahora una semana, al principio», dice Mudarra. La situación es precaria. Nuria Iglesias, Coordinadora de Proyectos de Manos Unidas en Ecuador, destaca la escasez de refugios y medicamentos para paliar las enfermedades más básicas. Los afectados están sobreviviendo “hacinados” en pequeños albergues, realizados a partir de “cuatro plásticos y ramas”, relata Mudarra. Realidad que hace que los cooperantes españoles como los colaboradores que Fundación Ayuda en Acción se estén encontrando con una gran contaminación por plásticos. “Y todo esto teniendo en cuenta que estamos en zona costera, con mucho calor y con una proliferación de insectos altísima”.

Tanto él como Carlos Vicente destacan como otra de las grandes dificultades (al margen de las réplicas, que aún siguen sacudiendo el país) en la respuesta al terremoto la desigualdad con la que se están atendiendo los destrozos que éste ha dejado a su paso. Mudarra describe la situación como “desbordante”, aunque añade que “la gente ha aprendido a salir del paso con lo que tiene”: “No estamos siendo capaces de llegar a todos los sitios a los que querríamos. Los que se han podido movilizar más deprisa han sido la sanidad local, la prefectura de la provincia, algunos municipios... que están recibiendo donaciones desde distintos puntos del país y que las están distribuyendo como buenamente pueden. Hay problemas de logística: de combustibles, de camiones..., aunque bueno, las empresas locales nos están realizando los servicios de forma gratuita pero no es suficiente para todo lo que hay que hacer en un primer momento”.

Carlos Vicente, por su parte, remarca como: «Ahora la respuesta se está centrando en las zonas más destrozadas, los centros urbanos: Pedernales, Manta..., donde obviamente hay más desastre y es más visible, pero nosotros creemos –Manos Unidas- que también hay que atender las zonas rurales, los pueblos aislados, donde es posible que no haya llegado nadie todavía.»

La clave para recuperar la normalidad está en las organizaciones y en los negocios locales, y eso es algo que todos los que se han desplazado a Ecuador tras el terremoto tienen muy claro. Manos Unidas, según nos confirma Nuria Iglesias, ya tiene varios proyectos de desarrollo para llevar a cabo en el país. Mudarra nos relata el método de Ayuda en Acción para enfrentarse a este tipo de emergencia, esto es, comprar productos en los mercados de la zona para “proporcionar un tipo de dieta y un tipo de condiciones a las que la gente está acostumbrada”. Aunque el camino hacia la normalidad todavía parece largo y tortuoso.

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