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Sinaloa, un imperio sin fronteras

El cártel que dirige «El Chapo» controla el 70% del tráfico de cocaína que pasa por México hacia el norte. Tiene alianzas con grupos criminales en Latinoamérica y distribuye a Europa, Asia y Australia.

  • Sinaloa, un imperio sin fronteras
México D.F..

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10 de enero de 2016. 01:31h

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México D.F.. 10/1/2016

Si a Pancho Villa lo hizo famoso la Metro Goldwyn Mayer, a Joaquín Archivaldo Guzmán Loera «El Chapo» lo lanzó al estrellato la revista «Forbes» al nombrarlo uno de los hombres más ricos del mundo. Para ello usó un juego de cifras inconsistentes que al parecer sobredimensionaron la fortuna del narcotraficante. Ante las críticas, la revista lo sacó de la lista y agregó que en realidad «El Chapo» era sólo un emblema del poder global del narcotráfico. Y es que nadie en el mundo puede calcular el verdadero nivel del negocio. Eso no impidió que el propio Guzmán Loera se creyera el mito forjado a su alrededor y que acrecentó con una segunda fuga, esta sí, espectacular.

Desde 1989, «El Chapo» ha sido un jugador importante en el mercado de estupefacientes. Por aquella época, Héctor Luis Palma Salazar se quedó con el control de la mitad del cártel del mítico Miguel Ángel Félix Gallardo –el primer zar mexicano de la cocaína–. Para 1994 quedarían al frente sus lugartenientes Ismael «el Mayo» Zambada, Nacho Coronel, Juan José Esparragosa «El Azul» (de quien se dice fue el verdadero cerebro del cártel) y Joaquín Guzmán. La otra mitad se radicó en Tijuana bajo el mando de los once sobrinos de Félix Gallardo, conocidos como «Los hermanos Arrellano Félix», hábiles para los negocios y las vendetas, una de las cuales le costó la vida al obispo de Guadalajara, al cual, dijeron los Arellano, confundieron con «El Chapo». Ésa fue la primera vez que el país entero supo de la existencia del criminal.

El grupo de «El Chapo», conocido popularmente como el cártel de Sinaloa, realiza operaciones en 24 de los 32 estados de la república mexicana, según informes de la Procuraduría General de la República. En 2013 la Drug Enforcement Agency (DEA) de Estados Unidos y la Comisión Anticrimen de Chicago nombraron al «Chapo Guzmán» como el enemigo público número uno de Chicago, y lo compararon con Al Capone, incluso llegaron a decir que el mexicano lo supera.

Las operaciones del cártel de Sinaloa se extienden en primer lugar hasta Colombia. En este caso, según versiones periodísticas, el cártel ha realizado alianzas con los Urabeños, Rastrojos y La Empresa, e incluso con grupos guerrilleros. En su origen, la alianza sólo implicaba la venta de clorhidrato de cocaína y pasta base, pero con el tiempo las autoridades han podido comprobar que los narcotraficantes mexicanos compraron «la franquicia» del negocio, mientras que a las bandas colombianas sólo los contratan para otorgarles protección durante el proceso productivo de la droga, esto es siembra, producción y distribución.

En 2012, durante un operativo que golpeó duramente a la llamada oficina de Envigado, uno de los cárteles más importantes y discretos de Colombia, les fueron encontradas armas provenientes de la operación policial «Rápido y furioso», a través de la cual la DEA de Estados Unidos introdujo, ilegalmente y sin avisar a las autoridades mexicanas, un cargamento de armas presuntamente destinadas a rastrear al cártel de Sinaloa. La operación salió mal y con dichas armas terminaron asesinando a agentes norteamericanos y a más de 200 mexicanos. Las armas aparecieron deespués en Colombia y Centroamérica.

En Perú también existen vínculos con el cártel de Sinaloa. En Centroamérica se ha dicho en reiteradas ocasiones que Guzmán Loera viajó hasta Honduras para negociar con la banda de los Chachiros, cuyos líderes se entregaron el año pasado en Estados Unidos y vincularon a algunas de las familias más poderosas de Honduras. Pero también con otros cárteles hondureños como Don H, Los Handal y Los Valles; los líderes de éste último reconocieron al ser capturados que el cártel de Sinaloa les pagaba 2.400 dólares por cada kilo de cocaína que llega por avión y por mar procedente de Colombia y Venezuela, para que sea trasladado por tierra a Guatemala. De hecho, tras su primer fuga, Guzmán Loera fue capturado en ese país por el general y ex presidente (hoy preso por presunto crimen organizado y fraude) Otto Pérez Molina. El cártel de Sinaloa se ha convertido en la mayor red de narcotráfico del mundo. Utiliza México como base para extender su negocio por Europa, América del Norte, África e incluso Australia. EE UU cree que opera en al menos 48 países y ha establecido vínculos con grupos criminales de China.

Según un ex líder paramilitar, a Colombia entraban en 2010 unos 7.000 millones de dólares por año fruto de la cocaína. De cuerdo con informes de inteligencia de México, esa cocaína sale del país a un coste 4,7 veces mayor. Si lo multiplicamos por cinco obtenemos 35.000 millones de dólares; ahora bien, se estima que el cártel de Sinaloa controla el 70% del tráfico de cocaína que pasa por el país, eso indica que su cártel gana al año 24.500 millones. Nuevamente supongamos (porque no lo sabemos) que se lo dividen a partes iguales Zambada, Nacho, «El Azul» y «El Chapo». Eso indicaría que cada uno ingresa 6.125 millones por año. Si eso hubiese ganado desde que hace 20 años (algo poco probable) y no hubiera gastado un centavo, su fortuna sería de 134.750 millones de dólares. ¡Eso es casi el doble de la fortuna del mexicano más rico del mundo, Carlos Slim! No obstante, hay que pagarle al servicio, comprar armas, sobornar a autoridades en muchos países, invertir en laboratorios, pagar dos fugas, gastos de representación, mujeres, impuestos por el blanqueo del dinero, viáticos (ser un prófugo no debe ser barato) y algunos lujos como armas bañadas en oro, botellas de vino de medio millón de dólares, mansiones, obras de arte, aviones y yates, entre otros.

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