Doña Ana Martín, la matriarca de hierro del clan Pantoja

La hoy enferma madre de la tonadillera fue el verdadero cerebro de la familia y, tras la muerte de «La chumina», es la nueva cabeza del clan Pantoja, aunque la esposa de Chiquetete se niega a reconocerla como tal.

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18 de febrero de 2018. 15:18h

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17/2/2018

La muerte de Manuela Pantoja, «La chumina», deja vacante el matriarcado de la familia, y es Ana Martín de Pantoja, esposa del fallecido Juan Pantoja y madre de la mediática Isabel, del misterioso Agustín, del guitarrista Juan y de Bernardo, la mayor de la familia. Si el clan, que no es tan clan por sus disensiones internas, estuviera unido, el relevo le correspondería a esta mujer octogenaria, eterna figura en la sombra, carabina en tiempos de la tonadillera, cuando Isabel rebosaba juventud y la asediaban los «moscones», un sargento de hierro en las decisiones familiares y arte y parte en todo lo concerniente a los suyos.

Pero buena parte de los Pantoja no quiere saber nada de ella, la primera, su nieta, Chabelita, con la que no se habla, ni tampoco tiene contacto con su sobrino Chiquetete, los hijos de éste y la pareja del cantante, Carmen Gahona, que nos confiesa que «no la quiero ver ni en pintura». En un significativo whatsapp, Carmen lanza un mensaje rotundo: «La madre de Isabel Pantoja no le toca nada a mi suegra. Es portuguesa, no gitana. Doña Manuela sí que era Pantoja auténtica, y no esa señora. Yo no la reconozco como nueva matriarca de toda la familia. Con doña Manuela se acaba el clan Pantoja, porque todos están mezclados con gachás y con gachós [en romaní, persona no gitana], ella era la única pura. A Anita se la conoce con el apodo de “la de los melones”, por mucho que no le guste recordarlo a Isabel. Y a mi suegra la apodó cariñosamente su padre “la chumina”, por lo limpia que era».

La distancia se notó cuando ni doña Ana ni su hija acudieron al tanatorio a dar el pésame a Chiquetete, el hijo de Manuela. Tan solo fue Bernardo, buen amigo de su primo. También brillaron por su ausencia Agustín, Chabelita y Kiko Rivera. Una persona vinculada a Chiquetete asegura que «no se les esperaba, ni se les quiere ni se les necesita. Ellos utilizan la prepotencia en sus vidas y menosprecian al resto de la familia. El único que se salva es Bernardo, que es muy buena persona».

Respetada y temida

Doña Ana, que cumplirá 87 años en mayo, es hija de «El lechuga», un verdulero muy querido por su entorno. Se casó con Juan Pantoja el 30 de noviembre de 1952, y se quedó viuda en 1974. Ejerció de padre y madre de sus cuatro hijo desde entonces y los sacó adelante con mano férrea. Cuando Isabel comenzó a despuntar como artista, la acompañó a todas partes, era madre protectora y de gran fortaleza, respetada por todos y temida por los pretendientes de la tonadillera. Hasta que su salud comenzó a resentirse por la edad, era fácil verla en los camerinos de su hija, planchándole los vestidos y ocupándose de que todo estuviera en orden. Mandaba más que su representante, María. Antonio, que trabajó como músico durante un tiempo con Isabel, recuerda que «su madre mantenía cerrado el camerino para las personas que no le interesaban, era un filtro perfecto, nadie se escapaba de sus ojos, y allí no entraba quien ella prohibía. Isabel le obedecía en todo, nunca le daba un no por respuesta. La venera y todo lo que doña Ana dice es palabra de ley para ella».

Poca gente recuerda que la matriarca fue también artista, bailaba en las compañías de Juanita Reina y Pepe Pinto, y se le daba bastante bien. Pero el casamiento y la maternidad la alejaron de los escenarios. Y el mismo brío que tenía en la pista lo utilizó en su vida familiar. Para Isabel es, y ha sido, madre, amiga, confidente, planchadora, consejera, paño de lágrimas, carabina. Durante muchos años, Pantoja no daba un paso sin el consentimiento de su progenitora. A estas alturas, el quehacer diario de la matriarca es muy simple y no suele salir de Cantora. Pero dicen que en su época fue el verdadero cerebro de la familia y que de no haber perdido facultades Isabel no habría cometido los errores que le llevaron a prisión. Doña Ana recuerda ese tiempo como la peor etapa de su vida.

Una abuela adorable

Curiosamente, doña Ana tiene mucha mejor relación con Anabel, hija de Bernardo y tertuliana de «Sálvame», que con el resto de sus nietos, porque ella va mucho a Cantora, al contrario que los hijos de Isabel. De hecho, se dice que la abuela podría estar sopesando mandar a Chabelita por las recientes declaraciones de ésta en contra de su familia. En cambio, su nieto favorito es Kiko, que bautizó a su hija con su nombre, un gesto que doña Ana agradeció. Y es que la mujer autoritaria es también una abuela entrañable que adora a la familia.

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