El corte de digestión, ¿de verdad ocurre?

Te contamos hasta qué punto es necesario tener cuidado.

¿Es un cuento chino de nuestras madres y abuelas eso de tener que esperar dos horas después de comer para darnos un baño en la playa o la piscina? ¡Según cómo se mire! Si tenemos sangre “vikinga” y, a pesar del calor del verano, somos capaces de ingerir grandes cantidades de comida, sí. Si no, la cosa no es tan “tremenda”. Es la conclusión (explicada de una forma muy llana) a la que hemos llegado a partir, por ejemplo, del consejo de la doctora Adelaida Sánchez, Jefe de Servicio de Pediatría del Hospital Quirónsalud Marbella, quien, en referencia al corte de digestión, sobre todo, recomienda “cautela”.

El corte de digestión o hidrocución (que es el nombre científico que se da a este problema) es, según el diccionario de la Real Academia Española, un síncope producido por inmersión brusca en agua fría que puede producir la muerte. Con esta definición, el alarmismo es patente pero conviene aclarar ciertas cosas. Para empezar, según la doctora Sánchez, hay que saber que los síntomas más habituales del corte de digestión o hidrocución son “fácilmente identificables”, . “El afectado suele presentar palidez, escalofríos, visión nublada, mareos, náuseas y vómitos”, señala la experta. Y ¿por qué ocurre esto? Es sencillo. El proceso de digestión requiere mayor cantidad de sangre en nuestro estómago y cuando el organismo entra en contacto con agua a baja temperatura se produce una redistribución del torrente sanguíneo. Esa redistribución tan repentina es la que puede provocar las sensaciones descritas.

Lo bueno de todo esto es que en verano, debido a las altas temperaturas, nuestro cuerpo no necesita comer tanto como en invierno para generar calor y energía. Y, como dice la doctora, si se ha comido ligero, basta con ir aclimatando el cuerpo al agua e introducirnos de manera escalonada en la playa o piscina. Según el Ministerio de Sanidad hay que ser precavidos con los cortes de digestión. Lo más recomendable es ducharse antes de introducirse en el agua para facilitar la aclimatación térmica del organismo que evitará cortes de digestión y otras complicaciones. Ahora bien, si, como decíamos al comienzo de este artículo, la comida que hemos hecho ha sido muy copiosa, conviene esperar antes de meterse en el agua. Si no lo hacemos, podemos sufrir malestar, náuseas o mareos al bañarnos. ¿Qué haremos entonces? Como indica el doctor José María Sesín Maldonado, del Servicio de Atención Continuada del Hospital Quirónsalud, es conveniente que salgamos del agua y permanezcamos en reposo, mejor con las piernas en alto. Además, convendría solicitar ayuda sanitaria precoz, pues los casos graves de corte de digestión o hidrocución requieren una intervención urgente con un protocolo específico. En definitiva, como indicábamos al principio, la cautela, tanto a la hora de elegir nuestras comidas en verano como a la hora de darnos un baño, es la mejor de las recomendaciones.