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Muere Enrique de Dinamarca, el hombre que siempre quiso ser rey

El marido de Margarita II, falleció a los 83 años, cinco días después de que la casa real anunciara el empeoramiento de su salud

  • Fotografía de archivo fechada el 18 de abril de 2014 que muestra a la reina Margarita (d) y al príncipe Enrique de Dinamarca.
    Fotografía de archivo fechada el 18 de abril de 2014 que muestra a la reina Margarita (d) y al príncipe Enrique de Dinamarca. / Efe
Blanca Benavent. 

Tiempo de lectura 4 min.

14 de febrero de 2018. 23:42h

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Blanca Benavent.  13/2/2018

Su Alteza Real el príncipe Enrique ha muerto en paz mientras dormía a las 23.18 horas del martes 13 de febrero en el palacio de Fredensborg. Su majestad la Reina y sus dos hijos –Federico, el heredero, y Joaquín– estaban a su lado», comunicó ayer la casa real de Dinamarca unas horas más tarde de producirse el fatal desenlace, que era de esperar en cualquier momento desde que el pasado viernes otra nota oficial anunciaba el «empeoramiento» de su estado de salud y la inmediata vuelta del príncipe heredero desde Corea, donde se encontraba con motivo de la celebración de los Juegos Olímpicos de Invierno. Enrique de Dinamarca fue ingresado hace dos semanas cuando se le diagnosticó un tumor pulmonar benigno, además de por una neumonía que sufrió durante un viaje privado a Egipto a finales de enero. Dichas dolencias, además de que padecía demencia senil, se agravaron, por lo que la casa real decidió el lunes trasladarlo del hospital a la residencia de primavera y otoño de la familia al norte de Copenhague para pasar «sus últimos días».

«La reina Margarita ha perdido a su cálido e inteligente compañero durante más de medio siglo y Dinamarca pierde a un representante único para nuestro país», señaló en un comunicado el primer ministro, Lars Løkke Rasmussen. El país ha declarado un mes de duelo, lo que supone que ni la monarca ni el resto de la familia participará en actos sociales, que llevarán ropa de luto en sus apariciones oficiales y que el personal de uniforme portará un brazalete en el antebrazo izquierdo.

Ni funeral ni mausoleo real

Eso será toda la pleitesía que el pueblo y la casa real le rendirá al príncipe consorte porque así lo quiso él. Desde su condición nunca asumida de «segundón», como él se sentía porque no le dejaron ser rey consorte, su última voluntad pública (declaraciones dichas con poco tino y justicadas por la demencia reconocida a raiz de dichas palabras: «La Reina me toma por tonto. Si quieren que me entierren a su lado tiene que nombrarme rey consorte. Punto») fue que no quería ser enterrado en la necrópolis real. Su despedida será tan poco común como lo fue él: tras ser incinerado, no recibirá un funeral de Estado y no descansará en el mausoleo real, aunque sí lo hará en tierras danesas y no francesas, de donde era originario, como llegó a amenazar.

Sin precedentes

De esta forma, a la cremación de Enrique de Dinamarca solo asistirán los familiares más cercanos y sus cenizas se esparcirán en aguas danesas y la otra mitad se depositarán en los jardines privados del Palacio Fredensborg, según ha revelado la casa real. Unas pompas fúnebres que, pese a la impopularidad del príncipe consorte, que nunca se ganó el cariño del pueblo por su inconformismo, constantes desapariciones y escaso formalismo con determinados actos oficiales, no han dejado de sorprender en Dinamarca, tildada en el diario danés «BT» de «llamativa elección sin precedentes en la historia de la familia real».

Por su origen galo, el presidente Emmanuel Macron y su mujer, Brigitte, enviaron «su más sentido pésame» por cuanto el fallecido siempre se había esforzado por «promover la larga e inalterable amistad» entre los dos países, «cuya alianza nunca se rompió».

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