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Una poeta y canciller ecuatoriana para presidir la Asamblea de la ONU

  • Espinosa, ministra de Exteriores
    Espinosa, ministra de Exteriores

Tiempo de lectura 4 min.

31 de marzo de 2018. 22:09h

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Ángel Sastre 31/3/2018

Llegó la hora de Latinoamérica. La región presidirá a partir de septiembre próximo la Asamblea General de las Organización de las Naciones Unidas (ONU), durante el 73° período de sesiones, y Ecuador apuesta fuerte postulando de candidata a Presidente a su ministra de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana, María Fernanda Espinosa.

La conducción del denominado "parlamento mundial" va rotando anualmente por sus correspondientes países miembros y a través de las regiones del planeta. A América Latina le toca el turno este año y hasta 2019. En el período actual, el 72°, el presidente es Miroslav Lajcák, ex ministro de Asuntos Exteriores en Eslovaquia.

Espinosa aspira a dirigir el organismo deliberativo de la ONU, al cual conoce por haber representado allí a su país durante dos etapas, 2008-2009 y 2015-1017, en las oficinas de Ginebra y Nueva York. Además, suma a su andadura internacional haber dirigido la Unión Mundial por la Naturaleza (UICN) para América del Sur, de 2000 a 2005.

En Ecuador, acredita una militancia dilatada en el progresismo que comenzó de joven en colectivos ciudadanos, atravesó distintos grupos políticos y desembocó como cofundadora de la socialdemócrata Alianza País, que en las elecciones de 2006 aupó a la Presidencia a Rafael Correa, quien le confió, sucesivamente, tres ministerios.

"Tengo casi 30 años de experiencia internacional, más de 20 años de experiencia multilateral, fui ministra de Defensa, dos veces Canciller, ministra de Patrimonio Cultural y Natural, y embajadora en ONU. Creo que esa experiencia la puedo poner al servicio de la Asamblea General y de los 193 estados miembros", afirma la postulante.

La candidata de Ecuador competirá en la carrera por el cargo con otra mujer latinoamericana, la embajadora de Honduras en la ONU, María Elizabet Flores. Pero la ecuatoriana argumentó que esta vez le toca a países del sur porque "es el momento para distribuir de manera igualitaria la representación de las subregiones y que haya una representación de Suramérica".

Hay que remontarse casi 20 años atrás para hallar al último suramericano que presidió el cuerpo, el uruguayo Darío Opperti, en 1999. En cambio en 2003 y 2008 hubo representantes del Caribe y Centroamérica: Julian Robert Hunte, por Santa Lucía, y Miguel D' Escoto, sacerdote católico y sandinista que en 1979 llegó a Canciller del gobierno revolucionario en Nicaragua.

Argentina, por su parte, dirigió la Asamblea General en 1988 con Dante Caputo, entonces Canciller del gobierno del Presidente Raúl Alfonsín. Y en 1948 mediante José Arce, embajador del gobierno del Presidente Juan Domingo Perón.

En mayo próximo Espinosa y Flores deberán presentar a los embajadores en la ONU sus respectivos programas de trabajo y propuestas concretas. Y para junio se prevé que sea la votación en el hemiciclo del organismo internacional, ubicado en el barrio neoyorquino de Manhattan.

"Hay muchos apoyos a Ecuador de varias regiones, incluso de países de fuera de Suramérica y del Caribe, eso nos llena de entusiasmo", indicó la actual Canciller del gobierno del actual Presidente ecuatoriano Lenin Moreno, aunque no quiso dar detalles de las adhesiones que podría recibir.

En un adelanto de sus planes de tareas, la representante de Quito anticipó que se propone "acercar las Naciones Unidas a la gente" así como "facilitar la respuesta rápida y efectiva de la Asamblea General frente a situaciones emergentes" y "convocar reuniones de alto nivel sobre cuestiones de actualidad y de importancia para la comunidad internacional".

Espinosa, de 53 años, se graduó en lingüistica en la universidad católica de Quito, obtuvo un doctorado en geografía ambiental en la universidad de Rutgers, Nueva Jersey, Estados Unidos, y cursó masters en antropología y ciencias políticas en la FLACSO. Es considerada una especialista en asuntos ambientales del Amazonas y derechos indígenas.

A la vez, desde joven se dedica a la literatura y destaca como poetisa. Caymándote (1990), Tatuaje de selva (1992), Loba triste (2000), Antología (2005) son los libros que concentran su obra publicada, que fue reproducida, entre otras, en las revistas Alforja e International Poetry Review, de México y los Estados Unidos. En 1990 obtuvo el Premio Nacional de Poesía de Ecuador.

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