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Sublimotion, regreso al futuro culinario

Roncero se rodea de sus colegas en la cuarta edición de Sublimotion, que se inaugura el 1 de junio.

  • De izda. a dcha., Toño Pérez, Paco Torreblanca, Paco Roncero y Diego Guerrero participan en la nueva edición del «performance gastronómico
    De izda. a dcha., Toño Pérez, Paco Torreblanca, Paco Roncero y Diego Guerrero participan en la nueva edición del «performance gastronómico

Tiempo de lectura 4 min.

11 de mayo de 2017. 23:23h

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Tatiana Ferrandis 11/5/2017

Inmerso en un espectáculo del Teatro Real, en pleno vuelo hacia Tailandia , como protagonista de «La Quimera del Oro», de Charles Chaplin, en un cabaret de Le Moulin Rouge, en plena selva o en el infierno. Este es el escenario en el que se encuentrará quien reserve en Sublimotion. Les explico. No hablamos de un restaurante, no. Es el primer performance gastronómico. Alcanza su cuarta edición, que comienza el 1 de junio, y se lleva al comensal a un viaje gastro sin precedentes: «Se trata de un espectáculo creado para emocionar los cinco sentidos», dice Paco Roncero. Situado en el Hard Rock Hotel de Ibiza, el precio del menú es de 1500 euros más IVA y consta de entre doce y catorce elaboraciones, lo que lo convierte, desde el día de su inauguración, en el más caro del globo. Tiene su por qué. Para hacer posible la vivencia, el cocinero emplea la más avanzada tecnología y se apoya en varios profesionales de distintas disciplinas. Cuenta esta vez con algunos de sus colegas: Diego Guerrero, Toño Pérez, Dani García y el repostero Paco Torreblanca. Entre todos, abrazan ocho estrellas Michelin: «El objetivo de reunir semejante talento es ofrecer algo diferente al exigente cliente. También, compartir la experiencia. Esta es otra consecuencia más del hecho de que la cocina española haya evolucionado de manera tan positiva, el querer compartir nuestro trabajo. Al unir la fuerza creativa es más fácil investigar y crear en un nuevo arte escénico en el que no sólo se alimenta el cuerpo, sino también el espíritu».

Abre el apetito del comensal una canción de David Bisbal con música de Alfonso González Aguilar, mientras que Jorge Blass aporta dosis de magia a la escenografía. Porque, cuidado la mesa se puede convertir en un escenario.

Cápsula tecnológica

Diego Guerrero, por su parte, versiona la archi famosa escena de «La Quimera del Oro», en la que Chaplin devora su propia bota: «Hacemos un juego con la suela del zapato. No tendrán que saborear éste, pero sí lo que hay dentro», explica sin profundizar para sostener la sorpresa. La sugerencia de Dani García transcurre en el mar y es José Piñero quien modela la vajilla que acogerán sus preparaciones desde su taller de Alcoi. Diseña piezas también para Albert Adrià, Dacosta y Dabiz Muñoz en maderas, metales, metacrilatos, resinas y fibra de vidrio.

En cuanto a la aportación de Toño Pérez, insiste en que «Paco nos permite sentir la gastronomía de otra manera. Acercaremos nuestro territorio a clientes para quienes, a lo mejor, Extremadura puede ser una gran desconocida». El pimentón, el fuego y la matanza no faltarán en unos platos tan singulares que harán bajar al infierno a los doce comensales de la mesa tecnológica. Paco Torreblanca, por su parte, culmina la propuesta, servida por unos camareros vestidos por Roberto Diz, con una preparación que ha creado junto a Juan Carlos Paz (Bakea). La repostería se alía con la ilustración, la escultura y la fotografía para diseñar una obra comestible, un delicioso «sweet monster», que en boca es una explosión de sensaciones y, además, está vivo gracias a la tecnología. «Sabíamos que no podíamos ofrecer cosas ya hechas. Los clientes han de abandonar el espacio sorprendidos de no haber tenido antes una referencia igual. Como decía Picasso, lo que está hecho no vale la pena hacerlo, hay que hacer lo diferente», señala.

Sublimotion es una cápsula tecnológica de 350 metros cuadrados, mientras que la sala principal está concebida como un lienzo en blanco en el que no hay límite alguno para la creatividad, de ahí que no desee centrarse en una temática. Cuenta con un sofisticado montaje audiovisual, que transporta al comensal en el espacio y en el tiempo durante dos horas y media gracias a unas gafas de realidad virtual: «No puede durar más. Es el tiempo justo para que luego se vaya de copas. No podemos olvidar que nos encontramos en Ibiza. Busca comer bien, pero sobre todo, divertirse», anuncia el artífice de una nave a la que acude un mayor porcentaje de paladares nacionales que foráneos.

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