Manual perfecto para arruinar una primera cita

Causar una mala impresión es más fácil de lo que crees si no tienes un poco de cuidado. Con estos consejos no te aseguramos el amor pero sí parecer más carismático y atractivo.

La complicidad se mata tan fácilmente como difícil es conseguirla
La complicidad se mata tan fácilmente como difícil es conseguirla

Has tenido una primera cita y parecía haber ido muy bien, pero no has vuelto a saber nada de esa persona. O sí te ha contestado a algún mensaje, pero de manera fría, distante o a las tres horas, cuando antes hablabais todos los días y te respondía enseguida. ¿Qué puede haber pasado?

Hay veces en los que la otra persona puede huir por motivos que nunca llegarás a conocer, y no merece la pena que analices obsesivamente los mensajes o ese encuentro, pero hay otras en que puede haber características tuyas que hayan hecho que tu cita haya puesto pies en polvorosa. Ser atractivo no se trata solo de la apariencia, sino que hay comportamientos que mostramos ante los demás que pueden arruinar una primera impresión positiva.

Estos son algunos de los hechos que te pueden arruinar tus planes de volver a ver a ese crush especial:

Dar demasiados datos sin conocerse, como explayarse en tus problemas con las pústulas o la adicción al juego que casi te arruina en el pasado.

Hablar demasiado de uno mismo. Es verdad que una primera cita sirve para conocerse, pero una conversación no debe convertirse jamás en un monólogo para inflar tu ego. Interrumpir a tu pareja cuando está hablando para meter una anécdota de tu adolescencia que crees que es divertidísima tampoco te ayudará a ganar puntos.

Mentir. Es verdad que por agradar podemos resaltar facetas positivas nuestras, incluso agrandándolas, pero es vergonzoso cuando olvidas lo que dijiste en algún momento y te traicionas, o directamente, caes en la mentira y te pillan.

Hablar mucho de dinero. Tan malo es alardear de todo lo que tienes que estar llorando por la falta que te hace. La economía es un tema un poco tenso para sacar en una primera cita.

Ir desaseado. ¿En serio tan apurado ibas de tiempo que no te dio tiempo a ducharte, cambiarte de ropa o lavarte los dientes?? No, la halitosis no es atractiva en ninguna cultura del mundo.

No vestir de la manera adecuada. No puedes vestir igual si vais a cenar a una pizzería que si vais a dar un paseo por el Retiro. ¿Qué es lo que más odiamos en el otro?

Ellos: que vistan con camisetas con eslóganes provocativos, sexuales o demasiado infantiles.

Ellas: que parezcan mata-haris con exceso de joyería, maquillaje y ropa provocativa.

No tener modales. Eructar con la cerveza o comerte entera la ración para compartir te hace parecer un ansias grosero, no una persona natural y educada. Si haces eso en una primera cita ¿qué te dejarás para la segunda?

Hablar mal de los ex. La experiencia dice que alguien que define como “locas” a todas sus ex, o que te cuenta de los planes de venganza que tiene con su futuro ex marido al que “va a arruinar y sacarle todo lo que pueda” es una persona tóxica. Igual que habla de ellos así, lo acabará haciendo de ti. Lo mejor es huir.

Presumir de tus proezas sexuales. Hay un refrán que dice “el que mucho presume, de mucho carece”. Y con esto queda todo dicho.

Mirar demasiado el teléfono. ¿has quedado con una persona o solo es una excusa para subir fotos a Instagram? Que te interrumpan todo el rato para contestar whatsapp o se evadan mientras tú languideces al otro lado de la mesa no es nada conveniente. Nunca. Mucho menos en una primera cita.

Ser demasiado callado. Hay estudios que demuestran que las personas calladas, misteriosas, introvertidas… tienen más puntos para que les den calabazas que los que son capaces de relajarse y hablar de uno mismo. Es difícil perder la timidez, pero siempre hay temas comodines que pueden servir para romper el hielo (si no nombras ni al coronavirus es para hacértelo mirar).

Presumir de tu vida perfecta. Las personas positivas agradan a todo el mundo, pero alguien que se define como completamente satisfecho o describe su felicidad de manera exagerada puede ser visto como vanidoso o arrogante. Echarte demasiadas flores puede acabar contigo enterrado en ellas.

Ser intolerante con las diferencias. Vivimos en un mundo muy polarizado, pero mostrarte inflexible ante ciertos aspectos puede dar la imagen de déspota. “Desprecio a los que les gusta el reguetón”, “los vegetarianos son unos locos, donde esté un chuletón…”

Ser un niño de papá. Tener una primera cita en casa de tus padres, o llevarte a tu madre a la cena te hará llegar a Nunca Jamás más rápido que Peter Pan .

No le agobies con mensajes. Un “me lo he pasado genial contigo hoy” es fantástico. Acribillarle a mensajes “qué tal has llegado a casa, estoy pensando en lo de hoy, ya te vas a acostar, a qué hora te levantas, cómo te has levantado, cuándo sales del trabajo, te llamo en la pausa, sigo pensando en ayer”… tanta intensidad da pereza hasta para leerlo.

Pasarte de gracioso. Contar chistes todo el rato o sin venir a cuento no hará que te aprecie como el fichaje perdido del Club de la Comedia, en serio.

Y todo lo contrario. No tienes que ser capaz de contar chistes para demostrar que puedes reír, a veces premiar a tu pareja con una sonrisa por su frase ingeniosa es más que suficiente. La risa transmite seguridad y confianza en uno mismo, además de hacerte más atractivo. Alguien que nunca sonríe es triste y siniestro, directamente.