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Estados Unidos

Trump endurece las condiciones de asilo en Estados Unidos

El presidente estadounidense prohibe la estancia durante 90 días a los inmigrantes que entren de manera ilegal.

El presidente Donald Trump / REUTERS
El presidente Donald Trump / REUTERSlarazon

El presidente Trump está decidido a honrar sus lemas. Aunque sea a costa de la enésima batalla legal. A falta de muro, que no llegará, y a 24 horas de la ola azul que nunca fue, buenas son las limitaciones a los inmigrantes que pidan asilo. Multiplicadas trabas que encontrarán quienes lleguen a la frontera a partir de hoy.

En una comunicación solemne, con empaque y vistazo al tendido, Trump rubricó sus intenciones. Habló, para empezar, del «sustancial número de inmigrantes que se espera que lleguen a la frontera«. Aspiran a recibir asilo, o a intentarlo, aunque «basándonos en la experiencia del pasado, la mayoría no será elegible ni podrá optar a beneficios». Muchos, además, «entraron en México saltándose la ley (algunos con violencia) y han rechazado las oportunidades para pedir asilo y beneficios en México».

Antes de reforzar con números sus propuestas, 2.000 ilegales diarios, 124.511 en 2018 vieron negada su entrada, comentó que «la masiva llegada de un gran número de extranjeros contribuirá a la sobrecarga de nuestro sistema de inmigración y asilo y a la entrada de de miles de extranjeros en el interior de Estados Unidos». En su opinión, estamos ante «una oleada de inmigración masiva», por más que las estadísticas no parezcan indicarlo, y una «crisis que socava la integridad de nuestras fronteras».

Por lo tanto, y en aras de «mantener la efectividad del sistema de asilo para los solicitantes legítimos que demuestren que han huido de la persecución y garanticen los muchos beneficios especiales asociados», prohibirá durante los próximos 90 días la entrada en EE UU a quienes hayan tratado cruzar la frontera de forma ilegal. Liquida así cualquier posibilidad de solicitar asilo y, por supuesto, envía un doble mensaje. Uno con destinatarios concretos, evidentes, o sea, los miles de inmigrantes centroamericanos que cruzan EE UU en la llamada caravana rumbo norte. Otro, más general, al pueblo estadounidense, y a sus propias bases, para dejar muy claro que cumple lo que dice y dice lo que otros políticos, por convencionales o cobardes, nunca se atrevieron. «He adaptado la suspensión», dijo, «a fin de canalizar a estos extranjeros hacia los puertos de entrada, de modo que, si ingresan a Estados Unidos, lo hagan de manera ordenada y controlada, en lugar de ilegalmente». A partir de ahora y durante los próximos tres meses quienes lleguen hasta las autoridades con o sin papeles, pero siguiendo los protocolos, «podrán, de conformidad con esta proclamación, hacer uso de nuestro sistema de asilo».

De forma suplementaria la Casa Blanca espera que la «suspensión limitada facilite las negociaciones en curso con México y otros países con respecto a los acuerdos de cooperación apropiados para prevenir la migración masiva ilegal a EE UU a través de la frontera sur».

El anuncio de la Administración Trump tuvo lugar después de tres semanas de duras advertencias a la caravana de centroamericanos. Asimismo, el presidente ha enviado a más de 5.600 militares a la frontera sur. La inmigración fue el tema estrella de la campaña de las legislativas. Estas restricciones al derecho de solicitud de asilo se basan en la prerrogativa del veto migratorio a países de mayoría musulmana. Se espera que, como ocurrió en 2017, haya organizaciones que presenten demandas judiciales para retrasar o bloquear los límites impuestos a las solicitudes, ya que las leyes del país recogen que tiene derecho a presentarla cualquier persona que pisa suelo estadounidense.

La solemne declaración no fue lo único que salió de la boca y la pluma del comandante en jefe. No olvidó, por ejemplo, a Jim Acosta. El periodista de CNN al que la Casa Blanca ha revocado el pase después de que el jueves el presidente dijera que la cadena tendría que avergonzrse por tenerle en nómina. Con redoblado orgullo, Trump amenazó con la posibilidad de retirar los permisos a otros reporteros, si bien negó que la decisión le corresponda. «Creo que Acosta es un hombre muy poco profesional», dijo, y a continuación criticó a la locutora April Ryan, de American Urban Radio Networks. Dijo que era una «perdedora» y que «no tiene ni idea de lo que hace».

Más amenazas a la Prensa

No contento con polemizar otra vez con la prensa, le llegó el turno a la ex primera dama, Michelle Obama. La anhelada, la mujer que todos los demócratas soñaron un día como candidata, tiene memorias, y al parecer afirma que nunca perdonará al actual presidente por haber alentado la teoría conspirativa según la cual el Barack Obama no había nacido en EE UU. Una mentira que gozó de enorme recorrido en su momento. Según ella, con sus mentiras puso en riesgo a su familia. «¿Y si alguien, con una mente inestable, hubiera cargado un arma y se hubiera dirigido a Washington? ¿Qué habría pasado si hubiera ido a por nuestras chicas? (...) con sus insinuaciones ruidosas e imprudentes puso en peligro la seguridad de mi familia. Y por eso no le perdonaré nunca».

Preguntado al respecto, el presidente se encogió de hombros y comentó que no le sorprende. Le han pagaron mucho dinero por escribir un libro y siempre esperan un poco de polémica. Dicho lo cual, añadió que estaba dispuesto a contribuir. A generar a su vez otra pequeña controversia, «nunca perdonaré [al presidente Barack Obama] lo que le hizo a nuestro Ejército. Estaba destruido y tuve que arreglarlo». Y así habló Trump el 9 de nombre de 2018.