Sexo: si tienes más de 30, el mundo es tuyo

Con la edad la sexualidad mejora y con estos consejos, tus experiencias bajo las sábanas alcanzarán niveles mucho más elevados.

Nunca debemos dejar de querer aprender y experimentar, ni en la vida personal ni en la sexual. El aprendizaje sexual puede conseguir que mejores tus artes amatorias y que los orgasmos (tanto los tuyos como los de tu pareja) sean más intensos. Al madurar no solo tu cuerpo cambia, sino también tu dimensión erótica.

El sexo es básico para todos los humanos, y esta afirmación está respaldada por la ciencia. Al crecer nos damos cuenta que muchas de las ideas preconcebidas que teníamos en la juventud no funcionan, y es que la experiencia sexual es un grado que no implica necesariamente posturas locas o juguetes, sino una comprensión de ciertos detalles que harán más feliz tu vida y la de tu partenaire del momento.

Con el tiempo aprendes a quererte más, a conocer mejor tu cuerpo y a no tener vergüenza en decir lo que quieres. También privilegias calidad sobre cantidad. Ya no se piensa en “quedar bien” sino en tener momentos genuinos que valgan la pena.

Más comunicación, mejor sexo. No hay nadie adivino, y lo que le gustaba a tu pareja anterior no tiene porqué volver loca o loco a la actual. Dile a tu compañero (o compañera) lo que prefieres y pregunta para saber qué le vuelve loco a él. Sin tabús ni convencionalismos. Hay que mantener una mente abierta y saber que no hay nadie que pueda garantizarte mayor intimidad que tu propia pareja.

Hacerlo para volverlo a hacer. Cuanto menos sexo practicamos, menos ganas tenemos de seguir haciéndolo. Y hay que recordar que el sexo es necesario para relajarse, mejorar el humor, disminuye el estrés y la irritabilidad, mejora la calidad de la piel, libera toxinas, quema calorías… ¿necesitas más motivos para activarte?

Crea un buen estado de ánimo. Dejar el sexo para la noche, antes de acostarse, cuando estamos cansados después de un largo día laboral no es la mejor idea para estimular la líbido. Hay que innovar con los juegos previos para no caer en la rutina y no acabar teniendo experiencias decepcionantes.

Explora bien las zonas erógenas. En términos generales, las zonas erógenas son las que más terminaciones nerviosas tienen, pero ir siempre directo a ciertas zonas básicas, como pueden ser los genitales pueden acabar por matar el deseo de tu pareja. Es mejor no ir como dice el dicho popular “a saco Paco” y explorar el cuerpo de tu pareja con masajes, cosquillas, plumas..

Tu órgano sexual más importante es el cerebro. No hay que subestimar el poder de la mente. Las fantasías adecuadas pueden predisponerte favorablemente para un rato de pasión. El sexting, por ejemplo, es una herramienta poderosa para ir anticipando los juegos que vas a tener después entre las sábanas. Una llamada de teléfono o un mensaje durante el día seguro que no interrumpe tu ritmo labora, pero sí puede proveer un poderoso estímulo erótico.

Besos nasales. La sexualidad también está ligada al olfato. En algunas culturas neozelandesas sigue existiendo el beso nasal, que consiste en aspirar el aroma de la pareja. Oler su cuello o su cuerpo desata en nuestro cerebro una respuesta inmediata gracias a las hormonas sexuales, las feromonas. Este “olor del amor” modifica nuestro ritmo cardíaco y ondas cerebrales conduciéndonos a un estado de excitación, y tras el sexo, a uno de relax y tranquilidad. De hecho, estas hormonas son tan potentes que las firmas de colonias más importantes han incorporado feromonas artificiales en sus perfumes.

La importancia de los juegos sexuales. No hay nada que mate más la pasión que la rutina, sobre todo si estás en una pareja estable. Muchas veces se establecen horarios para hacer el amor: por la noche, los sábados, a la hora de la siesta del domingo… rompe con esta regla y experimenta nuevas fórmulas. Acaricia su pierna cuando estéis en un restaurante con amigos, tócale de manera provocativa mientras vais en el coche, inicia un encuentro sexual en la cocina antes de preparar la cena. No hay nada más estimulante que saber que deseas y que eres deseado.

Quiérete a ti mismo. Es difícil olvidar las inseguridades que todos tenemos con respecto a nuestro propio cuerpo, pero de verdad, nadie está escaneando imperfecciones mientras se tiene sexo. Cuando se está excitado, las personas experimentan una especie de cóctel neuroquímico que nos nubla. Es el momento de divertirse y de sentir, y no de estar pensando en defectos.

Experimenta con distintos ritmos. A todos nos gusta jugar, y desde niños lo consideramos parte del desarrollo humano. ¿Por qué no divertirnos también en la cama?. Disfrutar no implica solo penetración, sino acrecentar el deseo con juegos distintos. Provocar a la pareja y sorprenderla hará que aumentes tu propio nivel de excitación. ¿Cómo saber si pruebas algo nuevo si le va a gustar? Simplemente, observa su reacción. Un día puedes probar a lamer un líquido de su estómago. Otro, sorprender con lencería distinta. Otro, prueba a taparle los ojos. Las variaciones pueden ser explosivas.

No finjas. No solamente estarás perdiendo el tiempo sino que además acabarás frustrada. Y como estás engañando a tu pareja, ésta no tiene manera de saber que no estás disfrutando como deberías y en el próximo encuentro reproducirá eso que no te gusta. Y si es un amante ocasional, no finjas tampoco ¿para qué alabar su ego si no te está satisfaciendo?. Si no conectas con tu pareja, hay que ser sincero y decírselo de manera clara. Las personas no tenemos un libro de instrucciones universales.