Todos quieren al Papa Francisco

Los principales candidatos han asimilado ideas del Pontífice para tratar de sacar rédito de su fuerte tirón entre los argentinos

Un mural de Bergolio, la figura más respetada por los argentinos, según todos los sondeos de opinión
Un mural de Bergolio, la figura más respetada por los argentinos, según todos los sondeos de opinión

La figura y el mensaje del Papa Francisco tuvieron una importante presencia en la campaña presidencial argentina. Tanto, que varios de sus conceptos e ideas fueron incorporados por los candidatos en sus mensajes partidarios. «Como dice el papa Francisco, yo propongo las tres T: tierra, techo y trabajo», expresó durante un acto proselitista el candidato oficialista, Daniel Scioli, que visitó al pontífice en julio de 2013, tres meses después de que el religioso argentino fue nombrado como Pontífice al frente de la Iglesia católica. Ese mismo año, Francisco mantuvo una audiencia con el candidato opositor del partido Cambiemos, Mauricio Macri. El dirigente conservador también se refirió en sus alocuciones al pronunciamiento del Papa, por ejemplo, acerca de la necesidad de tomar medidas para enfrentarse a las consecuencias del cambio climático. Sólo Sergio Massa, el aspirante por el partido UNA, tercero en discordia en la disputa electoral por la presidencia argentina, apareció más lejos de la figura papal, aunque durante mucho tiempo procuró ser recibido en el Vaticano y obtener una fotografía junto al pontífice.

Desde marzo de 2013, cuando el entonces cardenal Jorge Bergoglio se convirtió en Francisco, la gran mayoría de la dirigencia política argentina decidió alienarse detrás de las posturas del religioso. La presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, que en un primer discurso apenas conocida la designación papal habló de un pontífice «suramericano» y hasta debió detener una reprobación por parte de sus seguidores, modificó rápidamente su postura y en un lapso de dos años y medio logró reunirse en siete ocasiones, la última en la visita que el religioso realizó a Cuba en septiembre pasado. En 2013, durante la campaña para elegir diputados nacionales, la jefa de Estado viajó al Vaticano junto a su principal candidato al Parlamento, Martín Insaurralde, para visitar al Papa. La fotografía de aquella reunión, que fue breve, en la Plaza San Pedro, fue reproducida en carteles callejeros con el logo del gobernante Frente para la Victoria (Fpv). «Me sentí usado por gente que se presentó como amiga y vi una o dos veces en la vida», admitió el Papa en una entrevista radial difundida el pasado mes de agosto.

El Papa Francisco es, según estudios y encuestas, la personalidad más reconocida y respetada por los argentinos. Si su figura ya influía en la realidad del país desde su puesto en la Iglesia local, cuando arribó al Vaticano se transformó en un líder casi sin discusión y en un referente para políticos, dirigentes sociales y empresariales del país austral. Su opinión, por ejemplo, resultó decisiva cuando en 2014 referentes del Poder Ejecutivo y Judicial introdujeron reformas en el Código Civil y Comercial del país, el reglamento que rige las costumbres y acuerdos de los argentinos y que llevaba más de un siglo vigente. Aborto, maternidad por alquiler de vientre y otras cuestiones sociales relacionadas con cambios en la ciudadanía quedaron fuera de la modificación por recomendación religiosa.

Por primera vez en la historia del país, cinco de los seis candidatos presidenciales (sólo Scioli faltó a la cita) debatieron públicamente el pasado 4 de octubre. Una de las consignas planteadas para analizar en el encuentro fue cómo abordar el tema del aborto en una nueva administración. El único que se pronunció sobre el asunto fue Nicolás del Caño, el postulante del Frente de Izquierda y los Trabajadores, que reclamó una ley que despenalice la práctica en la que incurren, según cifras oficiales, medio millón de mujeres al año y de forma clandestina.

Para los analistas, ningún candidato quiso «enojar» al Papa Francisco en un país de mayoría católica que lo enaltece. No en vano la sociedad argentina todavía tiene un carácter conservador. Tanto es así que en mayo de 2010, cuando la presidenta Cristina Fernández aprobó el matrimonio homosexual (no entró en vigor hasta julio del mismo año), su sucesor en el FpV, Daniel Scioli, se pronunció en contra. Opinó que las uniones del mismo sexo no se podían comparar con el matrimonio tradicional. Sin embargo, el candidato de Cambiemos, Mauricio Macri, sí apoyó el paso dado por la presidenta.