• Tres grandes amores. Con Carlos Goyanes (en la imagen) estuvo casada tres años. Le dejó por el bailarín Antonio Gades, del que se enamoró perdidamente hasta que él la abandonó por otra. Massimo Stechini es su compañero desde hace 30 años
    Tres grandes amores. Con Carlos Goyanes (en la imagen) estuvo casada tres años. Le dejó por el bailarín Antonio Gades, del que se enamoró perdidamente hasta que él la abandonó por otra. Massimo Stechini es su compañero desde hace 30 años / gTres

El secreto a voces de Marisol

Unos escritos inéditos de Paco Umbral revelan cómo la artista le confesó que abusaron de ella desde los 8 años

Hubo un tiempo en que Marisol se igualó a Joselito: fue la niña de oro del franquismo y cada l8 de julio, entonces Fiesta Nacional, nunca falló a la recepción oficial y conmemorativa que había en El Pardo. A doña Carmen Polo le encantaba porque daba la imagen de una España joven, moderna, grande y libre. Claro que la procesión, o el trauma, iba por dentro revestido por Pertegaz. Y ahora lo han resucitado, que no descubierto, gracias a unos escritos inéditos de Francisco Umbral exhumados. Aunque Pepa era tímida y reservada habló de cómo la explotaban.

Según parece, Marisol llegó a realizarle confesiones desvelando cómo la maltrataban sin que sus padres ni siquiera pusieran reparos. «Me llevaban a un chalé de El Viso –una de las zonas más exclusivas de Madrid– y allí iba gente importante, personajes del Régimen que iban a verme desnuda a mí y a otras niñas», fue una de las confesiones de Marisol, un desahogo muy fuerte avalado por la seriedad del escritor desaparecido, que nunca las publicó quizá a causa de la censura o considerándolas problemáticas.

Pero ahora lo hace «Vanity Fair», que no evita ninguno de los escabrosos detalles. Según el delicado escrito que recoge las quejas y lamentos de Pepa Flores, por parte de los Goyanes –don Manuel, padre de Carlos, fue su descubridor–, padeció desprecios como mandar a su madre a comer en la cocina cuando les invitaba la familia a comer a su casa y ellos lo hacían en el comedor servidos por doncellas. Todas estas manifestaciones aseguran que salieron de boca de Marisol y que lo contó varias veces sin que nadie osara difundirlo.

Eran otros tiempos. Da que pensar que la hiciesen dormir en la misma cama que ocupaba la entonces amante de Goyanes padre, personaje que durante su larga etapa relacionado con el «show bussines» despertó mucha polémica por su forma de tratar al artisteo. Umbral asegura que Marisol le contó cómo el empresario realizaba actos sexuales en su alucinada y juvenil presencia. En su tiempo ya se comentaba, y era de lo que más se debatía en el Café Gijón, entonces auténtico ágora del mundo de la farándula, que tomando un café tenían derecho a pasar allí la tarde de tertulia en tertulia cortando trajes a los colegas o sentarse en las mesas que dan a Recoletos, auténtico escaparate que propiciaba la admiración de cuantos por allí pasaban y se acercaban a las grandes cristaleras oteando cómo aquello estaba de caras conocidas.

Arturo Fernández era adicto, lo mismo que Pepe Bódalo, José Rubio o Carlos Larrañaga, que fue mi introductor en aquel reducido pero selecto ámbito artístico. Allí empezó mi interés por el artisteo, algo que medio siglo después mantengo, aunque ya no exista parte de ese mundo encantador y fantasioso. Lo conservado por Umbral tiene evidente valor documental y testimonial. Nadie imaginaba que esto se airearía cuarenta años más tarde como un evento histórico.

Que de eso va, aunque los contemporáneos cuestionan que Marisol fuese tan desdichada, ya que acabó casándose con Carlos Goyanes, quizá siguiendo unas ordenes que actualmente resultan difíciles de entender. Quedó bien con Dios y con el demonio. Los dos la disfrutaron, según dice un rumor que pese a los años no ha perdido efecto. Su boda no funcionó después de que un médico les asegurase que no tendrían hijos, aunque cada uno por su lado tuvieron un par.

Pepa y Carlos se separaron enseguida y su carrera empezó a languidecer por sus malas películas, siempre explotando los ingenuos ojos al menos de apariencia, de una estrella a quien pusieron a competir con Rocío Dúrcal, chamberilera inventada por Luis Sanz, el mejor de los manager, que lo mismo producía la versión fílmica de «Las leandras», con Celia Gámez y Esperanza Roy, que publicaba unas divertidas memorias en las que aupaba a Vicente Parra como el mejor galán cinematográfico y por eso interpretó «¿Dónde vas, Alfonso XII?».

El secreto a voces de Marisol

El escabroso tema tiene para dar y contar incluso después de que Pepa se retirase con solo 33 años, aunque hace años lo retomó llevada por Paco Gordillo, creador de Raphael. Estuvo con ella desde l972 al 80, según me precisa su viuda Soledad Jara. Triunfaron con «Háblame del mar, marinero», pero no interpretando en la tele una mediocre versión de la lorquiana Mariana Pineda. Tampoco gustó su película sobre el Molino Rojo barcelonés. Harta del medio, Paco Gordillo le proporcionó las canciones de Manuel Alejandro tal «Tu nombre me sabe a hierba», resultado de un romance con Joan Manuel Serrat.

Viví aquello e hice guardia ante la casa que en Bagur les prestó la fotógrafa Colita, un chalé del que no salieron ni a comprar durante una semana. El gran Antonio Gades pretendió quitarla de actuar y recuerdo que en una de sus actuaciones liceístas ella lo esperaba aburrida en el camerino porque le prohibió hablar con los medios y le riñó al verla conmigo. Eso no es leyenda, que yo soporté y compartí aquello. Buscó refugio y distanciamiento en su Málaga natal y vive por el paseo Marítimo teniendo por vecina a María Teresa Campos.

Ya nadie vuelve la cabeza para verla pasar, algo mas rellenita de cómo la recordamos. Es una pena que tomase tal resolución porque todos guardamos un magnífico recuerdo de sus años fílmicos incluso alternando en Hollywood donde «Satirísima» fue gran protagonista hasta que se cansó de que siempre le diesen papeles de mujer latina. Actualmente no hay nadie que se les asemeje y las jóvenes actrices, las que lo son además de guapas, carecen de la personalidad, estilo y ganas de hacerse un nombre.

Uno repasa los repartos e imágenes de nuestras estrellas y no queda más remedio que añorar aquellos años 60, cuando las carteleras estaban encabezadas por Sara Montiel, la pobre Carmen Sevilla, la inigualable Lola Flores o Paquita Rico. Carmen acaba de cumplir 88 sin enterarse y personalmente no sé qué me duele más: que sus carnes hayan caído o que les falle la cabeza ya sin recordar su nombre ni grandeza artística. Suena a maldición gitana, lagarto-lagarto.

El secreto a voces de Marisol
El engaño de la portada más célebre de «Interviú»

Hasta tres veces ha publicado «Interviú» su portada más célebre y ninguna de ellas contó con el beneplácito de la protagonista. Aunque lo verdaderamente denunciable, que lo fue, es el engaño en origen de aquellas fotografías que fueron publicadas y que el propio autor, César Lucas, ratificó el motivo por el que se hicieron y cómo fueron portada y reportaje interior sin que ni siquiera él lo supiera. Fue Goyanes quien le contrató para que hiciera el «book» necesario para el cásting de una película con Alain Delon. El productor pedía fotos de la actriz desnuda y ella se prestó. Las fotos permanecieron en la agencia de César Lucas durante seis años hasta que las compró «Interviú» para el lanzamiento de la revista. Aquel número, aquella primera portada de 1976 rozó el millón de ejemplares vendidos, pero Marisol no percibió ni una peseta. Si hubiera sido un posado... Lucas nunca pensó que serían portada y, aunque Marisol no le demandó, sí lo hizo de oficio la Fiscalía por atentado contra la moral, y ella sacó la cara por él.