Andrés Velencoso: «Con Kylie Minogue nunca me sentí un hombre objeto»

Andrés Velencoso juega, desde su 1,90 metros, en el «dream team» de la moda. Fue camarero antes que modelo. A sus 34 años se está aficionando a la ópera y se le ponen los pelos de punta escuchando a María Callas y a Pavarotti. Ha sido fichado como embajador nacional de Nespresso, un cargo muy merecido porque reconoce: «Soy cafetero y que me comparen con un genio como George Clooney es un privilegio». En esa austeridad, de tener poco pero bueno, sólo disfruta de una cafetera de la marca que ahora promociona y de pocas manías: confiesa que, aunque sólo tenga 34 años –muy bien llevados– ya siente el peso de vivir con una agenda laboral estresante: «No he dormido muy bien hoy, extrañaba mi cama. Qué cosas... me hago mayor, antes caía a plomo y ahora extraño mi colchón y tengo calores, me estoy haciendo mayor».

–¿Cómo es su cama?

–Enorme, de dos por dos. Me gusta sentirme a mis anchas y esta noche he tenido que juntar dos, así que las notaba y no podía moverme a gusto.

–¿Qué es imprescindible en su maleta?

–No tengo muchas manías. No soy de estos que viaja con muchas cosas, pero sí me he dado cuenta de que una buena almohada me hace descansar mejor y también, que me estoy volviendo muy controlador con los tiempos. Cuando voy con mis hermanos les meto mucha prisa. Soy muy puntual y siempre voy con el petardo puesto: tiendo a mover las cosas a mi ritmo.

–¿Echa de menos pasar una temporada en la Costa Brava poniendo cervezas en el bar familiar?

–No echo nada de menos de esa época porque la vida de hostelero de temporada es muy dura y siempre tuve claro que si podía evitar esa vida, la evitaría. He puesto unas cuantas cañas y he preparado toneladas de sangrías. Mi madre me hacía preparar tarta de fresas, fresas con nata, poner cafés... y lo que bordaba era el «irish coffee».

–No me diga que también es un «MasterChef»...

–No, no. Mi padre es el que cocina bien. Yo hago lo justo para sobrevivir.

–Estamos en Palma, pero no le vi en la recepción de los nuevos Reyes... ¿no le invitaron?

–No fui y desde aquí digo que me habría gustado haber sido invitado. ¿Quién hace estas listas? Me habría gustado ir porque son interesantes y graciosas. Por ejemplo, fui invitado a una recepción con el príncipe Carlos en Buckingham y me encantó.

–¿Ha ido a una recepción a Buckhingham y al Palacio Real no? ¡Cómo puede ser eso!

–¡Pues no lo entiendo! En esa recepción era muy curioso el protocolo. Él tenía que hablarte primero, nadie se sienta hasta que lo hace él, primero conversa con el de la derecha y luego, con el de la izquierda, dice unas palabras, a tal hora se retira y entonces se acaba todo.

–¿Qué opina de los nuevos Reyes?

–A mí ellos me gustan, pero lo de sentirte representado por gente es ya un tema complicado.

–¿Está reorientando su vida hacia el cine porque la vida de modelo se acaba?

–Ahora intento priorizar el mundo del cine y el de la televisión sobre la moda, aunque esta última sigue siendo lo principal. Ahora estoy rodando hasta septiembre, entre Madrid y Barcelona, la segunda temporada de «B&B», con Rovira y Belén Rueda.

–¿Quiere ser un galán de cine?

–No es necesario. Lo que quiero son buenos proyectos. No hay que raparse el pelo y ponerse feo para que te tomen en serio.

–¿Alguna vez ha añorado ser feo?

–No, nunca lo he deseado. Cuando empecé a trabajar en la moda llegaba de la universidad, donde estudiaba Turismo y todo el mundo me adulaba. Cuando se lo comentaba a mis compañeros de piso alucinaban y yo también, porque me sorprendían esos halagos.

–¿Ha sentido la discriminación masculina del mundo de la moda?

–Cuando empiezas ya sabes que los cachés son diferentes y lo aceptas. El mundo de la moda está dirigido hacia la mujer y ellas cobran más que nosotros. Es el único trabajo donde la mujer cobra más. Me podría quejar, pero me han ido también las cosas que no puedo decir nada.

–¿Cuando salía con Kylie Minogue se sentía hombre objeto?

–No, nunca me he sentido así. Nuestra relación fue muy natural, a ella le tengo mucho cariño. No soy tímido, pero no me gusta hablar de alguien con quien he estado.

–¿Cómo es su agenda?

–Complicada, pero no es tan organizada como la de un cantante de ópera.

–¿Qué tal lleva vivir a salto de mata?

–Es un rollo porque no puedes planear vacaciones y escapadas con los amigos; me he perdido mil juergas y viajes fascinantes. Por ejemplo, cancelé dos veces un viaje al Mar Rojo para hacer submarinismo y una de ellas lo tenía pagado.

–¿Qué se ha perdido por la vida que lleva?

–Pasar más tiempo con la gente que quieres y te importa de verdad. Con mi padre y mis hermanas; cuando me fui de casa con 22 años, mi hermanita era muy pequeña y me lo he perdido.

–¿Es activo en las redes sociales?

–Sí, lo intento. También la gente se mete conmigo, pero los borro o los bloqueo. Tu puedes comunicar pero también te comunican. Hace un par de años yo criticaba las redes sociales y ahora soy un gran seguidor porque me informan de todo lo que ocurre instantáneamente.

–Dígame un titular.

–Soy de la Costa Brava y me mareo en los barcos de vela. Las lanchas las aguanto, pero los veleros...