Sisu: el secreto finlandés para superar los desafíos

Estas son las claves de la filosofía nórdica para crecerse ante los problemas y afrontar la vida con éxito

Aurora boreal en Finlandia/ Dreams.

En estas semanas cada uno de nosotros hemos sorteado como hemos podido más de una pérdida, dificultades y cientos de problemas. Sin embargo empezamos a correr el riesgo de ser intolerantes a las restricciones ahora que empezamos a recuperar muchas libertades con los cambios de fase. La impaciencia crece pero no debemos bajar la guardia porque la infección continúa a la vuelta de la esquina.

No debemos rendirnos ahora que la meta es cada vez más visible: cada piedra que hemos superado y todo nuestro esfuerzo son logros de los que nos deberíamos sentir muy orgullosos. Como siempre, las batallas más importantes son las que entablamos con nosotros mismos.

En Finlandia, país de temperaturas extremas, tienen un término que puede ayudarnos y es sisu, la capacidad que todos poseemos de superar incluso aquellos desafíos que nos parecen insuperables.

Sisu es el término que etimológicamente proviene de las palabras “dentro” o “interior”, y por ello aparece a veces traducido como “tener fuerza interior” o “tener agallas”. Sisu va más allá de tener fuerza de voluntad, es la energía “visceral” de la resistencia humana.

Los finlandeses usan este vocablo para ese afán de superación que ha marcado su historia y que en la actualidad se emplea como la energía que se necesita ante la adversidad. De hecho, en Finlandia aseguran que ejercitando el sisu como si fuera un músculo, siempre lo tendremos a punto. Todos tenemos momentos en los que tenemos que ir más allá de lo que creemos posible y es entonces cuando sale de nosotros esa fuerza especial que nos permite continuar.

En Finlandia tienen tan interiorizado el sisu que el Ministerio de Asuntos Exteriores del país ha creado un emoticono propio para este concepto: una mujer que rompe una roca con el puño.

Sisufinland.fi

Como seres humanos no solo somos todos igualmente vulnerables al infortunio (como esta pandemia ha puesto en relieve), sino que compartimos una fuerza interior muchas veces dormida a la que podemos acceder en tiempos difíciles. En el mundo actual donde la tecnología y la impaciencia nos hacen querer todo ya, esta impotencia acaba produciendo sufrimiento. Sin embargo, las personas con sisu aprenden a perseverar con cabeza. La filosofía del sisu se opone al sentimiento de resignación y recalca la importancia de trabajar la aceptación en las cosas que ocurren durante el proceso. Si somos perseverantes aprenderemos a descartar las emociones negativas que restan energía y no dependen de nosotros.

El sisu entra en juego cuando uno se enfrenta a desafíos extremos, como escalar el Everest sin bombonas de oxígeno, pero también es la fuerza interior que nos puede servir de ayuda para enfrentarnos a los problemas de la vida diaria. El sisu contribuye al bienestar mental y físico y ayuda a comunicarnos con las personas de nuestro entorno, tener éxito laboral e incluso nos puede ayudar a encontrar la felicidad.

Ahora que tenemos ganas de volver a salir, abrazar y besar pero debemos apelar a nuestro sentido cívico, el sisu se podría comparar a esa rayita de reserva del tanque de combustible del coche que nos empuja a buscar una gasolinera y nos ayuda para llegar a ella.

Por lo tanto sisu es la capacidad de ir más allá de nuestros hábitos, es el conjunto de resistencia y coraje. Es la pasión y la determinación del corredor del maratón cuando le falta tan solo un kilómetro de carrera.

Sin embargo demasiado sisu puede volverse destructivo al provocar agotamiento y desconexión. Puede hacer que las personas acepten desafíos demasiado difíciles o se exijan demasiado a sí mismos o a sus seres queridos. El sisu tiene que ir acompañado de benevolencia y compasión hacia nosotros y los demás.

Tener sisu significa saber enfrentarse y salir transformado ante las adversidades

¿Cómo logramos el sisu?

Con honestidad. Tenemos que tener unas bases sólidas y saber cuáles son nuestros valores que no nos podemos permitir renunciar. Tener sisu no significa emperrarse en las cosas con cabezonería, significa defender nuestros valores y hacer lo que creemos que merece la pena. Actuar como se piensa y se siente para no llevar una doble vida es tener calidad humana y sin embargo, no es tan fácil de conseguir como parece.

Con templanza. Hay que aprender a gestionar el estrés y a que los problemas no nos paralicen. Tenemos que tener la capacidad de sangre fría necesaria para focalizar las soluciones e ir por ellas. Si bien el estrés puede activarnos en un momento dado, vivir estresado genera sentimientos de saturación y de no ser capaz de afrontar el día a día. Al no saber gestionarlo podemos provocar problemas para dormir, problemas sexuales, digestivos, del corazón e incluso respiratorios.

Con ilusión. Cada persona tiene que encontrar qué es lo que le mueve: conseguir un ascenso, abrazar a sus padres… sin sueños ni metas no podemos sacar la fuerza suficiente para mantenernos firmes ante las circunstancias más adversas.

Con capacidad de aprendizaje. Si no somos capaces de aprender y tropezamos siempre con la misma piedra, nunca seremos capaces de partirla en mil trozos como el emoticono del gobierno finés.

Con tenacidad. Es nuestra pura fuerza de voluntad, aquella que no nos permite abandonar. Procrastinar o el “dejar para mañana” los problemas no sirve más que para apagar nuestro sisu. Esta cualidad va unida a la inteligencia emocional, ya que el conflicto es parte de la vida y por eso tenemos que aprender a gestionarlo con mente y corazón.

Con resiliencia. Tener agallas ante una situación crítica no supone solo sobrevivir a la misma, sino saber recuperarse e incluso salir reforzado. Es natural sufrir o sentirnos tristes, pero tenemos que ser capaz de ver más allá del momento y salir del sufrimiento pese a los obstáculos.