¿Y si meditáramos como lo hacían nuestras abuelas?

Mejor nos irían las cosas.

En la imagen, una abuela asomada a la ventana.UnsplashUnsplash

Yoga, mindfulness, baños de bosque... ¿Y si el secreto de la verdadera meditación, al margen de en estas disciplinas y técnicas, estuviera en el desarrollo de actividades placenteras? No cabe duda de que las tres cosas que mencionamos tienen cantidad de beneficios. No solo para la mente sino también para el cuerpo. Pero si de lo que se trata es de vivir el aquí y el ahora, ¿no es cierto que esto lo hacemos automáticamente cuando nos vemos inmersos en una tarea agradable? ¿Qué ocurriría entonces si meditásemos como nuestras abuelas?

“Yo sin hacer yoga ya meditaba y hacía control mental”, dice a sus 83 años, Julia Cueto. “Meditar es pararse a pensar, a discernir cómo son las cosas”, sostiene. “Yo me quedaba hasta las tantas en casa con un flexo y hacia punto de cruz con música”, asegura. “¡Y leer! ¡Yo he leído que ni se sabe!”, apunta. “Eso es meditar”, señala. Y no le falta razón. El centro de recompensas en nuestro cerebro libera un neurotransmisor llamado dopamina cuando hacemos algo agradable. Y de esta manera es inevitable vivir el momento.

En la imagen, una abuela tejiendo.Daniel KahnertCortesía de We Are Knitters.

El psicólogo Mihaly Csikszentimihalyi así lo defendió en una conferencia TED en 2004. “Cuando estamos involucrados en algo que requiere creatividad, sentimos que estamos viviendo más plenamente que durante el resto de nuestra vida”, afirmaba. “Sabes que lo que necesitas hacer es posible de lograr, incluso si se trata de algo difícil, así que la sensación de tiempo desaparece. Te olvidas de ti mismo. Te sientes parte de algo mucho mayor”, agregaba.

“Cuando alguien empieza a crear, su existencia fuera de esa actividad se suspende temporalmente", aseveraba el experto. “No le queda suficiente atención para monitorear cómo se siente su cuerpo, o sus problemas en casa. No siente hambre o cansancio. Su cuerpo desaparece”, añadía.

Por todas estas razones, se ha calificado el “knitting” como el yoga del siglo XXI. Tejer es una actividad creativa que nos mantiene absortos. We Are Knitters, como ya sabrás, se dedica a la venta de packs de lana (con ovillos, agujas ergonómicas, patrones y etiquetas incluidas). Llevan años dedicándose a esto, pero sin duda la cuarentena les dio un empujón. Pepita Martín y Alberto Bravo, sus fundadores, han visto cómo las ventas han aumentado como nunca antes. Ellos facilitan al consumidor todo el material necesario para dar rienda suelta a su creatividad y enseñan a tejer y manejar agujas y patrones a través de vídeos que suben a su página web.

Ayudemos a nuestros mayores

Ahora Innocent, una marca de batidos de fruta 100% naturales, organiza en España por segundo año ‘el gran gorrito’, una cadena solidaria que invita a tejer pequeños gorritos de lana. Una vez recopilados los gorritos tejidos, Innocent los coloca en sus botellas y con cada venta, dona 20 céntimos a la empresa Adopta Un Abuelo, que lucha para combatir la soledad de nuestros mayores. A través de una colaboración We Are Knitters, Innocent presenta unos patrones para que sea más sencillo participar y difundir la campaña solidaria entre la comunidad de tejedoras de esta exitosa empresa española.

En la imagen, una abuela muestra su gorrito de lana.Daniel KahnertCortesía de We Are Knitters.

Formar parte de esta cadena solidaria es muy sencillo, solo hace falta tejer los gorritos siguiendo los patrones y enviarlos antes del 31 de diciembre a la Fundación Juan XXIII Roncalli. Iniciativas como ‘el gran gorrito’, que promueve el bienestar y cuidado emocional de muchos mayores, son ahora más que nunca muy necesarias. Guadalupe, “la abuela de dragones”, que se hizo viral por comentar Juego de Tronos, es imagen de la campaña.