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Anna Duriskaya, el juguete sexual de Boris Nemtsov

Anna Duriskaya, el juguete sexual de Boris Nemtsov
Anna Duriskaya, el juguete sexual de Boris Nemtsovlarazon

Cuando se conocieron, Anna Duriskaya estaba inscrita en una lista de novias por catálogo que se ofrecía a los oligarcas rusos, aunque quería forjarse una carrera como modelo.

La modelo ucraniana Anna Duritskaya es la única testigo presencial del asesinato del año. Su amante, el opositor Boris Nemtsov, fue acribillado a tiros por la espalda la madrugada del viernes al sábado en pleno centro de Moscú, mientras que ella resultó ilesa. En cuestión de minutos su relación de casi tres años, hasta entonces secreta, saltó a la primera plana mundial. Nemtsov no sólo era un opositor relativamente conocido (llegó a viceprimer ministro con Yeltsin a finales de los noventa), también era un hombre acaudalado, de buena presencia y con fama de mujeriego. El político llevaba 20 años casado, si bien se había separado hacía tiempo. Algunas fuentes apuntan que Anna y Boris se conocieron en un viaje a Turquía, lo que es seguro es que la joven, de 23 años de edad, 32 menos que él, estaba por entonces inscrita en una lista de novias por catálogo para hombres que buscan esposa a través de agencia. En el anuncio aparecían sus medidas: 1.77 m de altura y una figura de 88x63x89. La agencia más conocida de Kiev es la de Peter Listerman, «el alcahuete de los oligarcas», que organiza citas de mandatarios y empresarios con jóvenes modelos frustradas, una situación relativamente habitual en Rusia y Ucrania. «No me hace falta buscar a las chicas, son ellas las que acuden a mí. Tengo una base de datos de entre 20.000 y 30.000, aunque sólo 50 o 60 son lo suficientemente buenas para presentarlas a oligarcas. Sinceramente, no sé qué hacer con el resto», presumía Listerman en una entrevista en 2012 al «Kiev Post».

Orígenes modestos

Anna se crió en una familia modesta en el pueblo de Belaya Tzerkov, en la región de Kiev, donde de adolescente ganó el concurso de «Miss Otoño». «Desde la Secundaria quería ser modelo. Era una chica normal y agradable, todavía lo es», narra su novio del instituto, Anatoli Kuchma. Tras terminar la escuela se mudó a la capital, a un piso compartido con amigos para estudiar Económicas en la universidad. Anna trató en aquellos años de meter la cabeza en el mundo de la moda, donde por ahora no se le conocen hitos de relieve, más allá de algún pinito en pasarelas locales o anuncios ocasionales de cosmética por internet. Tras graduarse, probó suerte en empleos relacionados con su especialidad, el comercio, la administración y la secretaría, sin demasiada fortuna tampoco. Pero entonces apareció en su vida Nemtsov... «Se enamoró a una edad temprana, pero era el amor de su vida, y no por interés económico. Es cierto que la trataba muy bien», relata la madre, enfermera, que inicialmente se opuso a la relación por la diferencia de edad, como reconoció en una entrevista a la televisión ucraniana. «Cuando me enteré de con quién estaba saliendo Anna, por supuesto que me quedé desconcertada, pero, cuando le conocí en persona, me convenció. Parecía un hombre sencillo y la hacía feliz», recuerda la madre a Nemtsov, quizá el político ruso más respetado en Kiev, pues defendía la devolución de la anexionada península de Crimea y denunció la intervención rusa en la guerra en Donbás.

Como amante, era desprendido y solía agasajar a la joven con regalos caros. La pareja se veía a caballo entre Moscú y Kiev, donde él poseía apartamentos en el centro, además viajaban regularmente a Europa. El opositor tenía ya cuatro hijos con tres mujeres diferentes, su esposa (de 56 años), una periodista y la que fuese su secretaria, y regateó al quinto cuando llamó a su puerta. A finales de 2013 le pagó a Anna (que por entonces tenía 21 años) un viaje Suiza para que se sometiese a un aborto en una clínica de lujo tras un embarazo no deseado fruto de su relación, información corroborada por la madre, si bien aclara que «no fue motivo de desencuentro en la pareja». Según el testimonio de amigos, tenían pensado irse próximamente a vivir juntos de forma estable, pero entonces llegó la tragedia. El viernes pasado Duritskaya viajó de Kiev a Moscú, donde Nemtsov la recogió en el aeropuerto de Sheremetevo, antes de pasar la mayor parte del día en el apartamento de él. Anna acudió por la tarde a un spa, mientras Boris se sometía a una entrevista, y se citaron por la noche en el restaurante Bosco de la Plaza Roja. El político había denunciado recientemente amenazas de muerte, si bien forman casi parte de la rutina de opositores y hombres de negocios en Rusia, y Nemtsov era ambas cosas. Sólo en 2008 presentó ingresos de 8 millones de euros en su declaración de la renta. A la salida del restaurante, en el camino de regreso al apartamento, el político fue abatido a tiros por la espalda. Murió en el acto. Sucedió a escasos 100 metros de la celebérrima catedral de San Basilio, en el puente justo tras la Plaza Roja. La primera llamada de Anna fue a su madre, que afirma: «Estaba llorando, decía que acababan de asesinar a Boris y que el cuerpo estaba tendido a su lado. Se encontraba en tal shock que no podía decir nada más, repetía una y otra vez: mamá, han matado a Boris». La modelo desmintió que el crimen pudiese tener que ver con un triángulo amoroso, como sugirieron algunas fuentes en primera instancia. Sin embargo, su testimonio, como única testigo, se convirtió en el eje de la investigación, sobre todo después de que fuentes policiales filtrasen contradicciones en su historia. Inicialmente declaró que no vio nada, que todo sucedió a su espalda, pero terminó reconociendo que el sicario no disparó desde un coche en movimiento sino desde la acera (y se subió posteriormente al vehículo) y que sí le vio la cara, por lo que pudo colaborar en la elaboración de un retrato robot. Además, la modelo se negó a someterse a la prueba del polígrafo y testigos presenciales desmienten su versión de que pidió a Boris regresar al apartamento en taxi. De hecho sucedió al revés, fue ella quien insistió en volver a pie. El lunes por la mañana, Anna denunció en una entrevista de televisión por Skype que estaba siendo retenida por la Policía rusa contra su voluntad pese a ser sólo testigo y no imputada. Quería regresar a Ucrania para visitar a su madre que, según dijo, estaba enferma, si bien concedió una entrevista a la televisión ucraniana.

Duritskaya dudaba que le fuesen a permitir acudir al funeral de su novio, que se celebraba el martes a mediodía en Moscú. Sin embargo, horas antes de las exequias, el lunes por la noche, tomó un vuelo a Kiev y desde entonces parece haber desaparecido de la faz de la tierra. Ha borrado sus perfiles en todas las redes sociales y su teléfono no da señal, además sus fotos en minifalda han desaparecido del catálogo de la agencia de modelos con la que solía trabajar.