Refugios espirituales: Emaús, el retiro de moda entre la alta sociedad en Madrid

En Madrid causa furor entre la alta sociedad. No saber qué es lo que vas a encontrar allí es básico para vivir con plenitud la experiencia. Sus «servidores» son reacios a contar detalles, no por morbo sino porque es «indescriptible».

  • La casa de los Oblatos
    La casa de los Oblatos

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12 de noviembre de 2017. 16:02h

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11/11/2017

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Muchas de las personas que hablaron con este diario sobre los retiros de Emaús coinciden en dos puntos: la experiencia les cambió la vida y el misterio es una parte esencial de ello. «Esto es como Las Vegas... lo que pasa en Emaús, se queda en Emaús», afirma una mujer sobre el retiro espiritual que se ha puesto de moda en Madrid y del que nadie quiere hablar en profundidad. Aunque hace ya un par de años que causa furor entre la alta sociedad madrileña, Isabel Sartorius fue quien lo llevó de las parroquias a los medios. La ex novia del Rey Felipe, más delgada y más guapa que nunca, se encuentra en un momento personal muy positivo, y habría un vínculo entre su bienestar físico y emocional y estos retiros espirituales que «marcan un antes y un después» en la vida de quienes asisten.

Con el corazón abierto

La propia Sartorius escribió en su blog sobre Emaús: «Hice un retiro espiritual maravilloso donde Dios me tocó, de una manera especial, el corazón. Hacía mucho tiempo que no lograba sentir así la alegría inigualable de vivir con el corazón abierto de par en par». El padre Enrique González, el primero en ponerlos en marcha en Madrid, explica que se trata de «una nueva forma de evangelización» que comenzó en 1978 en Pinecrest, Miami, y que él aceptó instaurar en 2010 en su parroquia, entonces la de San Germán, después de que otras rechazasen la idea. «No entiendo cómo me convencieron. No fue un argumento humano», afirma González. Desde Florida, Emaús se ha extendido por toda Latinoamérica y algunas ciudades de España (Barcelona, Solsona, Bilbao, Jerez y Palma de Mallorca). En Madrid, las parroquias que los ofrecen son San Germán, Santa María de Caná, en Pozuelo, Nuestra Señora de La Moraleja, San Juan Crisóstomo, Nuestra Señora de Madrid y San Agustín.

No saber qué vas a encontrar en el retiro es esencial para la experiencia, por lo que todos los entrevistados se muestran reacios a contar detalles. Sin embargo, comparten que el camino de Emaús dura un fin de semana, de viernes a domingo, y que se organizan entre cuatro y seis veces al año. Los hay de mujeres y de hombres y en Madrid se suelen llevar a cabo en la casa de ejercicios Cristo Rey y en la de los Oblatos, ambas ubicadas en Pozuelo. Aunque es una experiencia privada, el domingo por la tarde hay una misa abierta en la que algunos caminantes comparten su testimonio. El retiro está basado en un pasaje del Evangelio de San Lucas, en el que dos discípulos que van a pie hacia el pueblo de Emaús se encuentran con Jesús, después de su resurrección, pero no le reconocen. Al llegar a su destino, le invitan a cenar con ellos y cuando Jesús parte el pan se dan cuenta de quién es. La idea es que al final del retiro los caminantes –así se llaman los asistentes– reconozcan la presencia constante de Dios en su vida. Solo se puede «caminar» una vez, pero el que quiera se puede convertir en servidor, es decir, que pasa a formar parte de quienes organizan el camino. Y es que aunque siempre se debe contar con la supervisión de un sacerdote, el retiro es dirigido por y para laicos.

Una servidora que prefiere mantenerse anónima afirma a este diario que el retiro «no es para nada elitista», una observación en la que coinciden todos los entrevistados. Sin embargo, un empresario madrileño que acudió en marzo también confirma que «es cierto que hay un predominio de gente conocida de Madrid. Pero cuando yo caminé estaban conmigo un albañil y un vecino de Usera... de todos modos, la parroquia está en Serrano, ¿quiénes creen que van a acudir?». El padre González, por su parte, asegura que «lo bonito es que haya gente de todo tipo, pero en Madrid se ha puesto de moda entre personas de cierto nivel social. Es una circunstancia no deseada». Al retiro se llega sobre todo por el boca a boca y se supone que se debe invitar a quienes más puedan beneficiarse de él, pero eso también fomenta que se extienda entre un mismo círculo social.

«Si es moda, da igual»

«Las cosas de moda son efímeras. El que lo hace por ese motivo sentirá un efecto arrebatador, pero poco duradero», asegura González. Por su parte, el empresario, que en septiembre fue servidor, comenta que «si realmente es moda, da igual. De todos modos merece la pena. Si de cien personas que asisten una se convierte, ¿qué más da lo que hagan las otras noventa y nueve?». En su caso, el retiro no supuso un cambio radical de vida porque ya era un hombre religioso, pero afirma que dos amigos a los que llevó sí vivieron una transformación: «Uno de ellos era un tío que tenía el escudo del Real Madrid en el whatsapp y ahora tiene la cruz de Emaús», comenta a modo de ejemplo.

José Ignacio Caballero, directivo de empresas afincado en Madrid, tuvo una experiencia parecida, y afirma que «Emaús me ayudó a reforzar la organización de mi vida espiritual», aunque no le cambió de manera profunda. Sin embargo, analiza por qué ese suele ser el efecto del retiro: «Se comparten experiencias realmente duras, por eso se dice que lo que pasa en Emaús se queda en Emaús. Es muy emocional, se cuentan casos de vida que le mueven el corazón a la gente». Sobre el secretismo que rodea al retiro afirma que «se ha creado un halo de misterio, desde mi punto de vista, falso. Las personas no cuentan nada porque, ¿cómo describes un atardecer o la mirada de tu hijo desde la cuna? No lo esconden por morbo, sino porque es indescriptible».

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