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Viktor Orban: El caballo de Troya de Putin en la UE

El primer ministro magiar no esconde su admiración por el presidente ruso, el arquetipo de hombre fuerte y popular

  • El primer ministro húngaro, Viktor Orban / Foto: Efe
    El primer ministro húngaro, Viktor Orban / Foto: Efe

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21 de mayo de 2019. 17:01h

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T. Aroche.  21/5/2019

En el verano de 1989, Viktor Orban se subía a un escenario en Budapest para pronunciar un discurso frente a 250.000 personas. El entonces desconocido joven de 26 años era el líder de un nuevo partido llamado Fidesz. Levantó a la multitud pidiendo para Hungría elecciones libres y la retirada de las tropas soviéticas de un país esa misma tarde declaró «libre de ocupación».

El que fuera un líder estudiantil defensor de la democracia, ateo y de izquierdas es 30 años después el arquetipo de lo que él mismo ha bautizado como «democracia iliberal». Sus críticos le acusan de ser un autócrata, de amordazar al Parlamento y de controlar los medios de comunicación. El hombre que usa la democracia para torpedear la democracia. «Orban demuestra la fragilidad de los derechos humanos y lo irresistible que resulta el nacionalismo y populismo en esta parte de Europa», asegura Agnes Vadai, diputada en el Parlamento húngaro por Coalición Democrática. El primer ministro niega públicamente todo tipo de acusaciones que le señalan como un peligro para la democracia, pero lo cierto es que el pasado julio el Parlamento Europeo activó los procedimientos disciplinarios del artículo 7 contra Hungría, aduciendo que Budapest podría poner en riesgo los valores fundamentales de la Unión Europea.

Vladimir Putin ha encontrado en Orban a su hombre fuerte en la UE, opositor incansable de las sanciones impuestas a Rusia por parte su anexión de Crimea en 2014. Su estrecha relación no es bien vista por Bruselas. El líder húngaro se ha posicionado entre un nacionalismo étnico y una corrupción profundamente arraigada en su círculo más próximo. Orban está ganando terrero reformulando valores europeos que se consideraban ya conquistados, cuestionando la idea de unidad europea o el espacio Schengen.

Una de las prioridades de Orban ha sido rodearse de líderes políticos fuertes y lo suficientemente polémicos como para acaparar portadas y abrir telediarios. Hace una semana se reunió con Matteo Salvini, el controvertido ministro del Interior italiano: mismas políticas contra los inmigrantes y refugiados, pero sin reacciones hasta ahora por parte de Bruselas. «Lo más preocupante no es que los dos dirigentes sean populistas, sino su falta de moral política. Siempre están dispuestos a utilizar cualquier artimaña para vencer y llegar al poder», asegura Vadai. En plena gira, el primer ministro magiar viajó a Washington para encontrarse con el presidente Donald Trump. Entre halagos e intercambio de impresiones públicas alardeando cada cual de sus políticas antiinmigración, demostraron la buena sintonía existente entre ambos.

Ni la oposición, dividida y ensimismada en luchas internas, ni las advertencias de la UE y organizaciones de derechos humanos hacen dudar a Orban. Su control político sobre Hungría roza el 75% de aceptación. En Budapest aún no hay nadie capaz de cuestionar a aquel joven que conquistó la capital del país con un discurso a favor de la democracia.

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