Alois y Sofía: un enlace extraordinario

Se conocieron siete años antes de casarse y han seguido la tradición al ser un matrimonio entre miembros pertenecientes a dos grandes familias de Europa.

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08 de diciembre de 2018. 03:25h

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Amadeo-Martín Rey y Cabieses.  8/12/2018

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De entre todos los enlaces entre herederos de monarcas reinantes hoy en Europa, el único que contrajo matrimonio como se hacía hasta la primera mitad del siglo XX, es decir, con otra persona perteneciente al Almanaque de Gotha, esa «biblia» de la realeza donde elegían consorte los soberanos, fue el príncipe regente Alois de Liechtenstein, que se casó con la duquesa Sofía en Baviera. Y eso a pesar de que la Casa de Liechtenstein no define cuál debe ser el rango de los consortes de sus miembros y en la de Baviera sólo rigen tales reglas para los varones. Los demás matrimonios de herederos de monarcas reinantes europeos han sido del tipo «morganático» o «desigual», aunque legítimos y cumplidores de las normas vigentes en las naciones y casas reales respectivas. La madre, abuela, bisabuela, tatarabuela y cuarta abuela de Alois pertenecieron a la realeza o a la nobleza titulada: una condesa Kinsky von Wchinitz und Tettau, una condesa von Wilczek, una archiduquesa de Austria, una princesa von und zu Liechtenstein y una condesa Potocka.

Un anillo de zafiro

Alois contrajo matrimonio ya hace 25 años, el 3 de julio de 1993, con la duquesa Sofía en Baviera, por lo que han cumplido ya sus bodas de plata. La Casa de Baviera tiene dos ramas principales, la de los Reyes y Duques de Baviera y la de los Duques «en» Baviera. Luis Guillermo, hermano del último Duque «en» Baviera, adoptó en 1965 a su sobrino nieto el príncipe Maximiliano Manuel de Baviera, hijo de Alberto, Duque de Baviera y Jefe de la Casa Real Bávara, que se convirtió en Duque «en» Baviera. Su hija Sofía es la esposa de Alois de Liechtenstein. Ella es ahijada de su tía la duquesa de Marlborough y de la archiduquesa Gabriela de Austria y es tataranieta de Luis III, rey de Baviera. Los príncipes reinantes de Liechtenstein son extremadamente ricos –con una de las mejores colecciones de arte del mundo– y su poder formal es mayor que el del resto de monarquías parlamentarias y constitucionales europeas, con derecho a veto –incluso en el caso de referéndum– y a elegir jueces. Sofía y Alois se conocieron 7 años antes de casarse, en el cumpleaños de un amigo. Cuando se comprometieron, ella vivía en el sur de Baviera y Alois en Salzburgo, en cuya universidad estudiaba. Un anillo con un zafiro y dos diamantes fue el presente de compromiso. Al día siguiente del anuncio oficial, Sofía y Luis asistieron a la fiesta de Año Nuevo en el castillo de Vaduz. Las celebraciones comenzaron en el de Nymphenburg, cerca de Múnich, donde está la famosa galería de bellezas femeninas del rey Luis I de Baviera. Ella portaba la tiara floral de diamantes de la Casa Real bávara y su madre, la duquesa Isabel, otra de diamantes y perlas. La princesa María, madre de Alois, llevaba una tiara Kinsky. En Baviera, la antigua familia reinante goza de una especial consideración. Se les recuerda como artífices de la grandeza de ese reino. Quizá por eso asistió a la boda el entonces primer ministro bávaro Edmund Stoiber. Entre los 500 invitados había miembros de las familias reales de España, Bélgica, Países Bajos o Mónaco, así como de la nobleza europea, pero también del mundo económico, político, científico y cultural. Hoy en día Sofía y Alois han demostrado que pertenecer a dos familias soberanas tan antiguas no solo no está reñido con la modernidad sino que se encuentra en la base de su serio compromiso con el futuro de su país.

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