Cómo gastar tu dinero para ganar felicidad

Cuando la autoestima de las personas está ligada al nivel económico su felicidad suele verse resentida. Estos son los consejos para que ganar dinero no te lleve por el camino de la amargura.

Felicidad y bienestar general
La felicidad se encuentra en experiencias y no en bienes materiales FOTO: La Razón La Razón

Te compras una caja de donuts. El primero te sabe riquísimo, el segundo está muy bueno y el tercero, ya ahíto, lo comes solo por gula. Tienes el fin de semana libre y decides darte una maratón de la nueva temporada de tu serie favorita. Seguramente al quinto episodio la ilusión inicial ya haya desaparecido y la serie empieza a cansarnos. ¿Te suenan estas situaciones? Con el dinero sucede lo mismo.

Hemos nacido en una sociedad consumista en la que gastar forma parte de nuestra cultura. Tan solo cuando viajamos a algún país en vías de desarrollo nos damos cuenta que nuestra relación con el dinero no es todo lo sano que debería.

Estamos acostumbrados a comprar bienes para satisfacer necesidades materiales; el problema surge cuando esas necesidades no son reales y pensamos que por comprar un teléfono móvil cada año vamos a ser más felices.

Estudios científicos recientes han demostrado una y otra vez que los seres humanos somos bastante malos prediciendo lo que nos hará felices. Por eso, no es ninguna sorpresa que la mayoría de nosotros nos gastemos el dinero en cosas que creemos que nos traerán satisfacción pero que en realidad acaban dejándonos como estábamos o incluso peor.

En la cuarentena, mucha gente ha empezado a ahorrar por primera vez al no poder salir y comprar cosas superfluas. Un gran porcentaje de la sociedad no consigue ahorrar un euro a final de mes y da igual cuál sea su sueldo, adaptan su nivel de gastos al de ingresos. Ya se ha demostrado que vivimos a tan solo dos nóminas de la pobreza.

Y sin embargo, comprar por comprar no solo no proporciona felicidad sino que nos mete en un agujero vacío de tristeza. No es que sea cierta la frase de “el dinero no da la felicidad”, pero sí que solo convirtiendo cada compra en un regalo excepcional, disfrutaremos gastándolo.

Y trabajar para ganar más para gastar más se acaba convirtiendo poco a poco en un bucle envenenado que tan solo daña a nuestra autoestima. Las personas que se centran tan solo en el dinero están más desconectados de familiares y amigos y se acaban sintiendo deprimidos y marginados.

Entonces al final ¿será cierta la premisa de el dinero puede comprar la felicidad? No es del todo cierto, buscar dinero o desear lograr el éxito financiero no es el problema. Aquí la gente se divide entre los que dicen que sí y los que afirman que puede que no, pero que se llora mejor en una casa grande. El problema se encuentra en que el dinero nunca debe ser el objetivo final, sino en saber gastarlo para satisfacer nuestras necesidades de autonomía (saber que podemos elegir qué comprar), competencia (sentimiento de dominio) y tener tiempo para disfrutar de nuestras compras.

Nuestro dinero sí puede servirnos para hacernos felices. Por ejemplo, aunque nuestro ideal de felicidad sea vivir en una casa en las afueras con jardín, tener que conducir todos los días una hora hasta el trabajo o pasar todos los domingos cortando el césped puede hacernos sentir un estrés difícil de contrarrestar.

Comprar sin tener

Hay que tener cuidado con las compras trampa: la felicidad momentánea del hoy con el dinero del futuro. Es fácil pedir créditos y endeudarnos por cuarenta años, desde hipotecas hasta préstamos personales, total, se pagan poco a poco ¿no?. Cuando te endeudas estás hipotecando tu futuro. Estás comprando algo que no te puedes permitir con la promesa de pagarlo con trabajo que harás en los próximos meses o años. Estás adquiriendo un compromiso que va a limitar tu capacidad de maniobra de ahí en adelante.

La felicidad se encuentra en controlar los gastos y en poder pagar las cosas con dinero ahorrado, sin pensar en que si perdemos el trabajo mañana no podremos hacer frente a nuestros gastos. Es mejor comer en veinte restaurantes de diez euros que no en uno de doscientos que nos vaya a agujerear la economía mensual.

Además, permitirnos pequeños placeres con frecuencia (ya sean cosas materiales como experiencias) nos hará más felices que gastar todo en una única gran compra.

Da igual que te compres una casa que un deportivo, dentro de poco se convertirá en parte de tu vida y dejarás de darle importancia, como sucede a los niños el Día de Reyes, que están tan saturados de regalos que no valoran ninguno de ellos.

Trabajar para ganar dinero y saber ahorrar parte de éste para posibles problemas y para darnos caprichos es la clave de la verdadera felicidad. Además, las personas que tienen autocontrol y son capaces de postergar una recompensa inmediata a cambio de una gratificación mayor pasado un determinado periodo de tiempo son socialmente más competentes, muestran una mayor eficacia personal y son más capaces de afrontar las frustraciones de la vida, tres habilidades que te contribuirán a que seas más feliz.