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Taiwán se defiende del «poder punzante» de China

  • Vista de una bandera china en una calle de Taipei
    Vista de una bandera china en una calle de Taipei

Tiempo de lectura 4 min.

21 de julio de 2018. 01:42h

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Simón Shen Yeaw Ko-Embajador y representante de la Oficina Económica y Cultural de Taipéi.  21/7/2018

l término «sharp power», o poder punzante hace referencia a la capacidad de ciertos regímenes autoritarios, como es el caso de China, para traspasar su poder fuera de sus propias fronteras, tratando de influir mediante la censura, la persuasión y la manipulación sobre la voluntad de empresas, Gobiernos o cualesquiera otros actores a nivel internacional. El semanario «The Economist» lo define como el uso de «subversión, hostigamiento y presión, que se combinan para promover la autocensura». Ha habido recientes y muy llamativos casos de la puesta en práctica de esta herramienta por parte de China, casi siempre con el doble objetivo de reafirmar su poder mundial y de aislar internacionalmente a Taiwán, ignorando su soberanía.

Las acciones más llamativas se iniciaron cuando la Administración china se dirigió a la empresa hotelera estadounidense Marriott International, a la que obligó a dejar de tratar a Taiwán, Hong Kong, Macao y Tíbet como países independientes en su página web. Después las amenazas se extendieron a la marca de ropa española Zara y a Medtronic, una compañía estadounidense de dispositivos médicos, por incluir a Taiwán como nación en sus sitios web. Ambos se vieron obligados a cambiar sus webs y a ceder ante el «poder punzante» del gigante chino. Otro de los escenarios más utilizados por China para mostrar su poder ha sido el de ejercer presión sobre las compañías aéreas internacionales, incluso sobre la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA). La Administración de Aviación Civil de China exigió que alrededor de 40 aerolíneas internacionales, incluidas la americana United Airlines y la española Iberia, dejaran de referirse a Taiwán como país en sus sitios web, aplicaciones y otro material promocional amenazándolas con la adopción de medidas legales y procedimientos administrativos severos. Con esta presión, el Gobierno chino viola los mecanismos de libre comercio y las normas de la OMC que garantizan que «todas las medidas de aplicación general que afecten al comercio de servicios sean administradas de manera razonable, objetiva e imparcial». El poder punzante chino ha tomado también como objetivo Gobiernos de terceros países, así como sus ciudadanos. El caso de Australia resulta especialmente llamativo, al haberse visto involucrado en toda una trama de sospechas, grabaciones, espionaje y donaciones con intenciones confusas que han afectado a políticos, partidos y profesores universitarios, siempre con la participación de compañías o empresarios chinos. Casos como el de Australia se han dado también en Nueva Zelanda y Canadá, mientras que en Europa a través de las redes sociales China trata de influir en ciudadanos, funcionarios, políticos y legisladores de países como Alemania y Reino Unido. Estratégicamente, China ha convertido en los últimos años a los países de Europa en la llave de entrada para extender los tentáculos de su «sharp power» a las naciones del entorno de la UE. La inversión china en el puerto griego de El Pireo ha convertido a esta zona estratégica en uno de los principales puntos de entrada de exportaciones chinas en Europa, mientas que, curiosamente, Atenas opta por bloquear declaraciones de condena a Pekín en la UE. En España, los puertos de Valencia y Algeciras parecen estar también entre los objetivos de las inversiones chinas.

Los analistas se refieren ya al «collar de perlas» para hablar del control de China sobre puertos, bases militares y enclaves estratégicos en todo el mundo, para lo cual China recurre al procedimiento de la «deuda trampa», la utilización de préstamos y ayudas a países vulnerables que luego no pueden afrontar, obteniendo a cambio influencia no sólo económica, sino sobre todo en la cesión del uso de infraestructuras estratégicas. Con este procedimiento se ha hecho China con el control del puerto de Hambantota (Sri Lanka) y planea el establecimiento de una base militar en Vanuatu, lugar de interés estratégico por su cercanía a Australia, con la que China extenderá su poder militar en el océano Pacífico amenazando seriamente la estabilidad y la paz regionales.

Las redes sociales son un nuevo campo de batalla sin fronteras para desplegar el «sharp power», en este caso incidiendo sobre la intimidad de las personas y sobre las seguridad nacional de los países. Recientemente se ha conocido cómo Facebook ha permitido que cuatro fabricantes de móviles chinos accedieran a datos de los usuarios sin consentimiento explícito de estos. Mientras Facebook asegura que el acceso estuvo «controlado», los servicios de inteligencia de EE UU temen que se trate una maniobra de espionaje, y han activado todas las alarmas para investigar a fondo el caso y sus consecuencias. El Gobierno de Taiwán ha tratado de dar a conocer y poner sobre la mesa la existencia y, sobre todo, las indeseables consecuencias de este «poder punzante», y pide a los Gobiernos de terceros países afectados que hagan cuanto esté en su mano para proteger a sus empresas de amenazas e intentos de censura procedentes de China continental.

La presión ejercida por China sobre Taiwán a través del «sharp power» trata de negar la realidad de que Taiwán posee un Gobierno propio elegido democráticamente y una Constitución propia, y de que China no posee jurisdicción alguna sobre sus 23 millones de habitantes. Se trata, a todas luces, de un ejercicio propio de regímenes autoritarios que va en contra de valores que deberían ser universales, como la democracia, la libertad y los derechos humanos.

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