• Gastrotecnología, cuando la comida se pasa la pantalla

Gastrotecnología, cuando la comida se pasa la pantalla

Imprimiremos nuestros platos de comida a través de una receta digital y también fabricaremos y comeremos carne que no es carne.

Recuerdo la primera vez que toqué una pantalla táctil y la sensación futurista que tuve al ver que deslizando mi dedo por esa superficie de cristal se movía, respondía, funcionaba. Como si fuera magia. Como si tuviera un trozo del futuro en mis manos. Aquí, una líneas más abajo, vas a sentir el mismo vértigo mientras saboreas el menú que he elaborado dónde el pasado, el presente y el futuro inmediato de la gastronomía hace muy buenas migas con la tecnología.

Abriremos boca con una de las propuestas más sonadas alrededor de la mesa y que consiguió con éxito, durante dos años, sacudir la percepción del comensal. Se trata de ’Sublimotion’, del chef Paco Roncero. Se lanzó a utilizar la realidad virtual como uno de los ingredientes clave del proyecto. Este restaurante, ubicado en Ibiza, se colocó como el más caro del mundo (1.650€ por barba) y también el más tecnológico. Algunos dicen que valía la pena pagar semejante cantidad de pasta para disfrutar durante unas tres horas de una experiencia digna de otro planeta donde, entre otras cosas, los platos jugaban con la realidad aumentada y viajabas a infinidad de lugares sin separa los codos del mantel.

De primero, comida de impresión. Decían que la tendencia era imparable pero no se ha acabado de instaurar de manera llamativa. ByFlow, la empresa holandesa, fue una de las pioneras en impresión de alimentos en 3D. Crearon un restaurante itinerante: FoodInk, con impresoras 3D portátiles en el que imprimen el menú degustación. Pasó por Londres, Dubai, Roma, París, Ámsterdam e incluso estuvo en Barcelona. Una gira mundial con punto final en un proyecto fijo, un restaurante fijo de la mano del chef Jan Smink donde ofrecer comida de impresión. También existen otras empresas que han preparado a sus chef-máquinas para imprimir con suma precisión obras de arte en chocolate, pasta fresca (como la reconocida Barilla) e incluso comida sana. Ésta última se trata de Foodini, una impresora que imprime recetas y que ha sido creada en Barcelona. Tiene aspecto de microondas del futuro con una caja inferior en la que podemos ver nacer nuestras pequeñas obras de arte comestibles. Donatos Pizza, ya ha aplicado este revolución en sus procesos para crear pizzas perfectas gracias a la impresión 3D.

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De segundo, Impossible Whopper. La hamburguesa del gigante Burger King ‘cocinada’ por el gigantísimo Bill Gates. El emblema de la cadena de cómida rápida tiene una nueva versión, se trata de una hamburguesa que sabe a carne pero no lleva carne y que ha sido creada en el laboratorio Impossible Foods. Esta y otras empresas ya tienen en el mercado ‘carne’ in vitro y que la etiquetan como la carne más sostenible del planeta. También existe el pollo que no es pollo: Foods for Tomorrow es una start-up española cuyo fundador proviene del activismo social, medioambiental y por los derechos de los animales y que fijando su objetivo en los problemas actuales del sistema alimentario decidió crear una linea de alimentos sostenibles, nutritivos y parece que también deliciosos. Tienen productos de pollo que no es pollo y ya están presentes

en más de una docena de restaurantes de Madrid y Barcelona. Parece que no sólo éstos van a ser los alimentos que se cultiven en un laboratorio, sino que el mercado de abastos del futuro va a provenir de las probetas, con alimentos creados con las necesidades específicas de cada tipo de individuo.

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De postre, un asistente nutricional personalizado y de bolsillo made in Mallorca. Meyo es una app para dispositivos móviles creada por Alimentomica que tiene la misión de facilitar a los usuarios el seguimiento de las recomendaciones de alimentación y estilo de vida saludable. Es un asistente personal avanzado que, utilizando las tecnologías actuales, ofrece consejos y recetas totalmente individualizadas aplicando estrategias de aprendizaje automático. La personalización se realiza a partir de un perfil con información básica y general del usuario, y con un test nutrigenético a través de una muestra de saliva que analizará más de 100 de sus variantes genéticas pudiendo detectar cuales son los alimentos que mejor encajan en nuestro menú diario.