• Carmen Lomana con sus hermanos Carlos y María José el día de Navidad
    Carmen Lomana con sus hermanos Carlos y María José el día de Navidad

Carmen Lomana: Amigos para siempre

Y se nos fue otro año... Me gustaba porque termina en 8, que junto al 7 son mis números favoritos. Para mí ha sido un estupendo año, con mucho trabajo y los disgustos normales de la vida, del día a día, porque quién ha dicho que la vida sea fácil. Siempre tendemos a pensar que la vida de los demás es mejor que la nuestra, que en el trabajo son injustos y no nos valoran lo suficiente... Como dicen los ingleses, que el césped del vecino siempre está más verde que el nuestro, pero no debería ser así. Si cada día hiciésemos el ejercicio de quedarnos con todo lo bueno que nos ha ocurrido, seguro que algo habría. Siempre pienso en los niños, no puedo soportar la idea de verles sufrir y por eso intento ayudar en todo lo referente a ellos. Es curioso que estos días celebramos el nacimiento de Jesús, que vino al mundo rodeado de una gran pobreza, y lo hacemos con la enorme contradicción de gastar como si no hubiese un mañana en regalos y comida. No me parece mal, pues es condición humana darnos homenajes de vez en cuando para nosotros mismos y para los demás. Se supone que lo hacemos desde un momento de gran alegría para celebrar donde todo comenzó, al menos desde nuestra cultura occidental y cristiana. Si preguntásemos a las generaciones de menos de treinta años, ¿creen que realmente conocerían el verdadero sentido de estas fiestas? Esta semana estuve viendo un musical precioso, «33», escrito por un sacerdote muy progresista, Tono Casado, de cuya música también es autor. 33 son los años en los que Jesucristo abandonó su hogar para dedicarse a la vida pública y a predicar la palabra de Dios en compañía de sus doce apóstoles. Viví una anécdota que me ha dejado muy sorprendida y no puedo dejar de pensar en ella. Una chica joven nos comentó que no le había gustado porque no entendía nada. No conocía el personaje de Jesús ni su trayectoria de vida; no tenía ni idea de lo que en mi época de colegio se llamaba estudiar Historia Sagrada. Pensé, ¿cómo puede ser esto en nuestro país? Y el productor de la obra me contestó: «Es que ahora en los colegios no se estudia religión». Se refería a los colegios públicos. Uno siempre imagina que si has nacido en el seno de una familia cristiana y estás bautizado al menos tus padres deberían enseñarte y guiarte por la historia de tu religión y después cada uno que decida cuáles son sus creencias. Es una cuestión de cultura. Yo no soy budista, pero conozco la historia de Buda; también la del profeta Mahoma, tampoco soy comunista pero he leído «El capital». Me preocupa una sociedad que solamente sea tecnológica e internauta, que en poco tiempo nadie estudie filosofía, historia, latín... Imagino a millones de ciudadanos pegados a un ordenador o tablet que les abre una ventana al mundo virtual pero que desconocen lo que es la tertulia, el intercambio de pensamiento, la charla filosofando sobre la vida y nuestra mismidad y me inquieta. Así que cada día me gusta más reunirme con amigos para disfrutar de la vida, como hice la semana pasada organizando una comida en casa para mis compañeros de «MasterChef». Fue maravillosos volver a recordar esa etapa de grabaciones y angustias, pero también de mucho disfrute. Con Santiago Segura tengo debilidad por su humor inteligente y ácido, que me divierte tanto; mi adorado Mario Vaquerizo; Dafne; Paula Prendes, con su enorme belleza; Jaime Nava, que todo lo que tiene de grande y guapísimo lo tiene de corazón y ternura; Óscar Higares, el amigo que todos quisiéramos tener, me regalo unos pendientes maravillosos; Boris, con esa dulzura y swing caribeño que enamora... No tendría espacio en esta columna para enumerar todas las virtudes de mis amigos. A ellos y a todos mis lectores les deseo un 2019 lleno de salud, trabajo y amor.