«Ismael»: Salir de la anestesia

Director: Marcelo Piñeyro. Guión: Verónica Fernández, Marcelo Figueras y M. Piñeyro. Intérpretes: Belén Rueda, Mario Casas, Sergi López y Juan Diego Botto. España, 2013. Duración: 110 minutos. Drama

Nadie comprende a nadie, nadie quiere pararse a pensar para entender los motivos ajenos.

Nadie comprende a nadie, nadie quiere pararse a pensar para entender los motivos ajenos. Por ejemplo, de un joven que decide poner tierra de por medio para ayudar a otros adolescentes igualmente perdidos. Vivimos, viven, lo dice Piñeyro, encapsulados, con una especie de anestesia en el alma que nos impide pensar, temer o amar demasiado, porque amar duele, porque cuando amas quizá es cuando más daño haces, porque perdonar al otro y a ti mismo cuesta horrores, porque, en el fondo, si estamos emocionalmente dormidos, no sufriremos. La madre de Félix lleva una existencia que, de fachada al menos, parece estable y llena de sentido, aunque esté sola cuando termina de trabajar y tenga un hijo (Mario Casas, que ha madurado gracias a este filme, y eso va más allá de la cojera y la barba), que, también solo, habita un lugar destartalado a muchos kilómetros de distancia junto al mar y todavía, cuando se acuerda, sufre por una mujer a la que abandonó por cobardía. Pero un niño decide viajar solo para conocer a su verdadero padre y dinamitará la acción de «Ismael», una película intimista que apela a la emoción intentando no pisar tierra demasiado abiertamente sensiblera (lo que consigue, en buena medida, gracias a las valiosas escenas que comparten Belén Rueda y Sergi López en un principio de romance aunque ella tenga recelo), donde todos los personajes parece que, de pronto, comienzan a decidir que ya es hora de cambiar. O de abrir los ojos lentamente.