Trump toma impulso en Iowa tras «fichar» a Sarah Palin

Sarah Palin dio la sorpresa al dar su apoyo público a Donald Trump en Iowa.
Sarah Palin dio la sorpresa al dar su apoyo público a Donald Trump en Iowa.

El candidato republicano aspira a convencer al electorado más conservador en las primarias del 1 de febrero gracias al respaldo de la estrella del Tea Party.

El empresario Donald Trump ha convertido la carrera republicana para elegir candidato a la Casa Blanca en una pintoresca sucesión de irreverencias y declaraciones escandalosas. Ayer logró hacer aún más inverosímil este proceso al anunciar que el «endorsement» (apoyo oficial) de Sarah Palin, la ex gobernadora de Alaska y ex candidata a la Vicepresidencia en 2008, abandera del movimiento ultraconservador Tea Party.

Para los analistas, este anuncio tiene mucho que ver con el arranque de los primeros «caucus» (asambleas legislativas), que comienzan el 1 de febrero en Iowa, un Estado donde otro de los pre- candidatos republicanos, Ted Cruz, le pisa los talones al mismísimo Trump. El apoyo de Palin serviría al magnate para quitarle apoyos a Ted Cruz, considerado dentro del partido como un elemento ultraconservador. Después de Iowa, vienen los «caucus» de New Hampshire (el 9 de febrero) y en Carolina del Sur (20 de febrero). En teoría, después de estas votaciones, los candidatos más débiles deberían abandonar y quedarse los que realmente tienen posibilidades de hacerse con la Casa Blanca. En cambio, poco sirve de guía la historia reciente de las elecciones presidenciales en Estados Unidos para entender la carrera de este año.

De momento, Trump lidera las encuestas nacionales dentro de su partido. Le separan casi 20 puntos de Ted Cruz, su seguidor inmediato. En cambio, la distancia entre ambos es muy corta en el caso de Iowa, un pequeño Estado con una importancia simbólica al ser la primera asamblea. En Iowa, un territorio con votantes tradicionales y evangélicos, Trump ha demostrado que no tiene una gran estructura de campaña, pero sí capacidad para sorprender una vez más. Tras el papel que desempeñó en la campaña de 2008, como compañera de «ticket» electoral de John McCain, nadie sabe realmente qué puede aportar Palin a Trump. Palin protagonizó en aquel momento una serie de patinazos –por su ignorancia, por algunas de sus ideas y por polémicas con sus gastos lujosos– que hicieron visible las debilidades del Partido Republicano y del candidato que se enfrentó a un pujante Barack Obama. Ahora ha vuelto a escena. Será capaz de quitarle protagonismo a Donald Trump, y probablemente juntos protagonicen uno de los tándem políticos más mediáticos en la historia de las elecciones de Estados Unidos. «¿Estáis listos para volver a hacer grande a EE UU?», preguntó ayer Palin a los asistentes a un mitin. Por su parte, Trump se mostró «honrado» del apoyo de la ex gobernadora de Alaska. «Es una amiga y una persona de gran calidad a quien tengo un enorme respeto. Estoy orgulloso de su respaldo», afirmó el magnate.

Ted Cruz, de origen cubano, se mostró desilusionado, sobre todo porque Palin le había apoyado en 2012 para el Senado. «A pesar de lo que Sarah intente hacer en 2016, seguiré siendo un gran, gran fan de Sarah Palin», indicó el senador de Texas, a quien Trump ha atacado porque Cruz nació en Canadá, si bien tiene la nacionalidad norteamericana. El magnate inmobiliario cree que si Cruz fuera nominado, los demócratas podrían impugnarle, al haber nacido en otro país.

Las aguas tampoco bajan tranquilas en el lado demócrata. Hillary Clinton, que hasta hace unos días sacaba 30 puntos a su inmediato seguidor, el socialista Bernie Sanders, ha visto reducida sustancialmente esta ventaja en los últimos días. En el equipo de la ex jefa de la diplomacia norteamericana han saltado las señales de alarma después de reconocer que nunca se esperaba que Sanders –a quien respaldó de forma indirecta hace pocos días el vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden– lograra tantos seguidores entre los jóvenes e votantes independientes. De fondo surge el fantasma de la campaña de 2008, cuando Clinton era la candidata mejor situada para ganar la nominación demócrata y acabó siendo derrotada por un senador afroamericano de apellido Obama.

Durante el último debate demócrata celebrado el pasado lunes, Hillary se presentó como la continuadora del legado del actual presidente y cuestionó la lealtad de Sanders. «Sanders criticó a Obama por recibir donaciones de Wall Street y el presidente Obama sacó al país de la gran recesión. El senador Sanders lo llamó débil, decepcionante. Incluso, en 2011, buscó públicamente a alguien que compitiera en primarias contra Obama», afirmó Clinton. En el debate, el último antes de las primarias, se evidenció que la propuesta de Clinton es «seguir construyendo sobre el legado» de Obama, mientras que Sanders quiere encabezar una «revolución política».

La ex secretaria de Estado defendió con ahínco la gestión económica del presidente demócrata y también su reforma sanitaria, que consideró «uno de los mayores logros de Obama, del partido y del país». En este sentido, acusó a Sanders de querer romper la ley sanitaria conocida como «Obamacare», con su propuesta de sistema sanitario universal, presentada poco antes del debate televisivo.

Al mismo tiempo, los simpatizantes del senador han demostrado que tampoco se arrugan, y que tan desastrosa podría ser la candidatura de Sanders como la de Clinton. Ellos tampoco la apoyarían. La revolución política que pide Sanders ha calado entre sus votantes y en las encuestas, al situarse a nivel general en un 38% frente al 51% de Clinton. Según los últimos estudios de opinión, en New Hampshire, Sanders estaría seis puntos por delante de Hillary Clinton. Mientras, en las elecciones presidenciales empataría con Ted Cruz, perdería contra Trump por cinco puntos y contra el senador de Florida Marco Rubio también por el mismo resultado. Empieza un año en el curso político de Estados Unidos en el que cualquier cosa puede pasar.