Hitchcock, el depravado «voyeur»

Tippi Hedren ha desvelado en sus memorias el carácter mezquino y acosador del cineasta. La descubrió en un anuncio de televisión y la contrató con la intención de transformarla en la nueva Grace Kelly. Desde ese momento no la dejó vivir, obsesionado con hacer de ella una diosa inalcanzable. Al final del rodaje de «Los pájaros», el asedio a la actriz arreció y la filmación se convirtió en un infierno

Ingrid Bergman trabajó a sus órdenes en «Encadenados»

Tippi Hedren ha desvelado en sus memorias el carácter mezquino y acosador del cineasta. La descubrió en un anuncio de televisión y la contrató con la intención de transformarla en la nueva Grace Kelly

«Era terrible ser objeto de la obsesión de Alfred Hitchcock», ha declarado Tippi Hedren a raíz de la publicación de su autobiografía: «Tippi: A Memoir». «Hitchcock arruinó mi carrera pero no mi vida». La actriz y madre de Melanie Griffith siempre lo dijo con la boca pequeña, tal era el poder del director inglés en aquellos años de esplendor. Tampoco era una novedad que Hitchcock estuviera obsesionado con las rubias, especialmente desde que lo dejó Grace Kelly, de quien Tippi Hedren debía de ser el subrogado definitivo.

Para su transformación utilizó la misma elaboración del personaje que interpreta Kim Novak, otra rubia fría y fascinante, que fabricó ex profeso para interpretar «Vértigo» (1958). De la misma forma que en el filme el detective transformaba a Madeleine: con una meticulosidad obsesiva, hasta convertir a una vulgar morena en el sueño dorado de su represión. Decía el morboso director que le gustaba más vestir que desnudar a sus personajes. Lograr esa sofisticada elegancia de Grace Kelly, hecha de frialdad aparente e íntima fogosidad. Cinematográficamente, «Vértigo» explica de forma onírica el deseo de recuperar el ideal romántico perdido manipulando a una mujer por la que siente un deseo enfermizo, que al materializarse muestra el fraude de toda fantasía.

Las rubias hitchcockianas comenzaron a proliferar en su cine como fetiches inalcanzables desde «El enemigo de las rubias»(1927), título español de «The Lodger», cuyo protagonista es un asesino de rubias. Su primera gran obsesión fue la francesa Madeleine Carroll, a quien martirizó en «39 escalones» (1935) y en «Agente secreto» (1936), pero el punto culminante fue Grace Kelly, con quien mantuvo una idealizada amistad. La actriz confesó que se sentía atosigada cuando se dio cuenta de hasta qué punto estaba enamorado de ella. Tras rodar «Atrapa a un ladrón»(1956) lo «abandonó» para casarse con el príncipe Raniero de Mónaco. A partir de esa ausencia, la búsqueda de su idolatrada Grace Kelly se convirtió en una obsesión. Muchas actrices rubias pasaron por sus filmes pero sólo algunas sufrieron acoso. Vera Miles fue la primera con quien intentó recuperar a Kelly, pero aquella, al percatarse de su enfermiza obsesión, le pidió rescindir el contrato. Quería dirigir su vida privada y le prohibía posar en bañador y ropa interior, por considerarlo «indigno».

En cuanto a Doris Day, Kim Novak, Eva Marie Saint y Janet Leigh, transformadas en mayor o menor medida como su ideal femenino, tuvieron una excelente relación profesional. Con Doris Day mantuvo una fría cordialidad. Con Eva Marie Saint –dijo Hitchcock– «me tomé el trabajo de transformarla hasta hacerla parecer elegante y sofisticada. Actué como un hombre rico manteniendo a una mujer». Pese a la evidente transformación, la actriz declaró que nunca supo si le gustaba. Todas respondían al patrón de mujeres sofisticadas y elegantes, con un erotismo glacial. A Hitchcock le interesaba Grace Kelly porque en ella el sexo era indirecto. «El sexo no debe ostentarse –le comenta a Truffaut en El cine según Hitchcock–. Una muchacha inglesa, con su aspecto de institutriz, es capaz de montar en un taxi con usted y, ante su sorpresa, desabrocharle la bragueta».

El descubrimiento de Tippi Hedren marcó un cambio en su obsesión, que pasó de fantasía reprimida a violento deseo de satisfacerla. Algo debió de alterarse en su retorcida mente cuando la descubrió en un anuncio de televisión y la contrató por siete años con la intención de convertirla en la nueva Grace Kelly. Desde ese momento no la dejó vivir, obsesionado con hacer de esta elegante joven una diosa misteriosa e inalcanzable. Como comentó el guionista Samuel Taylor: «Estaba haciendo “Vértigo” con Tippi Hedren». Lo que hasta entonces había permanecido reprimido emergió de forma violenta al ver realizada en ella su más acabada fantasía, acechándola hasta el punto del acoso: controlaba su vida y amistades, la vigilaba y acabó maltratándola en el plató de «Los pájaros» (1963) con crueldad por no plegarse a sus deseos sexuales. «Los pájaros» fue su iniciación en la pulsión sádica de Hitchcock y «Marnie, la ladrona»(1964), la apoteosis del despliegue acosador, posiblemente como venganza al no conseguir la vuelta al cine de Grace Kelly para interpretar a Marnie. Al final del rodaje de «Los pájaros», el asedio a la actriz arreció y la filmación acabó convirtiéndose en un infierno. Cuenta Tippi que el director prohibió a Rod Taylor y al resto del equipo hablar con ella o tocarla. Y en «Marnie» estableció una suerte de aislamiento de la actriz, al instalar una puerta secreta que comunicaba su bungalow con el lujoso remolque-camerino de la actriz para visitarla sin ser visto. No sería anormal imaginarse a Hitchcock, consumado «voyeur», como a Norman Bates en «Psicosis», rodeado de pájaros disecados, vigilando a la rubia Janet Leigh por un agujero en la pared, mientras se pasea en sostén por la habitación del motel. Hitchcock reconoció a sus 60 años que había vivido castamente durante los últimos treinta y que si no hubiera conocido a su mujer, Alma Reville, hubiera sido mariquita.

En «Marnie», el director se plantea el misterio psicológico de su frigidez: ¿por qué no quiere acostarse con su marido? Hitchcock habla de un amor fetichista en la famosa entrevista con François Truffaut: «Un hombre quiere acostarse con una ladrona porque es una ladrona. Hablando crudamente, hubiera sido necesario presentar a Sean Connery sorprendiendo a la ladrona ante la caja fuerte y sintiendo deseos de arrojarse sobre ella y violarla allí mismo».

En sus memorias, escribe Hedren que solía contarle historias escabrosas. Mientras rodaba una escena entre Gary Grant y Grace Kelly en «Atrapa a un ladrón» le dijo que tuvo una erección. Otras veces aparecía por sorpresa en su camerino y le pedía que le tocara. El acoso sexual llegó a tal extremo que se abalanzó sobre ella para besarla en el asiento trasero de una limusina. «Fue un momento terrible, terrible, pero no se lo dije a nadie porque en los años 60 no existían el ‘‘acoso sexual’’ ni el ‘‘acecho’’ como términos legales. Además, ¿quién de los dos tenía más valor para el estudio, él o yo? Si hubiera existido algo similar –comenta la actriz– hoy sería una mujer muy rica».

Durante el rodaje de «Los pájaros», ante la resistencia de Tippi a su acoso sexual, se manifestó en forma de sadismo, sometiéndola a violentos ataques de los pájaros. En la famosa escena del desván, lanzó contra ella pájaros reales y no aves mecánicas como estaba previsto. «Ni el mejor preparador del mundo hubiera podido controlar los movimientos de las aves –cuenta la actriz–. Fue brutal, feo e implacable». La tortura se extendió durante cinco días, hasta que un pájaro le picó cerca del ojo: «Me senté en el suelo, incapaz de moverme, y empecé a llorar de cansancio».

Sin tapujos, Tippi Hedren escribe en sus memorias: «Alfred Hitchcock me agredió sexualmente. Durante los seis meses de rodaje de “Los pájaros” sufrí el acoso, la intimidación y la crueldad del cineasta británico. Cuanto más peleaba con él, más agresivo se volvía». En el plató se comentaba que Hitchcock se hallaba en un estado emocional alterado y que eso tenía que ver con su fijación con la actriz. Pero ¿por qué esa fijación con las rubias glaciales y sofisticadas? Hitchcock dijo que tenía que ver con su pasión por las mujeres de mundo, verdaderas damas que se transforman en prostitutas en el dormitorio. «Cuando abordas cuestiones sexuales en el cine, el suspense lo es todo. Si el sexo es demasiado llamativo, demasiado evidente, no hay suspense».

Esa concepción puritana de la sexualidad de Alfred Hitchcock hizo que proyectara en estas actrices rubias un deseo de posesión más allá de la pantalla. En realidad, además de maltratador y sádico acosador, Hitchcock tenía una enfermiza pulsión necrófila: en su delirio sexual, quería devolver a la vida a la mujer soñada, que, ante su impotencia, se volvía en su contra.

Tippi Hedren, «Esa chica»

«Esa chica», así llamaba Hitchcock a Hedren al final del rodaje de «Marnie». Nunca volvió a pronunciar su nombre. El punto de ruptura fue en febrero de 1964, cuando, cansado de los desplantes de la actriz, irrumpió en su remolque-camerino y le pidió tener una relación sexual que ella rechazó. Todo el equipo de rodaje estuvo al cabo de la calle de la indignidad cometida por Hitchcock, siempre tan contenido y distante con todos, pero aun así trataron de que Tippi fuera amable con el director. En el telefilme «The Girl» (2012), basado en la relación de Hedren con Hitchcock durante los rodajes de «Los pájaros» y «Marnie», el violento encuentro en el camerino se relata sin tapujos. Ella rechazó su proposición de que estuviera siempre sexualmente dispuesta para él. La amenazó con la rescisión del contrato y con no protagonizar el siguiente filme que preparaba. Le gritó que arruinaría su carrera de la misma forma que la había convertido en una estrella y que se vería limitada a trabajar en papeles televisivos. Las últimas semanas del rodaje fueron un infierno. «Marnie» dejó de interesarle y su desidia afectó a los resultados finales. A la Universal nunca le gustó «Marnie». Hitchcock la había dirigido en un momento de profunda crisis personal y delirio amoroso y el resultado técnico fue irregular. Tras el desengaño, Hitchcock comenzó a hablar mal de ella y a menospreciarla en público.