Diccionario de la imbecilidad contemporánea

¡Hay que ver qué malos son todos y que poco se parecen a mí....!

Amigo: persona de carne y hueso que conocimos corporalmente hace mucho y que hoy en día no pretendemos ni toleraríamos por indecoroso en estado físico sino exclusivamente en psíquico, telemático o gaseoso.

Fascista: Para ser un progre completo, profesional, con todos sus aditamentos y complementos un individuo necesita un fascista confortable y mullidito en el que apoyarse, con el que apuntalar su identidad. Y claro, es tal el deseo, que no tardará en encontrarlo allá donde sus ojos giren… como Quijote cuando se pretendía caballero andante y encontraba gigantes malévolos a su paso y hasta se peleaba con ellos.

Fiestas: espacios físicos en los que se solazaban los individuos del siglo XX desarrollando su falsos roles sociales (socializando y emparejándose). Hoy, focos infectos y suprimibles de reproducción coronavírica, por la interacción de personas de carne y hueso y de cuerpo impunemente presente.

Fumar: costumbre ancestral considerada de mal gusto en el siglo XXI pero totalmente inmoral en la nueva normalidad por ser vehículo y transmisor oficial COVID 2020 exhalando no ya humo sino una muerte lenta y dolorosa.

Madrid: tierra condenada al ostracismo por cometer el nefando delito de no votar a Pedro Sanchez que ha visto reducidos sus derechos y cuyos habitantes son tratados como bestias. Los dizque “madrileños”, no somos de Madrid pero amamos esta cosa a medio hacer y en ocasiones a medio derruir que nos admite a todos, y que por admitir, admite a un sujeto como Sánchez en su nómina de residentes.

Madrileño: mi marido dice la izquierda está empeñado en convencer a los españoles de que el madrileño es el eslabón perdido entre el austrolopithecus y el mono. ¿Es el madrileño una especie a extinguir?. Yo no diría tanto, pero políticamente hablando, en el imaginario del gobierno, monstruos de siete cabezas, brazos en alto y monjas alféreces, los madrileños nos alzamos como el enemigo a abatir.

Mascarilla: en la nueva realidad, la mascarilla es una forma de pensar y razonar, basada en supuestos informales y, frecuentemente, sobrenaturales, o ideas carentes de fundamentación empírica robusta. Básicamente consiste en atribuir un efecto a un suceso determinado, sin existir una relación de causa-efecto comprobable. La consecuencia es que el sujeto (o el grupo social) se pliega ante relaciones causales no conectadas entre sí, y que el consenso científico no acepta como válidas.

Nacionalismo: conozco psiquiatras que lo consideran un trastorno, debilidad mental o paranoia de muy difícil tratamiento, dado que utiliza el delirio como razón esencial de sus tesis. Otros, como Schopenhauer, lo consideran simplemente la imbecilidad de convencerse de que un lugar es mejor que otro porque uno nació en él: “Todo imbécil execrable, que no tiene en el mundo nada de que pueda enorgullecerse, se refugia en este último recurso, de vanagloriarse de la nación a que pertenece por casualidad.”

Niño: Corona de nuestra ancianidad, esperanza de nuestra envejecida sociedad, los pequeños son esos deliciosos seres altamente infecciosos, e inimputables independientemente de su conducta, que los adultos preferimos amar en la distancia, estabulados en sus correspondientes colegios pase lo que pase.

PCR: molestísima práctica nasal en virtud de la cual uno queda confinado diez días si está enfermo de COVID (recibiendo la libertad sin mediar una PCR negativa que la amerite) y veinticuatro días si no está enfermo.

Pecado: (del latín peccātum) es la transgresión voluntaria y consciente del statu quo progre. Por extensión, se denomina pecado a la defensa de los derechos individuales como la libertad de expresión y la libertad de prensa, el libre mercado, la propiedad privada, la separación de poderes y el Estado de derecho.

Pedro Sánchez: Presidente por descarte que, para mantenerse, cede el futuro de su país a extremistas de izquierda y a independentistas fanáticos, con discurso populista y facilón de aparente gran preocupación por las minorías y las mujeres, todos maltratados por varones capitalistas de derechas. Aunque lo fascinante de nuestro presidente, lo verdaderamente extraordinario es su facialista, amigos, ese talento de la cosmetología y el láser que ha transformado el rostro nacional peor tratado por el acné juvenil en el culito de un bebé.

Política: Yo diría que hoy en día la política es sobre todo cinismo; eso y la repetición incansable de una idea ridícula e infantil: hay que ver qué malos son todos y que poco se parecen a mí....

Tacones: Los zapatos de tacón, igual que los circos, el humor o los menús de lunes a viernes, son indicadores de consumo muy s XX, que han caído en desuso en el siglo XXI, periodo que comienza verdaderamente en tras el COVID.

Teletrabajo: la conciliación y la deslocalización gracias a las nuevas tecnologías han sido conceptos deseados durante años por las sociedades occidentales que, por acción de la pandemia, hemos alcanzado plenamente; llegados a este punto, con miles de profesionales trabajando en chándal, sin ducharse y sin afeitar, detestándose con su pareja y lo que es mucho peor, picando entre horas ¿es bueno el teletrabajo?

Terrazas: espacios urbanos de descanso y refrigerio de los seres humanos en su edición física donde tienden a desfogarse otros homínidos también corpóreos pero denostables, fustigables, vituperables y dignos de martirio y expulsión porque fuman.

Virtud: tejido conectivo líquido, ue circula por los capilares, venas y arterias de todos los vertebrados de izquierdas empezando por Pedro Sánchez que produce cambios físicos como una voz en los adultos de bebé recién eructadito y cambios psíquicos como un excesivo y constante celo por la sensibilidad del tonto.