La niña más precoz

Wallis, de 9 años, opta a mejor actriz por «Bestias del sur salvaje»

Esta entrevista se realizó el pasado mayo, cuando Benh Zeitlin, que debuta en la ficción con «Bestias del sur salvaje», ni siquiera sospechaba lo que se le venía encima. Vale, sí, había ganado el Gran Premio en Sundance y Cannes lo había acogido con un caluroso aplauso (obtuvo allí la Cámara de Oro), pero ni en sus sueños más resplandecientes hubiera imaginado que una película como ésta, con un millón y medio de dólares de presupuesto, rodada en régimen de cooperativa, habría acabado su trayectoria con cinco nominaciones al Oscar. «El guión siempre estuvo abierto a la colaboración de sus protagonistas, adecuamos las situaciones a sus propias vivencias y a su manera de hablar. Y la gente de Nueva Orleans nos acogió como si fuéramos su familia», afirmaba orgulloso Zeitlin.

Ese sentimiento de comunidad solidaria contamina el espíritu de un filme que, también, es el documental antropológico de una zona de Norteamérica que, a pesar de haber sufrido en sus carnes una catástrofe, ha sabido mantenerse a flote uniendo esfuerzos y esperanzas. Nativo de Nueva York, Zeitlin se trasladó a Nueva Orleans en 2006, dos años después de dejarse fascinar, como joven mochilero, por la idiosincrasia de la cultura «bayou». «No sé cómo definir lo que me atrajo», confiesa. «Es un lugar sobrenatural donde lo mágico convive en armonía con lo real. Supongo que eso convierte a sus habitantes en gente tan especial y hospitalaria, tan dispuesta a compartir». Es inevitable que el escenario que presenta nos recuerde al huracán Katrina, aunque Zeitlin evite hacer alusión al desastre. «Claro que pensé en ello», admite, «cuando ruedas en Nueva Orleans te das cuenta de que no puedes separarte de la naturaleza. De ahí su papel de catalizador del drama», protagonizado por dos actores no profesionales (Quvenzhané Wallis, la niña, es la nominada más joven de la historia de los Oscar en la categoría de ¡mejor actriz!) que, además, es una «monster movie» que no se avergüenza de serlo: las criaturas que acechan a la heroína dan el pego, y eso que son crías de jabalíes agrandadas en posproducción.