Guerra al rescate

Tras un año mareados en un carrusel de primas de riesgo, resulta que tenía razón la canciller: «Un rescate lo tiene que solicitar Rajoy». Y no lo quiere ni lo querrá a no ser que vuelva a caer la banca

MUY CERCA DE NOSOTROS. De la misma forma que hay consenso en la evacuación de Afganistán, es urgente no dejar solo a Hollande e implicar en esta guerra a la OTAN
MUY CERCA DE NOSOTROS. De la misma forma que hay consenso en la evacuación de Afganistán, es urgente no dejar solo a Hollande e implicar en esta guerra a la OTAN

Si no me falla la memoria (que fallará), cuando el presidente Zapatero cayó del caballo en su camino a Damasco y admitió que la crisis existía, la ominosa posibilidad de un rescate total de España ni se comentaba ni se consideraba. El rescate como película de terror comenzó con el mandato de Mariano Rajoy, el levantamiento de alfombras oficiales, el crujir de gavetas en las mesas de los despachos y el escudriñamiento de los discos duros. Los «pendrives» evidenciaron que la nueva vía socialista manejaba una economía virtual en la que hasta el déficit estaba trucado con la deuda de las autonomías. Por acción y omisión llevaban siete años mintiéndonos, al menos el presidente, Pedro Solbes y Elena Salgado. Miguel Sebastián se mentía a sí mismo.

Sobre la quiebra en 2008 de Lehman Brothers Holdings, cuarto banco de inversión de EE UU, nuestro anterior Gobierno no tuvo nada que decir. Zapatero estaba relamiéndose del puyazo del «matrimonio homosexual», epifenómeno ideológico. El escenario cambió en lo que se tarda en leer un balance y la «troika» comunitaria evaluó el coste de la salvación española con la todopoderosa Angela Merkel de valedora. Hubo posiciones dispares en el Gobierno de Rajoy y pronunciamientos inconexos, pero el presidente se preparó una barricada mental contra un rescate que nos inundaría de más sufrimientos que los recortes ya producidos y que nos esperan este año. Rajoy es galaico, pero no es un hombre frío y algo le dolerá cuando toda esta zozobra sea historia y no se le reconozca el empecinamiento de ceñir el rescate sólo a la colmena bancaria. Las noticias en negativo y a posteriori tienen mal encaje en los medios y nadie va a titular «Rajoy evitó el rescate».

Tras casi un año mareados en un carrusel de primas de riesgo, resulta que tenía razón la canciller: «Un rescate lo tiene que solicitar Rajoy». Y no lo quiere ni lo querrá a menos que se vuelva a caer la banca. El presidente y su equipo han evitado el daño principal con un dique de economía de guerra que resultaba inevitable al ser una imposición de la UE. Los dañados considerarán que Rajoy es un fracaso, pero si miramos por el telescopio con las lentes en su sitio, el primer año del presidente ha sido un doloroso éxito. ¿Un brote verde? Que este Gobierno ha parado un rescate de los mil diablos.

Mientras mirábamos la «Primavera árabe», tornada en invierno fundamentalista, diferentes etnias bajo la marca Al Quaeda han encendido el noroeste africano en unas dimensiones territoriales y guerreras desmesuradas. Mientras los servicios de inteligencia occidentales, OTAN, CIA y la Agencia Nacional de Información estadounidense, parecen ignorar la prevención centrándose en hechos consumados, los islamistas se han apoderado de dos tercios de Malíi(uranio) y avanzaban sobre la capital de Bamako hasta que el presidente Hollande ha salido en solitario del vodevil con sus dos mujeres ante un teatro de operaciones de influencia francesa que va de Mauritania al Chad, de Senegal a Camerún, con la inquietante toma de rehenes en las fronteras argelinas.

LA HISTORIA SE REPITE

Reedición de las Cruzadas pero en nombre de Alá. Los aliados de Francia ofrecemos ayuda logística y pasos aéreos pero lo que se ve en las mesas de arena de los juegos de guerra es otro Afganistán sin habernos retirado todavía del fracaso que devolverá a los talibanes a Kabul. No sé si la historia se repite, pero la historia militar, sí. Los arsenales del desorden libio han armado esta algarabía africana, y contra guerrillas bien pertrechadas no acaban de ser eficientes los bombardeos aéreos, los carros, los Predator y la infantería de élite. Y una guerra con secuestros, por los que París, sabiamente, no paga, soliviantan a la opinión pública. De la misma forma que hay consenso en la evacuación internacional de Afganistán (incluso en adelantar el calendario) es urgente no dejar solo a Hollande e implicar en esta guerra que será larga, a la OTAN, la Unión Europea y la Organización de Estados Africanos. Imagínense que la Yhidad, el salazismo, el wahabismo, el islamismo radical se apoderan de un Estado ya constituido como Malí (aunque sea un Estado fracasado) a una pedrada de avión de las Canarias. Francia está en estado de emergencia y los demás iremos detrás. Oswald Splenger: «A la postre es un pelotón de soldados quien salva la civilización occidental».