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Vinos de parcela: La niña de Cuenca

En una pequeña localidad conquense llamada Ledaña dos hermanos, Lorenzo y Valentín López Orozco, crean en 2016 una bodega a partir del viñedo viejo de la familia. Un ejercicio de estilo, una declaración de intenciones, una bandera plantada en la zona de Manchuela. Si hay un calificativo de vino de parcela se puede ajustar radicalmente a estos ejemplares agrupados bajo la provocadora nomenclatura de «La niña de Cuenca». Para el caso del tinto, la uva bobal tratada con mimo y ecología. El colofón de una seducción al límite es la tinaja de barro de 500 ml donde descansa este Rubato de 2017 durante diez meses. Nada mejor que describir un vino que por las palabras poéticas de su creador: «Un vino tinto embrujado por un misticismo de sabores que reman por los ríos del alma, dejando escapar, después de cada sorbo, suspiros de felicidad». En realidad, por encima de todo está un tinto gustoso, goloso, fresco y que envuelve toda la boca. Se despliegan sus aromas de menos a más como aquello que nos inunda de felicidad el corazón. En la Manchuela son pocos los bodegueros, producciones ajustadas y, sobre todo, con un culto decisivo a la uva bobal. La niña de Cuenca numera cada una de sus visiones enológicas embotelladas. Son un mensaje de esperanza para la gente que ama el campo. Un tinto de armonía, pureza y tipicidad. O cuando el respeto a la viticultura vieja es el argumento del futuro.

Bodegas: La Niña de Cuenca. Nombre: Rubatos 2017. D.O: Manchuela. Precio: 17,95 euros. Web: www.laninadecuenca.com