El bisnieto de Picasso que pincha en Ibiza

Florian Ruiz-Picasso aspira a convertirse en uno de los mejores DJs. Mientras su madre, Marina, lleva con tedio el apellido, el joven lo utiliza con orgullo y «responsabilidad»

  • Florian Ruiz-Picasso ya figura en los carteles de templos de la música electrónica como Pachá y Amnesia
    Florian Ruiz-Picasso ya figura en los carteles de templos de la música electrónica como Pachá y Amnesia

Tiempo de lectura 4 min.

07 de agosto de 2015. 22:27h

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7/8/2015

Florian Ruiz Picasso meditó el asunto. El nombre artístico de un aspirante a estrella no es baladí y más cuando uno tiene la oportunidad de mantener un apellido al que se relaciona con genialidad y arte, y que, patentado hasta 2023 para que sólo los descendientes puedan utilizarlo, mueve millones. El sempiterno dilema de los «hijos de», «nietos de» y, en esta ocasión, «bisnietos de» que quieren brillar con luz propia. Florian, hijo de Marina Picasso, habla de responsabilidad a la hora de argumentar por qué ha optado por mantenerlo. Porque su objetivo es convertirse en el mejor DJ del mundo, aunque, muy modesto, entiende que el recorrido hasta conseguirlo implica mucho trabajo y «soñar a lo grande». Como decía su bisabuelo: «La acción es la clave fundamental de cualquier éxito», y Florian se mueve y tiene ya buenas relaciones con los «top» de la música dance, electro y trance. Sus últimas sesiones: en el Cafe Mambo Ibiza y en Pachá, uno de los templos de este género.

Quizá la decisión del nombre artístico escogido haya podido generar alguna tensión en casa, pues su madre, Marina, reniega de la herencia emocional que les dejó su abuelo. En su libro «Picasso, mi abuelo», la nieta del pintor malagueño dibuja un retrato del artista en el que se muestra una perspectiva sociópata e, incluso, sádica del genio. Relata la presión e incomprensión que tuvo que sufrir su padre, Paulo, que arrastró durante años problemas con el alcohol, y su hermano, Pablo, que acabó por tragarse una botella de lejía el día después de la muerte de Picasso, tras una vida marcada por las drogas y las carencias afectivas. Tres meses agonizó en el hospital hasta morir y, a su lado, la madre de Floriano, que para poder pasar página se sometió a años de psicoanálisis y que, finalmente, encontró alivio en las labores filantrópicas en Vietnam a través de su propia ONG, donde adoptó a Floriano y a sus dos hermanos, Mai y Dimiti.

De ahí que cuando Marina contempla el legado de su abuelo, lo vea a través de los ojos de una joven que sufrió el lado más oscuro del genio. No así Florian, que dice sentirse ajeno a todas estas tragedias familiares y, aunque sabe que el apellido pesa, quiere «escribir su propio legado, un reto», describe el DJ, quien, a pesar de disponer en casa de unos 400 óleos y unos 7.000 bocetos y dibujos, no dudó en visitar en diciembre del año pasado el nuevo museo dedicado a su bisabuelo en París: «Sin palabras», aseveró en su cuenta de Twitter.

Criado en la mansión que la heredera tiene en Suiza, Florian vive hoy un momento. Reparte su tiempo entre el estudio de grabación en Cannes y las sesiones tras la mesa de mezclas en distintas salas del planeta: Ámsterdam, Las Vegas, Francia, Miami, España, California y un largo etcétera, cuñas que va acumulando en su curriculum y que espera, sirvan para reservarle un hueco entre los cien mejores disc jockeys de la lista que elabora cada año la revista DJ Magazine. Para ello hace campaña en sus redes sociales, desde dondepromociona con orgullo su último tema «Origami», pieza apadrinada por Nicky Romero y que ha recibido una buena acogida por parte de los seguidores del «house progresivo», una vertiente menos comercial que la música house y que busca experimentar con sus límites, con la creatividad, buscando refugio en melodías reggaes, soul, jazz, funk, pero sin perder la energía y el pulso de la electrónica... huele a la filosofía de Picasso.

Para viajar, últimamente se acomoda en el jet privado de su compañero de platillos Steve Aoki y también hace migas con las leyendas del género, como Benny Benassi. El tiempo que no dedica a la música lo dedica a entrenarse en la disciplina del «jiu-jitsu» brasileño y, hasta hace unos meses, a su novia, la bella Stephanie Blazetic. La duda está en si los jóvenes mantienen la relación o han decidido tomar caminos separados, pues su actitud en las redes sociales ha cambiado: de sacarse fotos acaramelados acompañadas de declaraciones de amor eterno a limitar sus publicaciones a fiestas, amigos y gatos, todo hace presagiar un distanciamiento. De cualquier manera y como reza sus tema «Keep Your Eyes On Me», conviene no perder de vista a esta joven promesa de la mesa de mezclas. Picasso o no.

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