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Suecia abraza a la extrema derecha

El país afronta el próximo domingo las elecciones legislativas y locales más inciertas de su historia reciente. Los sondeos vaticinan una caída en el Parlamento de los partidos tradicionales –socialdemócratas y conservadores– y un auge espectacular de la ultraderecha

  • Jimmie Akesson, el líder del partido ultraderechista Demócratas Suecos, en un mitin en Motala / Ap
    Jimmie Akesson, el líder del partido ultraderechista Demócratas Suecos, en un mitin en Motala / Ap
Enviado especial a Estocolmo.

Tiempo de lectura 4 min.

07 de septiembre de 2018. 23:57h

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Pedro G. Poyatos Enviado especial a Estocolmo. 7/9/2018

El paraíso sueco ya no es inmune a la ola de populismo que inunda el mundo y que sopla con fuerza tras el triunfo del Brexit y la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. Como sus vecinos europeos, el país nórdico afronta este domingo una batalla electoral entre los partidos tradicionales (socialdemócratas y conservadores) y una ultraderecha xenófoba y eurófoba, los Demócratas Suecos (DS), que confía en ser el árbitro del futuro Gobierno.

Tras la campaña electoral más polarizada y agresiva que se recuerda, los sondeos conceden al bloque de izquierdas (socialdemócratas, ecologistas y ex comunistas) una ligera ventaja de cuatro puntos sobre la oposición, la coalición de derechas Alianza por Suecia, que reúne a cuatro partidos (conservadores, liberales, centristas y democristianos). Sin embargo, ninguno sumará la mayoría necesaria en el Riksdag (Parlamento unicameral) para formar Gobierno ante el auge experimentado por la extrema derecha, que compite voto a voto con el Partido Moderado (conservador) por la segunda posición. Una encuesta de Sifo concede a ambos un 17%.

Como primera fuerza parlamentaria repetirá el Partido Socialdemócrata (SAP) de Stefan Löfven, que encabeza un minoritario Ejecutivo rojiverde desde 2014, pero con la previsión de cosechar el peor resultado del último siglo, un 25%, frente al 31% de las pasadas elecciones. El SAP, la fuerza hegemónica que ha construido el mítico Estado del Bienestar sueco y que desde 1932 sólo ha permanecido en la oposición 15 años, se ha convertido en el último bastión que le queda a una socialdemocracia europea en retirada.

«Cuando hablamos de Suecia y de otros países escandinavos, los asociamos con la socialdemocracia –explica Patrik Öhberg, experto en política sueca de la Universidad de Gotemburgo–, «pero parece que esta era va a terminar ahora. Nos hemos convertido en un país como todos los demás. Ahora es un bastión de la socialdemocracia, tal vez en ruinas», añade.

Para entender las razones que explican este terremoto político en el país escandinavo, es preciso remontarse a 2015, cuando Suecia recibió 163.000 solicitantes de asilo en plena crisis de los refugiados, lo que colocó al país en términos per cápita a la cabeza de la Unión Europea. Globalmente, Suecia ha rebido a 400.000 refugiados desde 2012, un flujo que desbordó al Gobierno, que se vio obligado el 24 de noviembre de ese 2015 a poner fin a la tradcional política de acogida y cerrar sus fronteras. Desde entonces la cifra de demandantes de asilo no ha dejado de caer (25.666 en 2017).

Sin embargo, para el líder de los Demócratas Suecos (DS), Jimmie Akesson, que culpa a los sucesivos Ejecutivos de una política migratoria irresponsable, este cambio de rumbo no es suficiente, y advierte de que «estamos preparados para tumbar cualquier Gobierno que creamos que no conduce a Suecia en la buena dirección». En declaraciones a LA RAZÓN, Nicholas Aylott, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Södertörn de Estocolmo, explica que el crecimiento de DS es resultado de «las políticas de inmigración radicalmente permisivas que siguieron los gobiernos suecos en los 15 años previos a 2015, y a los problemas de desorden social que se han asociado con ellas».

Como resultado, la inmigración, que históricamente había quedado hasta ahora al margen del debate político, ha centrado por primera vez una campaña electoral en Suecia. Tal y como viene sucediendo desde hace años en Dinamarca, Alemania o Países Bajos. Socialdemócratas y conservadores han acometido un giro de 180 grados en sus posiciones tradicionales y propugnan ahora más restricciones a la llegada de inmigrantes y mano dura a la creciente delincuencia en los suburbios de las grandes ciudades. En el caso de los socialdemócratas, Aylott considera que «sus posiciones ahora son mucho más restrictivas de lo que nadie hubiera podido imaginar, incluso hace un par de años. Por lo tanto, ha sido más difícil para los partidos de derecha atacarlos en ese terreno». «Aun así, como estos problemas ciertamente no se han ido, los votantes todavía les dan prioridad», explica.

Ciertamente, Suecia ya no es diferente. La derecha antiinmigración ha impuesto también aquí su discurso en el debate político y no oculta su satisfacción por este logro en un país que se enorgullece de su tolerancia. «Ya nos veo como ganadores. Hemos influido en el debate y en el cambio de la población», asegura exultante Akesson, un diseñador de páginas web de 39 años que, desde que se hizo con las riendas de DS en 2005, ha limpiado la imagen del partido de raíces neonazis hasta convertirlo en el tercer jugador del tablero político.

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