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Túnez celebra un lustro de libertad amenazada

La única excepción de la Primavera Árabe rememora el fin de la dictadura en plena crisis política y bajo la alerta yihadista.

  • Varias tunecinas celebran el quinto aniversario de la caída de la dictadura en la avenida Habib Bourguiba, en la capital, con cánticos y gritos.
    Varias tunecinas celebran el quinto aniversario de la caída de la dictadura en la avenida Habib Bourguiba, en la capital, con cánticos y gritos.
Beirut.

Tiempo de lectura 4 min.

15 de enero de 2016. 01:13h

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Beirut. 15/1/2016

Hace cinco años que miles de tunecinos, cansados de una dictadura y con aspiraciones de democracia, salieron a las calles de la capital para exigir un cambio de Gobierno y la instauración de plenas libertades. Un lustro después, y pese a los acontecimientos violentos que se desarrollaron tras el derrocamiento de Zine el Abidine Ben Ali, los tunecinos pueden alzar orgullosos la cabeza por los cambios que ha protagonizado su país en estos años. Algo de lo que no puede presumir el resto de países que experimentaron la Primavera Árabe.

El país magrebí ha logradoequilibrar las demandas de una sociedad plural dividida entre laicos e islamistas. Los esfuerzos realizados por la transición democrática, enmarcados en el Cuarteto Nacional de Diálogo de Túnez, le han valido al pequeño Estado árabe el Nobel de la Paz de 2015. Sin embargo, el camino para alcanzar el estatus democrático ni es fácil ni está exento de algunos obstáculos que siguen haciendo tropezar al país. Las primeras elecciones libres en 25 años, que se celebraron en 2012, le dieron la victoria al partido islamista En Nahda, que capitalizó el poder político dejando a un lado los principios de la revolución tunecina. Túnez vivió entonces un año de inestabilidad política que amenazó con echar al traste los sacrificios invertidos para la transición. A la crisis política se sumó la amenaza latente del yihadismo con los asesinatos de los políticos laicos Chokri Bel Aid y Mohamed Brahmi. No obstante, a diferencia de Egipto, donde el Gobierno islamista de Mohamed Mursi fue sustituido por otra dictadura militar o del caos reinante en la vecina Libia, la nueva generación de políticos tunecinos y la sociedad civil tomaron el camino del diálogo e impidieron que el país acabase descarrilando. El envite lo ganó el Cuarteto del Diálogo, formado por grupos sindicales de la Unión General Tunecina del Trabajo, la Confederación de Industria, Comercio y Artesanía de Túnez, la Liga de Derechos Humanos y la Orden Tunecina de Abogados.

En 2014, Túnez volvió a celebrar elecciones generales y el partido Nida Tunis, del actual presidente, Beji Caid Essebsi, se convirtió en la primera fuerza política. Sin embargo, la sombra del terrorismo puso de nuevo en jaque la estabilidad. Un año más tarde, una serie de atentados contra intereses turísticos acabó con la vida de 72 personas, 60 de ellas extranjeros. La ola de ataques yihadistas terminó por destruir la principal fuente económica del país: el turismo. Durante estos años, el Estado Islámico ha tratado de extender su influencia en Túnez, haciendo peligrar de nuevo la transición.

Estos días, otra crisis política amenaza con desestabilizar al Gobierno. Las divisiones internas en el partido mayoritario han provocado la renuncia de 37 de los 84 diputados de Nida Tunis y han dado un giro al panorama político, poniendo al partido islamista En Nahda como primera fuerza parlamentaria con 69 de los 227 diputados. Los islamistas poseen ahora tres carteras ministeriales frente a la única con la que contaban en 2015. A pesar de la fragilidad política, del auge del islamismo radical, de la rampante economía y del elevado desempleo, miles de tunecinos se congregaron ayer en la avenida Bourguiba de la capital –lugar donde se desarrolló la revolución– para celebrar «la huida del dictador y seguir creyendo en la esperanza».

Con motivo del quinto aniversario de la revolución, Essebsi, concedió ayer una amnistía a 1.609 presos. Gesto que no eclipsa la brutalidad policial. Amnistía Internacional recordó ayer que «la represión, la tortura en los interrogatorios y la muerte de detenidos bajo custodia han vuelto a repuntar en Túnez». La única excepción democrática de la Primavera Árabe tiene aún un largo camino por recorrer.

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