Historia

Manila

El «topless» caribeño de Mariló Montero

El «topless» caribeño de Mariló Montero
El «topless» caribeño de Mariló Monterolarazon

Su destape será un apetitoso aliciente en las mañanas de la primera, las tertulias son apetecibles con grandes especialistas en el corazón. Pero le puede Ana Rosa, que domina de manera insuperable. Nuevo bombazo de Mariló Montero, esta vez caribeño y en las soleadas, aunque a veces sombrías, islas Barbados. La pillaron haciendo «topless». Toda su enormidad física, que no es grandeza sino exceso cárnico. Parece que no verán la luz, ni siquiera como portada de «Interviú», revista que no se corta con nadie desde que Marisol les hizo vender un millón de ejemplares gracias a la exquisitez fotográfica de César Lucas. Éste último y José María Castellví compartían compañero del alma además de amigo, Julio Iglesias.

Fui su confidente ante las celosas perrerías de Carlos Iglesias, que motivó su ruptura como fotógrafo oficial del entonces imparable Julito. Recuerdo que, tras debutar en el parisiense Palais des Sports, una madrugada caminamos hasta Tullerías; no buscábamos aventuras sino que pudiera desahogar toda su rabia contenida. Explotó contra «el hermanísimo», que tampoco aguantaba la bonhomía de Alfredo Fraile, además de saber lo que se traía entre manos. Carlos fue un adosado incómodo porque el cantante evitaba enfrentarse a sus arbitrariedades que lo hicieron millonario. Carlos manejó mejor los negocios que el bisturí. También iba de donjuán, casado como estaba, pero es que se le ponían en bandeja y una chilena llamada S.E. tuvo que dejar una gira surafricana que acompañé –donde Vaitiaré hizo su debút como pareja del cantante para el Casino de Botswana–. Buena era ella desoyendo a Vivian Ventura. Ay, si ella contara, reveladr o diera a conocer las adulteradas verdades de Julio . Los aireados mil supuestos romances se empequeñecerían como Lilliput. Tengo pruebas, como del maltrato anímico a Castellví, un genio en eso de retratar al famoseo de la época. Éramos fraternales y eso enervaba al hermanísimo.

Pero voy con la ex de Carlos Herrera. El locutor mataronense paseó con su hija mayor y de Mariló la última Semana Santa que tuvo una «madrugá» alterada en su sempiterna piedad. Jaleo que descolocó lo tradicional, y ese admirable recogimiento quedó trastocado. Exigen responsabilidades pero ante las elecciones no están para nada. Resultó afrentador para jornadas tan recogidas; nada les digo si Podemos cumple sus amenazas de que si salen elegidos proyectan eliminar tales exteriorizaciones de religiosidad ancestral. Arderá Sevilla.

Lo mismo hizo con sus carnes morenas Mariló, cada vez más inefable en sus comentarios a la que pillaron bajo el sol caribeño, generará nuevos entusiasmos parejos a sus disparates verbales como el último –penúltimo, no minimicemos– de atribuir al limón propiedades curativas del cáncer. Ella lo achacó a desconocimiento médico arengando vindicativa al recibir el premio Pata negra en el café de Chinitas donde Blanca del Rey –la última grande con bata de cola– imparte magisterio de cómo mover el mantón de Manila. Debería ser una asignatura en la Escuela de Arte Dramático. Nati Mistral tiene una colección de casi ochenta mantones, muchos comprados en sus giras de México y Argentina.

Mariló otra vez en la palestra. Va de boca en boca porque se espera el mejor físico de tan real –irreal– hembra. Me dicen que ante el descuido pectoral jura en arameo.

Pero entiendo tal destape. Les prevengo del día en que recuperen fotos mías completamente «a poil», cuando más joven iba a la playa Tropézienne y, como todos, me despelotaba en el Aqua Club que remataba la lista de locales, y en el llamado 55 se dejaba ver Von Karajan y su fina estampa. Allí sobraba su batuta.